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SEXO ¿SIN AMOR?...TÚ ELIGES PDF Imprimir E-mail
Escrito por AMALIA DEL POZO   

Pues, necesariamente, con mucho respeto. Y con amor, afectividad, ternura, calidez, preferiblemente. O con mucha pasión y mucho sentido del humor, tal vez. Pero, sea como fuere, eres tú y solamente tú quien puede elegir los ingredientes…

Seguro que la mayoría estamos de acuerdo: una relación sexual entre dos personas que están enamoradas y se desean es una experiencia difícilmente mejorable. Pero si uno no tiene la suerte de amar y ser amado, ¿debe practicar la abstinencia? ¿Hace falta estar enamorado para tener una noche de pasión? ¿Depende de si eres chico o chica? ¿Y por qué se acepta tan bien que los hombres tengan relaciones sexuales esporádicas, mientras que se espera de las mujeres que las vivan solamente desde el romanticismo?
Eres tú quien decide. No siempre amamos a quien deseamos. Y, al revés, no siempre deseamos a quien amamos. El sexo sin compromiso, o sin amor, es una opción más –y, desde luego, mejor que el sexo sin deseo, o sea, “por cumplir”-. Pero, sea cual fuera el contexto elegido, eres tú quien decides.
Moralina tóxica. Han sido muchos años pensando que el sexo era pecado, lustros inculcándonos moralina tóxica como que el fin del sexo es la reproducción; que la mujer que disfruta en la cama es “una cualquiera”; que la buena esposa debe cumplir con “el débito conyugal” tenga ganas o no; que el sexo sin amor es cosa de prostitutas; que “las canas al aire” solamente pueden echarlas los hombres…
La moralina sexual ha sido siempre la obsesión de los poderes machistas y retrógrados, y es irremediable que nuestros polvos, con perdón, provengan de aquellos lodos. Hoy día, sobre todo para la mujer, el camino hacia el sexo sigue sembrado de trampas y obstáculos, no físicos, sino mentales. Como esa idea de que el sexo sin amor es sucio y peligroso, y que el amor, todo lo justifica, todo es seguro y limpio.
Es la misma moralina que hace que muchas personas vivan mal y con sentimientos de culpa la masturbación en solitario, por ejemplo. Mientras que quizás tratan de encajar, en nombre del “amor”, comportamientos de su pareja que les desagradan. O ceden a tener sexo no deseado con la esperanza de que se acabe transformando en amor.
Ésa es parte de la “educación sexual” que hemos recibido. El proceso de socialización comienza desde la más tierna infancia e interiorizamos las normas que nos van marcando la familia, la escuela, las instituciones políticas, religiosas…
Con frecuencia, estas normas sociales no escritas tienen doble rasero, como el que mide el comportamiento sexual de hombres y mujeres. Ellos se consideran más hombres y más “machos” cuantas más relaciones sexuales tengan; a ellas se las conduce al sexo “sólo por amor”.
De lo que se habla menos a los niños y a los jóvenes es del respeto que toda persona se debe a sí misma, a su dignidad, y del respeto que debe exigir y otorgar recíprocamente a los demás, tanto en materia de sexualidad como en todas las facetas de la vida. Si se pusiera el acento ahí en vez de inventar una moralidad discriminatoria, se sembraría menos confusión y sentimientos de culpa.
El juego de la seducción. La seducción es un arte muy difícil y complejo, y cuando se hace bien y se practica con gracia puede ser un magnifico pasaporte a la aventura. Dejarse conducir por los territorios inexplorados del erotismo, propio y ajeno, es posible tanto entre un matrimonio como entre dos personas adultas que apenas se conocen pero se atraen. Los caminos de Eros son múltiples, tantos como hombres y mujeres.
Cuando dos personas no se conocen, o se conocen poco, y surge la atracción, se ponen en funcionamiento un sinfín de estrategias; el cuerpo comienza a hablar por sí solo: los gestos, lo que no se dice, los silencios o lo que se desliza entre las palabras dan la clave de la aceptación.
Observar el juego del “cortejo” es una deliciosa tarea. Cada cual intenta mostrar lo mejor de sí, dejando al ámbito de lo privado el misterio de lo que cada persona es. En el límite entre lo que uno muestra y lo que oculta comienza la aventura del descubrimiento mutuo.
Puede ser maravilloso conocerse a través del sexo, sin dejarnos llevar por prejuicios, miedos, inhibiciones, complejos. ¿Por qué no pensar que la sexualidad tiene múltiples fines y que, según el momento, la época vital de cada persona, las circunstancias o la situación, se puede vivir de forma diferente? Como dice Sylvia de Béjar (El sexo es tuyo. Planeta), “lo que opinen o hagan los demás debe importante un comino. Estás en tu derecho a tener tus propias ideas respecto al sexo y vivirlo como mejor te convenga (siempre y cuando no utilices a nadie, y tampoco a ti misma). No juzgues ni admitas que te juzguen. Te sexo es tuyo”.
Hagámoslo divertido. Otra de las razones por la cual el sexo sin amor tiene tan mala prensa es por el concepto que tienen en sí las relaciones sexuales. De acuerdo en que el sexo no es un juego, pero tampoco una transacción comercial seria y formal. Utilizar el sentido del humor durante las relaciones íntimas no resulta frecuente en nuestra cultura, por más que sea beneficioso y útil. El sexo, en la mayoría de las parejas, se vive con bastante rigidez y tensión, o como algo muy trascendente. Si se supone que la sexualidad nos aporta placer y bienestar, ¿por qué no ponerle más alegría, sensualidad e incluso frivolidad?
Desdramaticemos un poco más. Lo importante es disfrutar, pasarlo bien, que resulte una experiencia placentera y desinhibidora. El mundo no acaba ni empieza en un coito; el sexo no marcha, ni marca ni crea estado (si se toman las medidas de seguridad adecuadas). Las mujeres hemos de darnos permiso: libera tu mente, y tu cuerpo te seguirá.
(Aclaración: estamos hablando de adultos que saben cuidar de sí mismos, mediando el mutuo consentimiento y sabiendo lo que quieren y lo que pueden esperar. Las relaciones sexuales entre adolescentes es un tema mucho más complejo del que habría que hablar en otro momento.)
Abstención, ¡hasta cuándo!. Muchas personas viven satisfactoriamente su sexualidad en una relación amorosa y estable, pero… ¿qué pasa con quien no tiene pareja?, ¿qué hace? ¿Esperar indefinidamente a que llegue el amor y con él el sexo? Es una opción. Pero nadie debe presionar para que una persona sin compromiso renuncie al placer del sexo.
Estamos en el siglo XXI y la vida en pareja es solamente una opción. No somos las protagonistas de un cuento de hadas que esperan la llegada de un príncipe o salvador de nuestra realidad. Guardar la ausencia a soñados príncipes azules impide disfrutar de la sangre roja de los seres de carne y hueso que nos rodean.
La elección es tuya. Salta los límites de los prejuicios y siéntete libre para decidir. Busca dentro de ti y valóralo. Quizás lo ideal sería no necesitar a nadie para estar bien contigo misma, tener sexo sólo cuando te apetezca y admitir estar enamorada sólo cuando encuentres a alguien que, sinceramente y con los pies en el suelo, te llene.


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