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AUTOACEPTACIÓN RADICAL PDF Imprimir E-mail
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Escrito por WALTER RISO   

Cuando una persona dice: No me acepto como soy, no valgo nada, ya se está instalando en una patología depresiva. Aceptación radical>> significa aceptar sin excusas y de manera total tu ser, aunque tengas defectos y cosas negativas por cambiar. Implica reconocer que posees un valor intrínseco por el solo hecho de estar vivo o viva. Puedes avanzar, superar tus vacíos, fortalecer tus virtudes, y seguir siendo maravillosamente imperfecto: tú valía personal, ya sea que triunfes o fracases, nunca estará en juego.

Por eso no tienes precio y no estás en venta como un artículo de consumo (o no deberías): eres un fin en ti mismo. ¿Y si el defecto es inmodificable?  Pues solo queda aceptarlo en su real dimensión y / o mantenerlo bajo control si resultara dañino para uno o para otros. Lo importante es que no  te descalifiques a ti mismo ni te condenes por poseerlo.Decía un maestro espiritual: <<la persona que ha alcanzado la iluminación es la que ve que todo en el mundo es perfecto tal y como es>>. <<¿Y qué me dices de jardinero?>>, le pregunto alguien, <<¿también es perfecto>>. El jardinero del monasterio es un jorobado. Y respondió el maestro: <<para lo que se supone que ha de ser en la vida, el jardinero es un jorobado perfecto>>. Algunos defienden alguna aceptación <<condicional>>, cuyo principio afirma: <<Debes ganarte el amor a ti mismo haciendo cosas extraordinarias>> o <<Tu autoestima de tus  logros o éxitos>>. Esto es tan absurdo, como decir, por ejemplo, que solamente querré y aceptare a mis hijos si son buenos estudiantes o se portan bien.

¿Quién se vería identificado con semejante afirmación? A nuestros hijos los queremos hagan lo que hagan, aun cuando a veces no estemos de acuerdo con su conducta. Aceptarte de manera incondicional es aceptarte existencialmente, más allá de tus acciones y de lo que piense la gente de ti. Lo importante es que te ames y no te odies por lo que haces o dejas de hacer. Si ves cosas en ti que no te gustan, pues trabaja para cambiarlas, pero sin degradarte, como si un amigo ayudara a otro que está en dificultades. Aceptarte radicalmente, entonces, no es hacer una apología del ego, sino tratarte a ti mismo con respeto y consideración, tanto en las  <<buenas como en las malas>>.

Sumido en la tristeza, Pedro se reunión con una amiga Gloria en un bar a tomar un café. Deprimido, descargo en ella sus angustias… que el trabajo, que el dinero, que la relación con la pareja, que sus vacaciones… en fin, parecía que toda su vida andaba mal. En un momento dado, Gloria abrió su billetera y saco un billete de 100 dólares, y le dijo: <<¿Quieres este billete?>>. Pedro un poco confundido, le contesto: <<claro… son 100 dólares, ¿Quién no los querría?>>.  Gloria tomo el billete y lo arrugo hasta hacerlo una pequeña bola. Se la mostro  y volvió a preguntarle: <<Y ahora, ¿lo quieres también?>>.

Sorprendido, Pedro respondió: <<No sé qué pretendes con esto, pero sigue siendo 100 dólares. Si me lo das, lo tomare sin duda>>. Entonces Gloria desdobló el billete arrugado, lo tiro al suelo y lo restregó con el pie, levantándolo: <<¿Lo sigues queriendo?>>, pregunto. Pedro manifestó: <<No entiendo a dónde quieres llegar, pero es un billete de 100 dólares y mientras no lo rompas, conserva su valor>>. 

Gloria permaneció unos segundos en silencio, y agrego: <<Mira, Pedro, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o te pisotee, sigues siendo tan valioso como siempre lo has sido. Lo que debes preguntarte es cuanto vales en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado>>.

Pedro se quedó mirando a Gloria sin saber que contestar,  mientras lo que ella le había dicho penetraba fuertemente en su alma y su cerebro.
Gloria puso el arrugado billete a su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agrego: <<toma, guárdalo para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal… pero me debe un billete nuevo de 100 dólares para poder usarlo con el próximo amigo que lo necesite. Le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia la puerta. Pedro volvió a mirar el billete, sonrió, lo guardo con una renovada energía llamo al camarero para pagar la cuenta… 

LA <<CUIDADELA INTERIOR>>
Deja de ser víctima de una decisión. Hay una parte de ti que es capaz de negarse al sufrimiento, no aceptarlo y << borrarlo enseguida>>, como   decía marco Aurelio. No asentir sumisa y resignadamente al impacto de los hechos es ubicarte en lo que algunos estoicos llamaban la cuidad interior: aquel lugar donde la información llega de afuera no se impone a la fuerza de tu interior, porque en ese lugar tú  posees el poder de aceptar u objetar el impacto  que  los hechos ejercen sobre ti.

Por ejemplo, si alguien te insulta (hecho objetivo), podría producirse en ti una representación mental muy negativa: <<Es horrible que me desprecien>>, pero en ese espacio personal e inviolable de libertad, que es absolutamente tuyo, tu podría no aceptar esa representación, por considerarla dañina para tu autoestima, y mantener un dialogo interno menos obsecuente, como por ejemplo: <<El insulto me parece horrible porque me lo tomo en serio, porque de alguna manera me importa lo que piense esa persona de mí, sin embargo, me desprendo de ese lazo, me despego del que dirán. He decidió que no me importe.  Mi paz interior es más importante>>. Nadie te puede obligar a aceptar en tu pensamiento lo que no quieres aceptar: este es tu don, tu facultad, tu ciudadela interior. El último pensamiento es tuyo.

Las cosas no tienen por qué  tocar tu alma ni tu mente si no quieres, sin tu consentimiento: depende de ti. Una posibilidad es dejarlo correr y decir: <<Mi yo se transforma ahora en una banco de niebla, todo lo que pudiera lastimarme pasa de largo>>. O, como ya mencioné,  oponerte racionalmente al invasor: <<mi vida y mi felicidad no dependen de que unos cuantos personajes me aprueben>>. Es decir, tu <<discurso interno>>, <<borra>>, se enfrenta, contradice y hace a un lado el impacto del ataque. Tú eres quien decide en última instancia si te dejas enfrentar o no y eso sí que es una buena nueva.

Lo que realmente importa es que tu fuero interior no te puede ser arrebatado. Tus gustos, tus sueños, tu vocación más arraigada, nadie podrá apropiarse de ella. En lo más profundo de tu ser, eres intocable. Analiza el siguiente relato de Eduardo Galeano y medita sobre él.
Se dice que era un mago del  arpa. En la llanura de Colombia no había ninguna fiesta sin él. Para que la fiesta fuese fiesta, Mesé Figueredo tenía que estar allí con sus dedos  bailadores que alegraban los aires y alborotaban las piernas.

Una noche, en un sendero perdido, fue asaltado por unos ladrones. Iba Mesé Figueredo de camino a unas bodas, él encima de una mula, encima de la otra su arpa, cuando unos ladrones se le echaron encima y lo molieron a palos.
A la mañana siguiente, alguien lo encontró. Estaba tendido en el camino, un trapo sucio de barro y sangre, más muerto que vivo. Y entonces aquella piltrafa dijo con hilo de voz:
__se llevaron las mulas.
Y dijo también:
__se llevaron el arpa.
Y, tomando aliento, rio:
__¡pero no se han podido llevar la música!

Hay un espejo de reserva personal, absolutamente tuyo, en el cual te recreas, inventas y juegas. Y esto, estimado lector, te hacen tan fuerte como un roble, tan imponente como un monte. Es tu fortín, el lugar donde tu humanidad se confirma. Montaigne decía: <<lo más grande de este mundo es saber estar con uno>> cara a cara contigo mismo, sin, cosmética, a corazón abierto. ¿Te animas?

EL CUIDADO DE Sí: EL AMOR PROPIO EN ACCIÓN
¿Realmente te cuidas a ti mismo? No me refiero al cuidado físico (lo cual también es imprescindible), sino al cuidado emocional y psicológico. ¿Te acercas a ti mismo con desatino, dureza y crueldad o por el contario te relacionas con tu propia persona como un amigo o una amiga, con compasión (lo tomo en un  sentido budista y no como <<lástima>>)? Que tu dolor no solo te duela y lo comprendas, sino que hagas algo por remediarlo, una especie de mezcla entre eficiencia y amor, sobre todo esto último. 

Cuando te encuentras tratándote mal, activas la consideración, las buenas maneras, la cortesía, la amabilidad, y pídete disculpas. Si, disculpas, como si no fueras tú mismo. El cuerpo escucha, la mente asimila. Cuando hablas contigo mismo tratas de que las conversaciones sean conscientes; invítate a salir, ve a un restaurante y háblate descaradamente de (yo a yo), poniendo plena atención a lo que te dices y respondes. Revisa lo malo y mejora lo bueno, pero no desde el castigo. Tú ser, tú <<Yo>>, es el instrumento con el que debes enfrentar la vida y adaptarte, en un sentido evolucionista y no sumiso: si lo dañas, te quedaras a la deriva y sin herramientas.

¿Debes eliminar la autocrítica? ¡Por supuesto que no! Esa es tu brújula interior, el punto de referencia personal. ¿Cómo avanzas psicológicamente y emocionalmente si no te ves tus fallas y las señalas? Lo que sería deseable es que aplicaras una autocrítica razonable, compasiva y empática, y no una cascada de agravios e insultos a tu persona. Si la autocrítica  no se acompaña de una salida constructiva, es castigo puro y cruel. La mejor opción es verte identificado con tu sufrimiento y comprenderlo, para luego eliminarlo.
 









   
 



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