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LA AUTOESTIMA ES PODER EN LAS RELACIONES INTERPERSONALES PDF Imprimir E-mail
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Escrito por MARIA CECILIA BETANCUR   

Los adultos, máxime cuando son criados en el  marco de una disciplina para el buen desarrollo de su personalidad y no para la satisfacción de sus mayores, sostienen relaciones interpersonales fluidas, sanas y provechosas, además de tener la capacidad para manejar con éxito las relaciones con personas de trato difícil. Suena un poco crudo lo que voy a decirte, pero farisaico seria negarlo: a unas personas puedes tratarlas; a otras debes manejarlas. Con autoestima sería muy fácil lo uno y lo otro: ¡la autoestima es poder!

 A TODO NOS GUSTA CAER BIEN, PERO ¡CUIDADO! QUE NO SE UNA NECESIDAD
Aunque para alguna personas sea difícil reconocerlo, a todos nos encanta ser valorados y queridos. Ya lo decía William James: “El principio más profundo del carácter humano es el anhelo de ser apreciado”. Y nos molesta no serlo cuando se trata de personas que son importantes para nosotros. El rechazo causa un efecto aun peor.

 En las primeras páginas de este libro, hablamos de la influencia que tienen las personas adultas más representativas para el niño en la génesis de su auto imagen y del consiguiente aprecio o menosprecio que se tenga durante toda la vida. Cuando el estímulo, el castigo, las normas y los límites que guían su comportamiento nacen del capricho, las necesidades o los momentos psicológicos de sus padres, el único mensaje que el niño comprende es que debe darles gusto para ganarse su amor y buena voluntad y evitar contrariarlos para impedir su rechazo.  Los padres eficaces que no abrigan otro deseo que ver a sus hijos felices y realizados orientan y controlan el comportamiento infantil, siguiendo tres lineamientos básicos:

1 les enseñan que la conducta adecuada los beneficia directamente a ellos y la inadecuada los perjudica.

2 les muestran como sus logros y demás acciones positivas los hace individuos capaces y, por consiguiente, autónomos, utilices para el entorno físico y social, y dignos de recibir en recompensa muchos logros y satisfacciones.

3 les garantizan, por la forma siempre amorosa con que los tratan, que el amor que ellos les tienen  es incondicional, es decir, no aumenta ni disminuye con lo que ellos hacen o dejan de hacer.

Todas las acciones del adulto que fue educado así no están orientadas a complacer, sino a ser. Su autoestima, de la cual es parte vital la independencia con respecto a las otras personas, lo guarda de malgastar la vida sufriendo por el que dirán.  Volvamos a tu historia. Quizás recibiste una crianza más encaminada a la construcción de una imagen de ti  mismo agradable a los ojos de los demás; tal vez desde  tu infancia te preocupa en exceso granjearte tu aceptación y te des cuenta de que muchos comportamientos tuyos, maneras de pensar y sentimientos, están fuertemente influenciados por lo que los demás consideran aceptables. Como es difícil deducir, estas son actitudes infantiles, y es indispensable que las superes, que en este aspecto te conviertas en persona adulta.

Si consideras que desde siempre has asociado tu auto concepto y el amor que mereces con la opinión ajena favorable o adversa de las personas que más te importan, según su  historia de pérdidas y ganancias, de logros y frustraciones, ha llegado la hora que te liberes del yugo social y tomes el control  de ti mismo. La necesidad perentoria de valoración externa, que se manifiesta en la búsqueda de reconocimiento y aceptación, la ansiedad que acompaña este propósito y la depresión, que asfixia con cada rechazo y cada falla personal, solo pueden desaparecer cuando te convenzas de las siguientes verdades y las asumas como principios rectores de tu vida.

1 cada persona es la fuente más idónea de valoración con respecto a ella misma. El concepto de los demás puede ser un indicador, pero nunca tan fuerte y certero como el conocimiento propio.

2 para sentirse realizada, no necesita del beneplácito de los demás con relación a la manera de ser y de comportarse. Lo que cuanta es la satisfacción propia.

3 la felicidad es un estado interior que surge de la satisfacción de ser uno mismo y disfrutar el ser-en-el-mundo. Aunque puede ser estimulante y agradable cualquier forma de aprobación externa: elogio, amor, aceptación, admiración, respeto, acogida, la felicidad no depende de nadie distinto del propio yo.

4 nadie que sea dueño de su valía, es decir, que sea independiente del que dirán, tiene por qué sentirse deprimido por un desprecio; tan poco por un error, una frustración, una perdida, ni debe sentirse ansioso ante la posibilidad de que esto ocurra.

5 una persona no tiene que estar aceptando retos para demostrarse a sí misma, y menos aún  a los demás, cuánto vale. La consciencia de sus méritos estriba en el bien que alcanza, para ella o para otras personas, y el placer que experimenta, cada vez que opta por este o aquel camino.

DIME CÓMO TE MUESTRAS Y TE DIRÈ CÓMO TE TRATAN
Si le muestras miedo a un perro, te ladrara más fuerte, te mostrara los dientes y, muy probablemente, se lanzara contra ti. Son incontable las situaciones que marcan la forma como las personas interactúan con los demás. Desde un principio establecen las reglas. Si dices que si a todas las demandas de tu jefe o de un compañero de trabajo, te convertirás en su esclavo, en su burro cargador. Si bajas la cabeza y te achicas cada vez que tu padre o tú hijo te grita, te convertirás en el muro de sus desahogos. Si te pones a temblar cuando tu pareja hace ademán de levantarte la mano, serás para siempre su víctima. Si te haces el de la vista gorda con los hurtos de poca monta por parte de tu empleado, te convertirás en su caja menor.

Es tarde en la noche; ya es la segunda vez que el joven deja a su novia al otro lado de la avenida, a cien metros de su apartamento, para evitar tener que dar una vuelta. Es la segunda vez y habrá muchas más, porque el aprendió que ella no quiere ser tratada con delicadeza y consideración; y le basta con ser tratada.  Pero si en  la  primera ocasión ella se hubiera plantado y le hubiera respondido: “no, no voy a bajarme aquí: me perece peligroso y, además, es muy poco amable de tu  parte, así que, por favor, llévame hasta la puerta de mi casa”, el jamás habría vuelto a dejarla tirada.

La costumbre que surge de la repetición de una conducta se hace norma. Todo radica en la primera vez, acaso en la primera y segunda. Es natural en ser humano la tendencia a seguir sus impulsos primarios para satisfacer sus deseos y necesidades. La gente prefiere la vía más simple, de modo que si un grito, un golpe, una palabra insultante, un chisme, una mentira o un engaño, resuelve su problema, están dispuesta a recurrir a ello todas las veces que sea necesario.

Se ve clarísimo en los niños: por primera vez, un niño a quien su madre se niega a comprarle un juguete se arrastra por el suelo, dando patadas y llorando a gritos. Ella lo toma del brazo, lo lleva hasta un apartado rincón del centro comercial y le dice con energía y sin enojo: “tienes derecho a sentirte furioso porque no te compro ese juguete, pero no tienes que comportarte de forma grosera delante de lo demás, porque eso me da vergüenza y me molesta. Así que puedes gritar y patalear lo que quieras en este rincón. Yo me sentare allí, y cuando termines, cuando te hayas calmado, volveremos a hablar y seguir con lo que estábamos haciendo” con esta respuesta, es suficiente para que el niño aprenda que por la vía del berrinche no consigue nada, que tendrá que ser más creativo para pedir lo que quiere. Su madre le ha enseñado como debe tratarla. Todos hacen un primer berrinche y, a partir del resultado que obtengan, siguen haciendo pataletas o no. Los que descubren que sus pataletas es un recurso efectivo se valen de ella aun después de arribar a la vida adulta.

Los que comprenden que por ese camino no consiguen satisfacer sus deseos se ven en la necesidad de emplear otros métodos. Podría objetarse que si la madre le da una buena palmada al chico y le grita: “¡no más! ¡Te levantas ahora mismo!”, al tiempo que lo alza como una pluma y lo sacude, también aprenderá que sus deseos quedan frustrados pese a s mal comportamiento. No es cierto; la experiencia muestra que lo intentara de nuevo, pero aunque lo fuera, el desgate emocional es inmenso; se le daño el día solemos decir. De cualquier manera, frenar un mal trato desde el primer instante no solamente es estratégico en cuanto que la otra persona aprende como queremos que nos trate, sino saludable, por cuanto la respuesta asertiva se hace habito en quien la práctica, una forma de ser, de hacerle frente a las  tensiones sin dejarse afectar negativamente.

NO NECESITAS DEPENDER NI DEFENDERTE DE NADIE
Cuando hablas con otras personas, en general, ¿Cómo crees que te perciben? Es probable que des señales de personas indecisa, insegura, tímida, sumisa, frágil, temerosa, servil, vulnerable, ansiosa, apocada, negativa, infantil o que muestres cualquier rasgo de debilidad emocional. También puede ser que te comportes de manera arrogante, agresiva, reactiva, manipuladora, introvertida, desconfiada o embaucadora, por  mencionar unas cuantas expresiones de la personalidad que, como las anteriores, representan mecanismos de ajustes a las diferentes relaciones entre dos o más individuos. Detrás de estos mecanismos de adaptación esta la necesidad imperiosa de aprobación externa, el deseo ferviente de ser amado, aceptado, teniendo en cuenta; la búsqueda de alguna manera de ganarse la aprobación y, al mismo tiempo, el angustioso afán de evitar cualquier forma de rechazo, bien sea la crítica, la amonestación, la burla, el desaire, la humillación o el abandono.

Recuerda esas expresiones tan comunes: “seguramente se aprovechó de mi porque me vio inseguro”,  “vio que estaba muy necesitado y por eso me lo vendió a un precio tan alto”,  “En la cara se le veía el miedo de que le echaran mano al pasar por inmigración”, “Ese señor está viendo que usted se muere por él; por eso, se hace el difícil”,  “lo vieron tan prepotente, que le negaron el puesto”. Esta confirma lo dicho en el título: a uno lo tratan como lo  ven. El problema es que, habidas excepciones, uno se  muestra como es y cómo se siente en determinadas circunstancias. Ya sabemos que la persona es como la experiencia le ha enseñado a pensar. Por tanto, olvidémonos del pasado y ten en cuenta la experiencia de leer y poner en práctica.

Aquí ya tienes nuevas creencias, objetivas y racionales, con respecto a tu valía como ser humano y a tu independencia con respecto a la opinión de los demás.

Con todos estos recursos probablemente ya te has convencido de que no necesitas agradar a nadie con el fin de conseguir su aprecio para seguir siendo la persona valiosísima que eres; aprovecha cada oportunidad que se te presenta para mostrarte como una persona asertiva, es decir, dueña de sí misma, auto valorada y libre para ser tal como es, manteniendo un profundo respeto por los derechos, deseos y necesidades de los demás.

No te preocupes por los sentimientos adversos que puedas experimentar a la hora de relacionarte con otras personas o de intervenir en los grupos. Ten la plena certeza de que los sentimientos surgen espontáneamente de tus creencias: si crees que tienes que obrar como los demás esperan de ti, que tienes que satisfacerlos siempre y en todo para que te quieran o tengan en buen concepto, es natural que te sientas ansioso, indeciso, inseguro, preocupado… pero si crees que eres libre  para obrar según como tú quieres, puedes, sabes y decides, no experimentaras sentimientos tan molestos.






 



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