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Escrito por Deby Béard   

Extraído del Libro De Etiqueta (Deby Béard)

{Nuestro cuerpo también habla…hagamos que se exprese con propiedad}
Es conocido por todos que una imagen dice más que mil palabras. Por esa razón, basta con que alguien nos observe caminar, sentarnos, cómo gesticulamos al hablar, el tono de voz que utilizamos, para que les digamos cómo somos y, muy importante en cuestiones de protocolo, cómo es que deben tratarnos. Es así porque nos desplazamos por la vida, nos vemos, movemos nuestros cuerpos en diferentes espacios, nos relacionamos y con ello se establece una forma de contacto que nos hace tocarnos, saludarnos y, con cada una de esas acciones, causamos diferentes sensaciones al pasar. Algunas de esas impresiones son agradables y no se olvidan nunca; y si por un error en la actitud se convierten esas mismas acciones en un factor de rechazo, nos costará mucho tiempo y trabajo cambiar esa primera imagen.
Movimiento natural…pero bajo control.
Sentarse en un sitio tranquilo, donde haya mucho movimiento de personas es un requisito esencial para comprender la importancia del tema que nos ocupa, cientos de personas, elegantes, o por lo menos correctamente vestidas, pero casi siempre con muy poco estilo.
Por ejemplo, un buen consejo de modelo de pasarela que bien podemos repetirnos de manera cotidiana es: mantener la cabeza erguida y la mirada hacia adelante, los hombros no muy caídos. Tampoco es necesario que practiquemos la clásica escena de concurso de belleza en que una chica de largas piernas camina con un libro sobre su cabeza para mantenerlo en equilibrio en cada uno de sus movimientos. Sin embargo, si logra caminar con esa misma prestancia que le brinda caminar con la mirada al frente y el paso firme y bien plantado en todo momento, le conferirá la imagen de una persona segura de sí misma, confiada y digna de confianza, que no pasará desapercibida para nadie.
Mantener los ojos en lo que hay al frente de nosotros es sólo el principio; el resto del cuerpo va recto, sin inclinarlo y menos encorvarlo, porque eso dará impresión de timidez, de apocamiento. Los brazos no deben colgar de forma desgarbada, como si se tratara de dos bolsas colgadas de sus hombros. Sí se lee mal, de verdad, se ve mucho peor.
Al caminar los brazos se balancean con naturalidad a los lados del cuerpo, déjese llevar y muévase al unísono percibiendo el ritmo natural de su cuerpo, sin hacer grandes gesticulaciones. Un consejo que aplica especialmente para los señores, pero que también será de utilidad para las lectoras: NUNCA se debe caminar con las manos en los bolsillos, ni del traje ni del pantalón. Es un ejemplo perfecto de falta de elegancia. Si acaso, y cuando el frío lo haga indispensable, puede hacerlo con las manos dentro de los bolsillos del abrigo.
Si quiere avanzar en la dirección correcta, por favor, no vaya por la vida arrastrándose. Es imperdonable, porque una persona elegante, por muy cansada que esté, jamás arrastrará los pies. Tampoco caiga en el otro extremo de dar zancadas como si estuviera en un desfile militar, este consejo no es para dar risa; al contrario, es para adoptarlo de inmediato si no quiere que todos lo observen como una rara ave llegando a una reunión: lo correcto es caminar sin incurrir en una excesiva lentitud, como tampoco en una precipitación exagerada.
Deby Recomienda… [En una primera entrevista entre un hombre y una mujer, es ella la que decide el contacto físico. Los hombres no deben estrechar la mano de una mujer, a menos que sea ésta quien extienda su mano en primer lugar.]
Ya llegamos. Sentémonos como la gente.
Al sentarnos la postura no debe ser rígida, pero tampoco tan desgarbada que parezca que depositamos nuestro cuerpo en la silla con la delicadeza de un costal de harina. El respaldo de una silla, sí, es obvio, sirve para apoyar la espalda manteniendo la columna recta. Nunca se tire sobre la mesa, a menos que quiera que los demás piensen que acaba de correr 400 metros, cuando en realidad lo que necesita es cerrar un acuerdo.
Un error común que analizaremos por género: el cruzamiento de piernas. Los hombres deben evitar a toda costa cruzar las piernas a la altura de las rodillas, tanto como separarlas de manera excesiva. Lo correcto es mantener los dos pies apoyados con firmeza sobre el piso, de tal manera que las rodillas se doblen formando un ángulo recto entre los muslos y las pantorrillas. Una razón más para no cruzar la pierna en una reunión: la suela de los zapatos no ofrece una vista agradable, por lo que no deben exhibirse en ningún momento. Por el lado de las señoras, aunque muchas lo hagan, tampoco es acorde con el protocolo que crucen las piernas a la altura de las rodillas, cuando lo pueden hacer a la altura de los tobillos con las rodillas juntas; en esta posición se evitan los disgustos causados por alguna forma incómoda del vestido o alguna postura que pueda resultar embarazosa para la persona que se tiene enfrente.
Deby Recomienda… [Hay situaciones especialmente difíciles en las relaciones entre géneros. Una de ellas es cuando nuestro superior, hombre o mujer, muestra alguna prenda que no debería-por ejemplo, cuando ellos tienen el cierre abajo o a ellas se les ha abierto un indiscreto botón de la blusa-. ¿Debemos advertírselos o no? La respuesta es: SÍ. El costo de no decir nada será muy alto, si además la otra persona se da cuenta de que lo sabíamos y no le advertimos a tiempo. Si nos avergüenza comentarlo porque se trata de una persona del sexo opuesto, lo más adecuado es pedirle a un tercero(a) que le avise. Todos saldremos ganando; le evitamos a esa persona un momento embarazoso y sumamos puntos a nuestra imagen, por haber actuado con franqueza y solidaridad.]


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