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Escrito por OSHO   

(Extraído del Libro No te cruces en tu camino)

Caminas, comes, bebes y todo eso indica que eres una unidad orgánica, cuerpo y conciencia. Torturando el cuerpo no puedes elevar tu conciencia. El cuerpo debe ser amado; tienes que ser un gran amigo tuyo. Él es tu hogar, tiene que limpiarlo de toda inmundicia; no olvides que siempre está a tu servicio, día tras día. Incluso cuando duermes, tu cuerpo sigue trabajando continuamente para ti, digiriendo, transformando la comida en sangre, expulsando las células muertas del cuerpo, transportando oxígeno, aprovisionando de oxígeno al cuerpo, ¡mientras tú estás durmiendo plácidamente!
Está haciendo todo lo necesario para tu supervivencia, para tu vida, aunque tú seas tan ingrato que ni siquiera se lo hayas agradecido nunca. Al contrario, vuestras religiones os han enseñado a torturarlo: el cuerpo es tu enemigo y tienes que liberarte de él, de sus ataduras. Pero el amor no es una atadura, la compasión no es una atadura. El amor y la compasión son absolutamente necesarios para tu cuerpo y su nutrición. Cuanto mejor sea tu cuerpo, mayor es la posibilidad de que crezca la conciencia. Forman una unidad orgánica.
El mundo necesita un tipo de educación completamente nueva en el que, básicamente, a todo el mundo se le instruya en los silencios del corazón –e otras palabras, en las meditaciones-, en el que a todo el mundo se le enseñe a ser compasivo con su propio cuerpo. Porque si no eres compasivo con tu propio cuerpo, no podrás serlo con los demás. Es un organismo vivo, y no te ha hecho ningún daño. Siempre ha estado a tu servicio desde que fuiste concebido y siempre lo estará hasta que mueras. Hará todo lo que tú quieras que haga, incluso lo imposible, sin desobedecerte.
Es imposible concebir un mecanismo más obediente y sabio. Si fueses consciente de la cantidad de funciones que realiza tu cuerpo, te sorprenderías. Nunca te has parado a pensar en todo lo que hace el cuerpo. Es milagroso y muy misterioso. Pero nunca has reparado en ello. Por mucho que intentes amar a otras personas, no podrás; porque, como nunca te has preocupado de familiarizarte con tu propio cuerpo, para ti esas personas también son cuerpos.
El cuerpo es el mayor misterio de toda la existencia. Necesita ser amado, sus misterios, sus funcionamientos deben ser investigados íntimamente.
Desafortunadamente, las religiones han sido contrarias al cuerpo. Pero eso es una indicación, una prueba definitiva de que, si descubre la sabiduría y el misterio del cuerpo, el hombre pasará por completo de los sacerdotes y de Dios. Habrá encontrado el mayor misterio dentro de él mismo, y en el misterio del cuerpo se encuentra la capilla de tu conciencia.
Una vez que sabes de tu conciencia, de tu ser, puedes ser respetuoso con los demás seres humanos, con los demás seres vivos, porque son tan misteriosos como él mismo, diferentes expresiones, variedades que enriquecen la vida. Y cuando un hombre ha hallado conciencia en sí mismo, ha encontrado la llave a lo sublime. Una educación que no te enseñe a amar tu cuerpo, que no te enseñe a ser compasivo con tu cuerpo, que no te enseñe a entrar en los misterios del cuerpo, no podrá enseñarte a penetrar en tu propia conciencia.
El cuerpo es la puerta; el cuerpo es el trampolín. Y cualquier educación que no toque el tema de tu cuerpo y conciencia no solo será incompleta, sino que además será altamente nociva porque estará deteriorando continuamente. Lo único que impide el deterioro es el florecimiento de la conciencia en tu interior. Además, provoca en ti una imperiosa necesidad de crear más belleza en el mundo, de crear más calidad de vida en el mundo. Por eso, el arte constituirá el segundo apartado de la academia. El arte es un esfuerzo consciente de crear belleza, de descubrir belleza, de hacer tu vida más gozosa, de enseñarte a danzar, a celebrar.
Y el tercer apartado será para la ciencia creativa. El arte puede producir belleza, la ciencia puede descubrir la verdad objetiva. Estas tres cosas juntas harían que cualquier sistema educativo fuera completo. Todo lo demás es secundario; puede que te sirva para ganarte la vida, pero no para el crecimiento espiritual, no te servirá para llevarte a las fuentes de tu dicha, de tu amor, de tu paz, de tu silencio. Un hombre que no ha experimentado el éxtasis interior habrá vivido en vano. Habrá vegetado, se habrá arrastrado desde el vientre de su madre a la tumba pero no habrá podido bailar y cantar, no habrá podido aportar nada al mundo.
Para mí, una persona religiosa es aquella que aporta al mundo algo de belleza, algo de dicha, algo de felicidad, algo de celebración, pero la religión nunca antes había sido definida como la defino yo.
Todas las definiciones que se le han dado han resultado ser horribles y erróneas. No han ayudado a la humanidad a elevarse a planos de la dicha, de belleza y de amor. Han sumido a toda la humanidad en la miseria y el sufrimiento, no han enseñado libertad. Al contrario, han impuesto toda clase de esclavitudes con el pretexto de la obediencia. ¿Obediencia a quién? Obediencia a los sacerdotes, obediencia a todos los intereses privados.
Una pequeña minoría lleva siglos esclavizando a toda la humanidad. Lo único que puede corregir esta horrible e insana situación es una correcta educación.
El hombre necesita un mejor cuerpo, un cuerpo más sano. El hombre necesita un ser más consciente, más alerta. El hombre necesita todo tipo de comodidades y lujos que la existencia está dispuesta a proporcionar.
La existencia está dispuesta a proporcionarte el paraíso aquí y ahora, pero tú lo vas posponiendo; siempre, hasta después de la muerte.


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