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RELACIONES CORRECTAS PDF Imprimir E-mail
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Escrito por SANTIAGO ROJAS   

En el fondo, son las relaciones con las personas lo que dan sentido a la vida.

Las relaciones correctas con humanos, con animales y con la naturaleza pueden ser grandes eustresores. Son importantes mecanismos de adaptación que, a su vez, sirven de sistema de soporte pues otros humanos, los animales y el planeta pueden darnos paz, confort y contento, disminuyendo el distrés en muchas oportunidades.

En momento de tensión, los humanos encontramos equilibrio en la compañía de otros humanos, de una mascota o en una salida al campo para contactarnos con la naturaleza.

He visto que tener coherencia, presencia y persistencia es la manera más sencilla de tener relaciones correctas con los humanos.  La coherencia nace de que de piense, se sienta y se actué de la misma manera, lo que hace que cualquiera sepa con quien cuenta. Eso mejora las relaciones, pues todos obtienen a ciencia cierta lo que esperan de uno y, así, se evitan muchos dolores de cabeza y tensiones innecesarias.

La presencia es estar en los momentos relevantes de la vida de los otros: es tan importante acompañarlos en las situaciones de gozo como en las de necesidad y dificultad. Acompañar con presencia real a un ser cercano cuando goza une los lazos y se fortalece aún más si estamos ahí cuando él nos necesita, para minimizar el diestres del otro y fortalecer el eustres propio por el gozo de dar.

Así, también lograremos que ellos estén presentes en nuestros momentos importantes. Y la persistencia es permanecer a pesar de la crisis, las dificultades, las distancias, los malos entendidos, o sea, llegar al final de vida habiendo logrado mantener relaciones correctas con los seres queridos. Esto último es saber que se puede contar con otros y esto es fuente de eustres. Las relaciones con otro son lo que le dan gran sentido a la existencia y tenerlas nos da la certeza de que podemos contar con otros y confiar en otros, obteniendo gran eustres por solo saberlo.

Para muchos también  es muy eustresante  tener mascotas o animales de granja, ya que estos son realmente coherentes, nos dan presencia y persistencia, a su manera, todo el tiempo. Son amigos fieles, nunca traicionan, ayudan a calmar la ansiedad, dan paz y confianza, y muy pocas veces causan alteraciones en nuestra salud (alergias y enfermedades), a pesar de que se les culpe de esto permanentemente. Todo lo anterior, siempre y cuando los respetemos, los cuidemos y tengamos contacto frecuente con ellos.

La naturaleza es una amiga siempre disponible que nos acoge en su regazo, nos da paz, nos descontamina y nos llena de energía, y a la cual hay que cuidar y proteger siempre. Cada vez que podamos, debemos sembrar para fortalecerla. En la ciudad es importante usar racionalmente todas las fuentes de energía de tal forma que evitemos el despilfarro que lesiona a la naturaleza y agradecer siempre su presencia no contaminándola, no llenándola de basura y reciclando para hacerle menos daño.

MANEJO DE LA AGRESIVIDAD
Como mecanismo de adaptación frente al distres, es esencial aprender a dejar de ser agresivos en todas las formas. Generalmente, los seres humanos somos agresivos en el lenguaje, en el pensamiento y en la acción, sin embargo, podemos cambiar si obstamos por solucionarlo de forma consiente. La agresividad es natural como medio de supervivencia de las especies, sin que esto signifique necesariamente la destrucción del adversario, pero la que lleva a lesionar a otros es aprendida y viene como medio de demostrar poder, en muchos casos, por sentimientos de envidia u odio.

La agresividad que se utiliza de forma  constructiva se llama asertividad y se logra cuando esa fuerza que sentimos y que nos motiva a lesionar se dirige de forma consiente a ayudar a otros, a construir mejores opciones o, simplemente, se desvía hacia otra cosa, golpeando una almohada, caminando o haciendo ejercicio físico fuerte para evitar que la rabia se nos suba a la cabeza y perdamos el control.

Lo primero es aprender a calmarse antes de reaccionar de manera instintiva y, por ende, violenta.  Podemos recurrir a la respiración lenta y controlada y a la dirección consciente de la voluntad para no perder el control ante un estímulo que normalmente producirá ira. Luego hay que poder evidenciar los estados emocionales de los demás y diferenciarlos de los propios para no dejarse “contaminar” de las emociones ajenas. Más adelante, se debe poder expresar en forma verbal y de la manera más clara posible los sentimientos que se viven.

Expresar lo que se siente no es agredir con palabras, es solo verbalizar el sentimiento de ofensa que tenemos. Al hacerlo gradualmente se llega a pensar de forma anticipada para evitar meterse en las discusiones cotidianas e incluso en problemas mayores cuando hay que resolver conflictos. Es esencial comprender los efectos que la propia conducta produce  en los demás y, así, dejar de “lanzar la primera piedra”.

LA PALABRA POSITIVA
“la palabras es divina y el lenguaje es humano”, dicen en Oriente por el mal uso que se le da a este último. El lenguaje tiene mucho poder en los hombres y sus efectos se sienten todo el tiempo. Es el método de comunicación por excelencia, representa lo que sentimos o pensamos y le da forma al sonido. Como estrategia, recomiendo siempre pensar antes de hablar, pues “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice”.

También recomiendo abstenerse de enjuiciar a los demás o a sí mismo y de lesionar por medio de la crítica. Así, es posible hablar en lenguaje positivo todo el tiempo, empleándolo de manera consciente para logra lo que nos proponemos, sin tener que agredir ni lastimar.
 



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