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Escrito por JORGE LOMAR   

SENSIBILIDAD SIN DRAMATISMO
<<¿Aprender a sentir? ¡Pero si ya sé sentir! ¡Llevo toda la vida sintiendo!>>. La verdad es que llevas toda la vida pensando cuando sientes, lo cual ha convertido cada sentimiento en una interpretación y cada experiencia en un concepto comparado. El sentir se ha perdido entre pensamientos. No nos enseñan a sentir en este mundo, sino a pensar según un programa, más o menos variopinto, pero consciente en el pasado. El primer paso en el trabajo del perdón consiste en aprender a sentir.

Detenerse, mirar dentro atentamente, respirar y abrirse a sentir lo que sea que uno este sintiendo. Y, de este modo paro de pensar, dejo el programa a un lado y me hago plenamente consciente del sentir sin interpretarlo, sin programarlo. Esto es la meditación llevada a  la vida. El primer paso del perdón te lleva a la honestidad y a la conciencia. No se puede sentir mañana ni ayer. Solo puedes sentir ahora. El pensamiento sobre lo que sientes es lo que hace que la experiencia de este momento pierda su frescura y se plastifique bajo el molde de la interpretación de tu personaje, que, como ya hemos visto, consiste tan solo en memorias. 

SOLO PUEDES SENTIR AHORA
Sentir es vivir la experiencia aquí  y ahora, renunciando al miedo y al pasado. Es tu primer paso hacia el abandono del ego. ¿Qué es el ego sino un programa? ¿Y que es un programa sino una memoria que organiza el presente? Sentir es adentrarse en la sensibilidad y la frescura de lo que acontece tal y como es, libre del pasado.Puedes pensar en el mañana; puedes pensar en lo que ya paso; puedes pensar en lo que no existe y en lo que crees que existe; pensar en cómo te sientes o en lo que imaginas que el otro siente. Pienses lo que pienses, lo que realmente experimentas solo puedes sentirlo ahora. Solo en el presente puede suceder el cambio de percepción. Solo en el presente tienes acceso a la liberación de los programas. Solo en él ahora puede suceder la sanación y solo ahora el tiempo puede dar paso a la vida. 

MIEDO A SENTIR
Vivimos bajo un profundo miedo a sentir. El programa ha desarrollado un resbaladizo e inconsciente miedo a vivir en el ahora tal como es, sin interpretaciones. Si vivieras con máxima sensibilidad y mínimo dramatismo este momento, el tiempo no podría  apresarte en el programa y sentirías la eternidad con tal claridad que no habría percepción ni recuerdo que pudiera engañarte. Tenemos miedo a sentir. Ese es todo el miedo del mundo. Según te dice el programa: <<Si sientes habrá dolor>>, pues en el pasado hubo dolor y este se repetirá a no  ser que lo evites. Como ya vimos en las defensas del ego, su mandato más escondido reza: <<No sientas>>. El programa te invita a la constante evitación de la experiencia como un mecanismo de defensa ante la vida. Él se presenta así como tu guardián protector de sentir la vida. La consigna de fondo es: sentir es peligroso. Pero resulta que sentir es vivir. El programa te sitúa en una posición en la que tú estás contra la vida. Tú contra Dios.

Por este motivo, escapas constantemente del presente para buscar alguna distracción pensada o percibida que te aparta del sentir. El programa te impulsa automáticamente a evitar el sentir para protegerte. De este modo, mantiene un escondido gobierno de tu percepción basado en el miedo. La naturaleza del mundo es una negación de la vida y, como consecuencia, una negación del sentir. En el presente solo hay sentir. Si tú realmente estas sintiendo, estás presente y tu conciencia deja de estar hilvanada en pensamientos dl pasado, sombras de tu imaginación o proyecciones de tu futuro. Al sentir sin pensar, estas abierto. Tu conciencia está dispuesta a recibir un aprendizaje que está más allá de tu historia y del programa. El consciente se abre sin miedo a recibir al subconsciente, y a esta cita acude la sanación. Crees que tienes miedo a la muerte, pero se trata de miedo a sentir. Y más allá, miedo a la vida sin límites, sin ego, sin pasado ni personajes ni programas. Miedo a perder la falsa identificación con los límites a los que llamamos Yo. Miedo a la sanación, miedo a la luz.

EL MIEDO A SENTIR ES EL MIEDO A LA VIDA.
Miedo a sentir es miedo a la experiencia, es miedo a la vida. Esto resume todo miedo. La mentalidad del  perdón requiere que mires cada a cara al miedo, con serenidad y plena conciencia. De  ese modo, recibes al pasado programado, cuyo efecto es la emoción, con totalidad de presencia. La conciencia recibe a la inconciencia. El presente recibe al pasado.

ABRAZAR AL NIÑO INTERNO
El niño interno es el sentir. Es una figura psicológica que se refiere al producto emocional que brota desde el subconsciente. El subconsciente es pasado, y solo puedes atender a  tu niño interno con verdadera presencia. No tiene sentido que recibas las emociones, que proceden de falsas percepciones programadas en el subconsciente, con la mente programada, que no más que cosa que otras falsas percepciones. Sería como intentar sanar el pasado con más pasado o el sufrimiento con más sufrimiento. El programa no puede sanarse a sí mismo. La verdadera sanación llega desde mucho más allá del programa. Para que este pueda acceder a tu conciencia, has de recibir al sentir con toda tu presencia y renunciar a interpretar a tu niño interno.

Dejar tu sentir en manos del pensador es como si dejaras a tu niño interno en manos de unos interrogadores que lo ataran, lo pusieran delante de los focos y empezaran a increparlo: <<!He tu no deberías estar aquí¡ ¡Nos haces sufrir, tu estas mal! Rápido, contesta: ¿de dónde vienes?, ¿Cuál es tu causa?, ¿Cómo hacemos para que no vuelvas por aquí? ¡Tenemos que eliminarte!>>. No lo dejes con ese pensador juzgador, temeroso y urgente. ¡El sentir es tu hijo! Es literalmente tu creación emocional y, si bien procede de interpretaciones programadas desde el  pasado, requiere tu atención y plena responsabilidad.  En silencio, dale toda tu atención presente. De este modo aprenderás a dejar de tener miedo a la vida. Sentir es el verdadero coraje. Para el programa, el coraje consiste en ir por ahí rompiendo piernas. Pero, para la comprensión, el coraje es abrirse a sentir y abandonar el miedo a la vida.

SENTIR ES EL VERDADERO CORAJE
Cuando el programa te saca de la experiencia mediante ese  remolino de  pensamiento que se lanza a buscar soluciones, ¿nunca te has preguntado por qué tienes tanta prisa? A cualquier emoción que brote, el pensamiento se vuelve urgente y tenaz, como si fuera necesario atajar rápidamente eso que has sentido para taparlo, ante todo para no mirar adentro. Es absolutamente ingenuo creer que un tema tan profundo como la raíz  de tu sentir se pueda solucionar en mitad del conflicto y con los infantiles pensamientos de ataque o huida que invariablemente surge del programa. Sin embargo, la urgencia, la tensión y el impulso de evitar la experiencia se repiten una y otra vez. Lo que el programa necesita es que le des tu confianza, que te sientas protegido par la locura que te ofrece.  Es el miedo el que guía. El que necesita que no te atrevas a mirar limpiamente este sentir, que no te sepas capaz de estar con lo que hay, no sea que recuerdes tu verdadera naturaleza de aceptación y comprensión, e incluso puedas experimentar tu invulnerabilidad mental. ¡Entonces el programa se haría innecesario!

UN PRIMER PASO HACIA LA RESPONSABILIDAD
La sensibilidad, entendida como una total aceptación del sentir, es el primer paso de todo  proceso del perdón: hacerse responsable conscientemente del sentir como una experiencia que merece la pena ser atendida en el ahora, sin tensión, sin miedos, ni culpa. El programa quiere hacerte culpable por sentir para seguir manteniendo un férreo control sobre tu sensibilidad y anclarte en la adicción al escape, de modo que te parezca imposible estar con tu sentir y en cambio lo veas como algo insoportable de lo que debes culpabilizarte, algo que no debería estar ahí. Pero resulta evidente que es un truco: ¿Cómo vas hacer culpable de sentir?

Cuando el programa se pone en modo de <<búsqueda de explicaciones, causa y soluciones>>, lo llamo el investigador. Uno de los argumentos para abandonar el sentir es la creencias en la necesidad de análisis, pensar y pensar, encontrar la causa… el investigador te hace creer que solo si la descubres podrás solucionar este asunto y encontrar paz. Entonces te pones a analizar en mitad del remolino sentido. El descubrimiento incluye detectar al investigador y renunciar al intento de analizar el laberinto desde dentro de él. No puedes analizar un laberinto en el que estas sin perderte en él.  Cuando estas en mitad del conflicto, no es el momento de analizar. Has perdido la paz y estas más lejos que nunca de la comprensión. No intentes averiguar lo que sientes, simplemente siéntelo. Dirige toda tu atención al interior, respira larga y profundamente, relaja todos los músculos, observa la sensación del cuerpo. Suelta todo el asunto pensado y, diciendo internamente <<Yo siento>> entre largos silencios, mantén la atención consciente en tu sentir.

Poco a poco le encontraras más sentido a esta práctica. Pero es importante que comiences a aprender a sentir. El programa intentara que olvides tu interés en recuperar la sensibilidad sin dramatismo. Aceptar el sentir es vivir la vida con sentido, arrojarte a la experiencia para darte cuenta muy poco a poco   de que puedes estar con el sentir. Puedes consentir. El sentir no te  puede hacer ningún daño. Es energía de vida. Simplemente vida. Surge de tu mente. Parece intenso o doloroso debido a los programas que interpretan la vida, los recuerdos inconscientes anclados al miedo y al dolor, las culpas insolubles, creencias profundas que atrapan tu sentir de vida en este momento. El sentir sea como sea, es el resultado de tus creencias profundas que regresa para ser aceptado como lo que es: el producto creativo de tu mente, la experiencia de ti mismo tal como te ves aquí y ahora. Si deseas sintonizar tu mente con la sanación, es preciso comenzar desde el propio indicativo de conflicto: la emoción. Atiéndela con una mente totalmente receptiva. Lleva toda luz de tu conciencia al sentir  que surge. Puesto que solo sana el amor, solo hay un modo de entender al sentir: desde la total paz y aceptación.
 


 



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