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LA MÁSCARA DE NUESTRA SOMBRA PDF Imprimir E-mail
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Escrito por DEEPAK CHOPRA,DEBBIE FORD, MARIANNE WILLIAMSON   

Descubrir esos aspectos que hemos aprendido a reprimir es la clave para entender por qué disfrutamos de la libertad en algunas áreas de nuestra vida y nos comportamos como robots en otras. Es el miedo el que nos convence para que llevemos una de nuestras infinitas máscaras para ocultarnos y construir un personaje – un disfraz, por así decirlo- que oculta nuestro verdadero yo. Trabajamos incansablemente para crear una  fachada, para que nadie descubra nuestros oscuros pensamientos, deseos, impulsos e historia. Es la sombra de nuestro pasado lo que nos ha conducido a crear el rostro-la-mascara-que presentamos al mundo. ¿Nos dedicaremos a complacer a la gente, o intentaremos aliviarnos del mundo aislándonos, distanciándonos y estando solos? ¿Trabajaremos incansablemente para que nos consideren triunfadores, o nos contentaremos con sentarnos delante de la televisión o con pasar las horas viendo las páginas de cotilleos de internet? Nuestro personaje no se creó por accidente, sino para camuflar esas partes de nosotros que nos parecen menos deseables y para compensar lo que considerábamos nuestros defectos.

Este falso yo solo tienen una misión: ocultar todos los aspectos no deseados e inaceptables. Si nos sentimos heridos por haber sido educados por padres emocionalmente impredecibles, puede que nos esforcemos mucho para dar una imagen de calma y control. Si tuvimos algún problema de aprendizaje, puede que hayamos creado una personalidad agradable y afectuosa para que los demás no noten lo que para nosotros es una diferencia. Si nos avergüenza haber sido educados por una madre pobre que recibía ayudas sociales, puede que nos convirtamos en una trabajadora que siempre va vestida de forma impecable y que habla correctamente. La imagen pública que creamos está condicionada por esas partes de nosotros que fueron heridas, que están confusas o que siente mucho dolor. Aunque esta máscara pueda engañar a los demás e incluso a nosotros mismos durante un tiempo, al final nos tendremos que enfrentar a las heridas que pretendíamos ocultar tras ella.

Para asegurarnos de que el yo imperfecto no sea descubierto, astutamente empezamos a desarrollar cualidades opuestas a las que intentamos esconder. Nos esforzamos mucho para compensar esas partes que nos parecen inaceptables, con la esperanza de despistar a los demás o librarnos nosotros mismos de los malos sentimientos que nos provocan. Si estábamos llenos de inseguridades, puede que hayamos desarrollado un personaje arrogante y sabiondo para convencer a todos de que somos personas seguras de nosotras mismas. Si nos sentimos fracasados, puede que nos hayamos rodeado de gente que ha conseguido grandes logros, y hayamos exagerado nuestras propias hazañas para sentir que tenemos más éxito del     que en realidad hemos alcanzado. Si nos sentimos indefensos ante nuestra vida, puede que hayamos escogido una carrera o una pareja que nos permita aparentar más poder.

Nuestros personajes nos convencen de que no hay nada que desconozcamos sobre nosotros mismos, que en realidad somos la persona que vemos en  el espejo y creemos ser. Pero la cuestión es que cuando nos hemos tragado la historia de <<yo soy éste/ésta>> cerramos la puerta a otras posibilidades y nos negamos el acceso a todo lo que podemos ser. Perdemos nuestra capacidad de elegir, porque no podemos hacer nada fuera de los confines del personaje que estamos interpretando. El personaje predecible que hemos construido es quien manda ahora. No vemos las inmensas posibilidades que nos ofrece nuestra vida. Solo cuando dejamos de fingir que somos algo que no somos__ cuando ya no sintamos la necesidad de compensar nuestras debilidades o nuestros dones__, conoceremos la libertad de expresión de nuestro autentico yo y tendremos la capacidad de tomar decisiones que se basen en la vida que realmente deseamos vivir. Cuando salimos de este trance y ya no nos preocupa  ser aceptados, ni lo que piensen de nosotros los demás, ni lo que pensemos nosotros de nosotros mismos, podemos abrirnos y aprovecharnos de las oportunidades que pasan por nuestro lado y que, cuando estamos atrapados en nuestro guion o detrás de la máscara, desaprovechamos.

El ideal de nuestro ego de ser diferentes de lo que somos nos conduce al agotamiento. Nos esforzamos por ser más grandes, más fuertes, más duros y tener más confianza en nosotros mismos. Sin darnos cuenta, nos colocamos en una posición en la que podemos demostrar que somos más, mejores o diferentes que el resto, o intentamos permanecer invisibles  adaptándonos y pasando desapercibidos. Nos desperdigamos para crear el personaje exacto que creemos que nos valdrá la aprobación y reconocimiento que tanto necesitamos, o nos dará una excusa para no apostar al máximo y vivir la vida que nos gustaría. Es   entonces cuando empezamos a actuar y a comportarnos, consciente o inconscientemente, de manera que inciten pensamientos, sentimientos e impresiones en los demás que creemos que nos aportaran amor, respeto o compasión, hasta que llegue el día en que todo se viene abajo.

Amanda estaba muy avergonzada por no haberse llegado a graduar en la universidad y la mortificaba que la mayor parte de los parientes de su familia materna fueran de barrios pobres y no tuvieran carrera. Se esforzó mucho por crear un personaje que ocultara su bochorno y le hicieran quedar bien ante los que quería impresionar. Encontró un lugar en un campo especializado donde se la consideran inteligente, solidaria e indispensable, pero por más que leyera o aportara en su trabajo,  terminaba la mayor parte de sus días sintiéndose <<menos que>>. En un intento de resolver su sufrimiento, decidió volver a estudiar, con la esperanza de conseguir un título que la transformara de una persona sin estudios de un parque de caravanas en una sofisticada mujer de mundo.

Una tarde fue a su clase de psicología, que era perfecta para su personaje profesional. Se sentía orgullosa porque se había forjado la reputación de ser la chica lista de la clase. Cuando el profesor indico el trabajo de la semana, Amanda empezó a encogerse a medida que la timidez que se ocultaba en la sombra iba cobrando fuerza. Notó que se le tensaba todo el cuerpo cuando supo que el proyecto consistía en crear un árbol genealógico detallado que mostrara la procedencia y las carreras de todos los miembros de su familia. A medida que avanzaba el trabajo y comprobaba que todas sus familiares eran drogadictos, personas económicamente inestables y sin estudios, tuvo que afrontar el sufrimiento y la vergüenza de su historia familiar. Su abrumador sentimiento de inferioridad de pronto fue demasiado insoportable  como para seguir ocultándolo. A finales de semana, cuando leyó su trabajo y reviso su extenso árbol genealógico, en lugar de sentirse orgullosa, se sentía abochornada. Después de muchos años intentando ocultar su sombra, basto un trabajo escolar para que su personaje se hiciera añicos.

Al igual que Amanda, algunas personas somos conscientes desde muy jóvenes de que intentamos ser quienes no somos. En lugar  de ser nosotras mismas, quisimos ser como alguien al que nos propusimos imitar, de modo que inconscientemente adoptamos la fachada de otro, sin darnos cuenta de que ni siquiera estábamos contemplando un yo autentico. De cualquier modo, en nuestra búsqueda de la libertad, seguridad y autenticidad, es imperativo que reconozcamos que estamos llevando alguna versión de una máscara que nos pusimos hace veinte, treinta o incluso cuarenta años. Y ahora nuestro autentico yo, que está guitando para llamar nuestra atención, está bien escondido detrás de una máscara y nuestro falso yo está enmascarando nuestra verdadera naturaleza.

Imagina esto. Cuando eres pequeño/a, recibiste un regalito_una moneda mágica, tal vez_de tu abuela. Con el fin de que no se te perdiera, lo escondiste para que nadie lo encontrara. ¿Podría recordar después de todos estos años donde lo guardaste? ¿Recordarías que lo escondiste? Con tu verdadero yo sucede lo mismo. Lo has ocultado durante tanto tiempo de que has olvidado que existía esa parte de ti.
La naturaleza de la fachada que elegimos varía según nuestra clase social, padres, entorno y lo que se consideraba buena o mala conducta; sin embargo, las máscaras que solemos ver en nuestra sociedad no se diferencian de las de hacen cientos de años. Actualmente, vemos versiones actualizadas de seductoras, seductores, complacientes, eternos optimistas, de gente <<al día>>, del mártir, de la buena chica, del chico bueno, del chico duro, del maltratador, del fanfarrón, de la serpiente silenciosa, del intelectual, del salvador, del depresivo, del chistoso, del solitario, de la víctima, del triunfador.

Son expresiones repetitivas y arquetípicas que aparecen en los tiempos modernos. El problema de vivir bajo estas máscaras, bajo  estos personajes, es que acabamos perdiendo de vista quienes somos y lo que podemos  llegar hacer. Al intentar compensar nuestra oscuridad, inconscientemente extinguimos nuestro autentico poder, creatividad y sueños.
 

 



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