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EL PODER PERSONAL PDF Imprimir E-mail
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Escrito por MARIANNE WILLIAMSON   

No le pidas a Dios que te conceda una brillante carrera profesional, sino más bien que te enseñe el brillo que hay dentro de ti. El reconocimiento de nuestro brillo es lo que lo libera y nos permite expresarlo. Hasta que no hemos experimentado una conmoción interior, no se producen efectos externos estables e importantes. Una vez que la experimentamos, los efectos externos inevitablemente se hacen notar. Todos podemos experimentar una conmoción interior; más aún, estamos confiscados para vivirla. Es nuestro potencial de grandeza. Nuestros logros no provienen de lo que hacemos, sino de quienes somos. Nuestro poder terrenal es el resultado de nuestro poder personal. Nuestra carrera profesional es una extensión de nuestra personalidad.

La palabra <<Carisma>> fue originariamente de un término religioso. Significa <<del espíritu>>. Carisma es el poder de llevar a cabo las tareas de la tierra desde un ámbito interior invisible, y es el derecho de la función natural del Hijo de Dios. Las nuevas fronteras son internas. La verdadera expansión esta siempre dentro de nosotros. En vez de expandir nuestra capacidad o nuestra disposición para salir y conseguir algo, expandamos nuestra capacidad de recibir lo que ya está aquí para nosotros.

Un curso de milagros analiza un concepto cristiano tradicional llamado <<los dones del espíritu santo>>: cuando consagramos nuestra vida al Espíritu Santo para que la ponga al servicio de sus fines, dentro de nosotros emergen nuevos talentos. No empezamos por organizar nuestra vida para después consagrársela a Dios, sino que más bien le consagramos la vida y entonces las cosas empiezan a organizarse. Cuando abrimos el corazón, nuestros talentos y nuestros dones florecen. Muchas personas me dicen que cuando hayan tenido éxito y hayan ganado muchísimo dinero se valdrán de ello para ayudar al mundo.

Pero eso es un aplazamiento mediante el cual el ego intenta evitar que mostremos plenamente en nuestra vida. Aunque consideremos que todavía no hemos tenido éxito, podemos consagrar ahora nuestro trabajo para que sea usado al servicio de la sanación del mundo, y nuestra carrera profesional arrancara desde ese punto de poder. No importa lo que hagamos, podemos hacer de ello nuestro misterio.

No importa que forma asuma nuestro trabajo o nuestra actividad, el contenido es el mismo que el de todos los demás: estamos aquí para ayudar a los corazones humanos. Cuando hablamos con alguien o vemos a alguien, e incluso cuando pensamos en alguien, tenemos la oportunidad de aportar más amor al universo. Desde una camarera hasta el director de un estudio de cine, desde un  ascensorista hasta el presidente de una nación, no hay nadie cuyo trabajo no sea importante para Dios.

Cuando sabes esto, cuando vives plenamente lo que significa tener la oportunidad de sanar, alcanzas una energía que te impulsa hacia adelante en los afanes mundanos. El amor te hace más atrayente. Eso significa que atraes como un imán. Y no atraes simplemente a la gente, sino también circunstancias que vuelven a reflejar sobre ti el poder de tu devoción. Tu poder personal no se va a revelar en algún momento futuro. Eres una persona poderosa en cualquier momento que decida serlo. La opción de ser un instrumento del amor, aquí mismo, ahora mismo, es un poder personal que ya posees. 

Un curso de milagros nos dice que todos los hijos de DIOS tiene pode y sin embargo ninguno tiene un poder <<especial>>. “todos somos especiales”, y al mismo tiempo, nadie es especial. Nadie tiene más potencial que ninguna otra persona para irradiar el amor y la luz de DIOS. Muchas de nuestras ideas tradicionales sobre el éxito se basan en que nos hemos convencido de que somos especiales  y de que tenemos algo en especial que ofrecer. La verdad es que ninguno de nosotros es especial, porque si lo fuéramos seriamos diferentes  de los demás y estaríamos separados de ellos. La unidad de cristo hace que esto sea imposible. Por consiguiente, la creencia en que hay <<seres especiales nada como  es un engaño y por eso engendra miedo.

Lo que hicieron Beethoven, Shakespeare o Picasso no es tanto <<crear>> nada como haber tenido acceso a ese lugar dentro de ti mismo a partir del cual pudieron <<expresar>> lo que Dios ha creado. Su genialidad, pues, en realidad radicaba en la expresión y no en la creación. Por eso el gran arte nos conmueve con el impacto del reconocimiento, y deseamos haber sido nosotros quienes hubiéramos expresado eso. El alma se estremece al evocar lo que todos ya conocemos.

El curso dice que “un día todo el mundo compartirá los dones de Dios por igual”. Todos tenemos el potencial de la grandeza, pero nos lo arrancan precozmente. El miedo se inicia cuando alguien nos dice que hay un primero, un segundo y un tercer premio; que algunos esfuerzos merecen un <<sobresaliente>> y otros apenas un <<regular>>. Pasado un tiempo, una parte de nosotros ya no se anima siquiera a intentar hacer ciertas cosas. Lo único que tenemos para dar al mundo es lo que nosotros mismos vemos en él, y el ego dice que eso no es suficiente.

Nos induce a ocultar nuestra sencilla verdad y a intentar inventar otra mejor. Pero al hacerlo no  nos protege, aunque finja que lo hace, como siempre. No nos evita pasar por tontos, sino que nos impide tener la experiencia de ser realmente nosotros, privándonos de la brillantez de expresarlo y de la alegría que esa expresión nos traería, a nosotros y a los demás. 

Me encanta el cuento de la niña que le mostro a su maestra un dibujo de una vaca de color púrpura.
__ Tesoro,  yo nunca he visto una vaca de color púrpura
__ Le dijo la maestra.
__ ¿Ah, no? ¡Qué pena! _contestó la niña. 

No podemos fingir la autenticidad. Creemos que necesitamos ser nuestros propios creadores y nos pasamos la vida superponiendo remiendos a nuestra personalidad, porque tratamos de ser especiales, no reales. Patéticamente intentamos adaptarnos a los demás, hacer lo mismo que ellos. Un tulipán no se esfuerza por impresionar nadie. No pugna por ser diferente de una rosa, ni lo necesita. Ya es diferente. Y en el jardín hay lugar para todas las flores. Tú no tuviste que esforzarte por hacer que cara fuera diferente de los demás. Es así. Eres un ser único, porque fuiste creado de esa manera. Fíjate en los niños pequeños. Todos son diferentes, sin proponérselo. Y mientras sean ellos mismos, sin darse cuenta de que lo son, inevitablemente resplandecerán. Sólo más adelante, cuando se les enseñe a competir, a esforzarse por ser mejores que los demás, se desvirtuara su luz natural.

La luz natural de Dios que todos llevamos dentro es lo que el curso llama nuestra grandeza. Los esfuerzos del ego por embellecer nuestro estado natural son los que el curso llama grandiosidad. <<Es fácil  distinguir la grandeza de la grandiosidad_ dice el curso_, porque el amor puede ser correspondido, pero el orgullo no.>> el ego interfiere en la clara expresión de nuestro poder intentando hacer que lo realcemos. Ese intento es en realidad una trampa mediante la cual entorpece nuestra capacidad de expresar cómo somos en realidad y de aceptar el pleno reconocimiento de los demás.

Insisto una vez más en que el objetivo el ego es la separación. Hace tiempo, me paseaba continuamente por una montaña rusa emocional, sintiendo a veces que era mejor que los demás y otras que era peor. <<Soy mejor, no, no Soy tan buena, Soy mejor, no, no Soy tan buena>>.Ambas afirmaciones constituyen el mismo error. La verdad es que todos somos iguales. Reconocerlo-reconocer que no somos mejores ni peores que nadie porque esencialmente todos somos iguales- es una idea que solo nos parece deslucida mientras no entendemos del todo a qué clase de club pertenecemos. La humanidad es un grupo de criaturas infinitamente poderosas. “Nuestro poder, sin embargo, esta en nosotros pero no es nuestro. “El espíritu de Dios inherente en nosotros lo que nos ilumina y nos vivifica.

Librados a nosotros mismos, en realidad no somos gran cosa. Esta idea me ha ayudado en mi trabajo. Subo a una tarima, y a veces hablo para más de mil personas. No puedo imaginarme sometida a la presión de convencerme a mí misma de que tengo algo especial que ofrecer. Ni lo intento. No tengo que impresionar a nadie, y como esto es lo que pienso, no me queda  otra cosa por hacer que relajarme. Subo a la tarima sin sentir la necesidad de hacer que la gente piense que yo soy algo especial, porque sé que no lo soy. Lo único que hago es hablar con amigos, despreocupadamente y con entusiasmo, eso es todo. No hay nada más. Todo lo demás no son más que espejismo. El hijo de Dios no tiene necesidad de adornos.

Nos tienta pensar que impresionamos más si presumimos, y no es cierto, en absoluto; cuando lo hacemos, somos más bien patéticos. <<La grandiosidad es siempre un disfraz de la desesperación.>> La luz de Cristo Brilla más en nosotros cuando nos relajamos y la dejamos manar, permitiendo que su resplandor borre nuestro delirio de grandeza. Pero tenemos miedo de quitarnos la máscara. Y no es que inconscientemente nos estemos defendiendo de nuestra pequeñez. En realidad, lo que hace nuestro ego es defenderse de Dios.

Tal  y como interpreto el curso, “lo que más miedo nos da  no es  ser incapaces. Lo que más miedo nos da es ser poderosos  más allá de toda medida. Es nuestra luz, nos muestra oscuridad, lo que  más nos asusta”. <<¿Quién soy yo para ser una persona brillante, hermosa, dotada, fabulosa?>>En realidad, ¿ quién eres para no serlo? Eres un hijo de Dios, y si juegas a empequeñecerte, con eso no sirves al mundo. Encogerte para que los que te rodean no se sientan inseguros no tiene nada de iluminado. Todos estamos hecho  para brillar, como brillan los niños. Nacimos para poner de manifiesto la gloria de Dios, que está dentro de nosotros. Y si dejamos brillar nuestra propia luz, inconscientemente daremos permiso a  los demás para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente liberara a los demás.

Un obrador de milagros es un artista del alma. No hay arte más elevado que el de vivir una vida bondadosa. Un artista informa al mundo de lo que hay por detrás de las máscaras que usamos. Todos estamos aquí para hacer eso mismo. La razón de que tantas personas estén obsesionadas por llegar  a ser estrellas es que todavía no lo son en su propia vida. Los reflectores cósmicos no están enfocados sobre ti, sino que irradian desde tu interior. Yo solía tener la sensación de estar esperando que alguien me descubriera, que alguien fuera  mi <<producto>>. Finalmente me di cuenta de que la  persona a quien estaba esperando era yo misma. Si esperamos que el mundo nos de  él  permiso para brillar, jamás lo recibiremos. El ego no nos da ese permiso.

Solo lo concede DIOS, y ya lo  ha hecho. Él te ha enviado aquí como su representante personal y te pide que canalices Su amor hacia el mundo. ¿Todavía espera un trabajo más importante? Pues no lo hay.  Existe un plan para cada uno de nosotros, y cada uno de nosotros es un ser valioso. A medida que abrimos más nuestro corazón, se va moviendo en la dirección en que se espera que vayamos. Nuestros dones nos brotan desde nuestro interior, y se extienden por si solos. Logramos las cosas sin esfuerzo.

¿Cómo podía no haber pintado Leonardo da Vinci?
¿Cómo podría Shakespeare no haber escrito? En las cartas a un joven poeta, Rilke dice a un escritor novel que escriba solamente si tiene que hacerlo. Hemos de hacer lo que lo que para nosotros es profundamente imperativo, psicóloga y emocionalmente. Ese es nuestro punto de poder, la fuente de nuestro resplandor. La motivación de nuestro poder no es racional ni voluntaria. Es un don divino, un acto de gracia. 

 



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