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Escrito por CARMEN VIEJO   

<El poder de la energía sexual femenina es capaz de regenerar, sanar y unificar. Pero yace oculto en lo más profundo de la psique…>

El Tantra (marco esencial del Yoga) considera a la mujer sagrada, hija directa de la Shakti (La Energía y la Fuerza del Universo) y vehículo de liberación. El hombre ha temido ha este poder hasta tal punto que construyó una civilización entera basada en estructuras sociales anuladas. Esa fuerza yace ahora escondida en las profundidades de la psique femenina, desconocida incluso para la propia mujer.
“La mujer debe ser consciente de su inmenso poder espiritual y mágico. Su poder místico se introduce en los niveles más sutiles de su naturaleza. La mujer dinámica, activa su mundo sexual de tal manera que se convierte en un maestro iniciador. La mujer para ser adepta tántrica necesita expresar su sabiduría, alegría y espontaneidad”, definió el teólogo hinduista Antonio Javier Ruiz.
La antigua sabiduría matriarcal ha llegado hasta nuestros días en murmullos y ritos ligados al culto de la tierra. Pero aunque ha prevalecido, está en peligro: “Tanto los animales salvajes como la Mujer Salvaje son especies en peligro de extinción”, escribe Clarissa Pinkola en la primera página de su libro Mujeres que corren con los lobos.
Durante siglos, mujeres y hombres se han ido alejando unos de otros, aun conviviendo, hasta tal punto que ambos sufren amnesia de su verdadera naturaleza. “La mayor tragedia que puede ocurrir es que la condición masculina, que sólo puede entenderse con relación a la femenina, y a la inversa, esta doble condición, entre en conflicto, sea competitiva”, expresa a su entender el psiquiatra Gerardo González.
Sanar a la pareja. A ello podemos sumar otro ingrediente de la sociedad individualista que nos aleja del concepto armónico de pareja. Lo definían Eva Pierrakos y Judith Saly en el desarrollo de su método Pathwork, para transformar la relación de pareja, recogido en el libro Del miedo al amor: “Muchos de ustedes, amigos míos, no tienen una idea muy clara de lo que realmente es relacionarse o amar. Están básicamente preocupados por ustedes mismos y cuando se acercan a los demás no lo hacen como parte de un proceso natural y espontáneo, sino como algo artificial y compulsivo. Mientras no puedan admitir que son humanos y que necesitan ayuda para exponer sus puntos vulnerables, serán incapaces de establecer relaciones verdaderas”.
Mucho se ha banalizado el significado de Tantra y su verdadera dimensión: etimológicamente deriva del término sánscrito tan, equivalente a ‘expandir’, y el sufijo tra, ‘liberar’. Tantra propone una visión expansiva de nuestro ser que nos libera.
El primer requisito, pues, es la superación de la esfera individual: dejar a un lado los deseos egoístas y de autovaloración para intentar la identificación universal y entrega de nuestras cualidades a ese fin superior. En tal sentido se dice que el amor de pareja es (puede llegar a ser) una reproducción de esa fusión universal. Pierrakos y Saly lo definen así: “Nuestra añoranza de una unión más profunda en el amor con otra persona es tan extraordinariamente poderosa debido a su significado cósmico. En esto podemos ver el vínculo de nuestra vida individual y temporal con la realidad más amplia que nos rodea”.
Descendiendo el día a día, este principio tántrico puede resolverse como expone el manual de la fundación Pathwork: “Qué es lo que hace que una relación sea profunda y significativa: el único criterio verdadero es qué tan genuino eres, qué tan abierto y sin defensas, qué tan dispuesto estás a sentir, a comprometerte y a exponerte a ti mismo y a todo lo que te concierne y te importa”.
¿Te atreves? Aquí se abre el gran papel de la energía femenina, pues es a esta fuerza a la que le corresponde despertar en el hombre (y en ella misma) la capacidad de entrega, vulnerabilidad, generosidad y ternura y de llevar la individualidad a la comunicación cósmica. “Si somos tan inteligentes, ¿por qué no estamos enamorados?”, se preguntan Charles y Carolina Muir en su libro El arte del amor consciente.
Tal vez la respuesta esté en la misma pregunta: no llegaremos a la unión por el intelecto, sino por la sabiduría. En Del miedo al amor, se explica así: “La experiencia del amor es, en primera instancia, el intento de percibir la realidad múltiple de la otra persona. Semejante tarea requiere que de una manera temporal hagas a un lado tu ego, tus propias necesidades, expectativas y preocupaciones personales para vaciarte. Entonces puedes dejar entrar lo que es, puedes dejar entrar a la otra persona y sentir real y verdaderamente todas las complejidades de ese otro ser. ¿Qué otra experiencia puede ser tan fascinante?”.
Dile a tu pareja que esa experiencia es realmente fascinante, llegar a tocarse el corazón con la punta de los dedos, con suma delicadeza, sanando heridas, despertando la ternura y la fortaleza, creando un campo protector para ustedes…¡Quizás en este punto ya te hayas quedado sola y lo escuches manipular el control del televisor! Sin embargo, la fuerza de la sexualidad femenina no es una mujer fatal despertando la pasión rápida y el deseo de apagarla cuanto antes; la fuerza de la sexualidad femenina, tan necesaria para la regeneración de nuestros compañeros como para la de nuestras propias heridas, es una invitación a la intimidad.
Generando Intimidad. La palabra ‘intimidad’ hace referencia a la estructura más interior de algo. “Venimos a este mundo desnudos y vulnerables –dicen C. Carroll y L. Kimata en su libro Yoga para dos-. A lo largo del tiempo, la mayoría recibimos el mensaje de que el mundo es un lugar que da miedo y necesitamos protección. Construimos una amplia gama de defensas, y, en poco tiempo, el niño desnudo y vulnerable está bien escondido. Intimar consiste en eliminar estas capas defensivas y entrar en contacto con nuestro verdadero ser”.
Anne Wilson, en Vivir en proceso, dice algo muy importante que las mujeres necesitamos tener presente en estos tiempos de confusión y precipitación: “No intentemos alcanzar intimidad a través del sexo; lleguemos al sexo cuando hayamos alcanzado la intimidad”.


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