Suscribete a nuestro Boletín y recibe todas las novedades de nuestra página web.







Banner


Últimos comentarios

Online
Tenemos 435 invitados conectado(s)

Acceso a Universo VIVA


Banner

EN LA JUVENTUD, AFICIONES. EN LA EDAD MADURA, PASIONES PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 2
MaloBueno 
Escrito por MARIA CECILIA BETANCUR   

Ocio, ese término tan injustamente desacreditado, engloba un concepto de enorme importancia. Significa “ocupacion” reposada y divertida en obras de ingenio, que se toma como descanso de las ocupaciones principales". Pero hay más todavía; los ratos de ocio no solo sirven como recurso para entretener y distraer de la rutina; al menos no debería ser así. Estos momentos son parte fundamental del equilibrio psicológico de cada individuo y de los distintos equipos humanos.

De ahí que es absurdo asignar a las actividades ociosas el escaso tiempo que quede libre. De hecho  a estas actividades se le llama pasatiempos, como si se tratara de entretener el paso de las  horas. En la respuesta vacía que usualmente dan mis consultantes a la pregunta: usted (o ustedes, cuando se trata de una pareja o de una familia), ¿Cómo se divierte?, encuentro la confirmación de mis aseveraciones acerca del papel primordial del ocio creador en la salud mental de la persona y de sus relaciones.

Tales actividades constituyen verdaderas válvulas de escape de la presión que se acumula por la vía del trabajo profesional; permiten poner en ejercicio valores y facultades que no tienen cabida en el campo laboral; compensan, muchas veces, los sinsabores de un trabajo cotidiano circunstancialmente inevitable; acercan en forma afectiva a las personas; ayudan a descubrir nuevos caminos de desarrollo personal y laboral y, lo más importante, fortalecen la valía propia.

Conozco a un sujeto que es el prototipo del “hombre hormiga” se desempeña como corredor de seguros en una empresa de su propiedad, sin  jefes y con un horario flexible. Sin embargo, es el primero en  llegar y el último en salir. Almuerza en compañía de algún cliente.  Durante el trayecto entre su casa y la oficina, está arreglando cuestiones por teléfono y lo mismo cuando regresa. Atiende llamadas y revisa documentos antes de irse a la cama. El sábado se queda en casa reponiéndose de los efectos etílicos de una reunión  de negocios.

Después del mediodía, hace un esfuerzo supremo por salir un rato con la esposa y los hijos, para evitar cierto incomodo sentimiento de culpa. El domingo, por lo general, tiene un compromiso social o deportivo con la gente de la empresa, o un trabajo para llevar el lunes a primera hora. Otro “hombre hormiga” es un profesor universitario que trabaja en tres instituciones durante un mismo día, en jornadas que van desde la siete de la mañana hasta las diez de la noche. Para completar el sábado en la  mañana dicta clases particulares, el domingo califica exámenes y prepara el material de la semana. “El poco tiempo  que me queda, lo dedico a mi familia”, dice.

En el mismo grupo esta su señora que de lunes a sábado permanece ocupada trabajando por fuera. El domingo se entrega por entero al cuidado de la casa: hace mercado, cocina, friega, lava, prepara la ropa de todos los días siguientes y se acuesta rendida del cansancio, convencida de que es la mejor madre y esposa del mundo.

Sin exigirle mucho a la memoria, podría repasar cientos de casos de personas que no conocen las necesidades más importantes del ser humano que están más allá de la supervivencia. Llegan a convertirse en activos fijos de las empresas. No pocas tienen como caballo de batalla la necesidad de prepararse para el futuro o el cuento de “el cuarto de hora” que hay que aprovechar, mientras a los suyos se les pasa la vida sin su presencia.

La salud mental implica el equilibrio entre la satisfacción de las demandas materiales de la vida y las exigencias de la mente y del espíritu. E implica también crecimiento y realización en campos distintos de la existencia. La vida no se mueve en una sola dirección; por lo tanto, hay que disponer, conscientemente, del tiempo necesario  para trabajar, aprender, amar, crear y divertirse. Mientras más joven es un individuo, mayor es su tendencia a abandonar rápidamente una actividad que en su comienzo le atraía poderosamente.

Es así como los jóvenes pasan en poco tiempo de una afición a otra. Hoy les encanta el futbol y mañana quieren una guitarra eléctrica. Luego juraran que, ahora sí, lo que quieren para siempre es un caballo para entretenerse como jinetes de competencia. Exceptos por que los padres acaban sin saber que más inventar para entusiasmarlos y sientan que han gastado inútilmente su dinero, estos cambios en sus deseos son hasta cierto punto positivos

Los chicos están buscando su identidad y un día encontraran el campo donde mejor ubicados se sientan. Dentro de un proceso de desarrollo personal sano, es magnífico cultivar las aficiones que se muestran como más permanentes, de tal manera que en la edad madura llegan a ser verdadera pasiones. ¡Que rica es la vida de la gente que, en esta etapa, vibra con cosas distintas al quehacer de todos los días!

Coleccionar piedras, hacer trabajo de bricolaje, tallar gemas, decorar casas, hacer música, cocinar, practicar una actividad física, leer, en fin, son miles de cosas por la cual uno puede apasionarse. Lo hace la gente que ha cultivado su propio espacio de ocio creador, gracias al cual experimenta la dicha de una vida armoniosa y plenamente humana.
   
   
 



Añadir esta página a tus sitios web favoritos Social Bookmarking
 
 
Cargando...



Banner