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ENAMORAMIENTO PDF Imprimir E-mail
Escrito por WALTER RISO   

Extraído del libro Ama y No sufras

“El amor pasional es dual por naturaleza, llega y se va, luz y sombra” Octavio Paz

Todos sabemos lo que es estar bajo el influjo del enamoramiento, ese sentimiento apasionado y adictivo en el que nuestras facultades y capacidades parecen debilitarse. Lo sabemos porque todo el cuerpo lo registra todo. ¿Amar y no sufrir?: difícil, si creemos demasiado en eros, si nos apegamos a él.

Carlos era un hombre de 35 años, serio y circunspecto, que asistió a mi consulta debido a un déficit en sus habilidades sociales y un cuadro depresivo que había comenzado a manifestarse debido a la soledad afectiva en la que se encontraba. Su manera de ser, hosca y poco expresiva, le había impedido encontrar pareja. No se reía, no sabía contar ni disfrutar un chiste y se vestía de negro de pies a cabeza.

Al cabo de unas semanas, cuando apenas estábamos comenzando el proceso terapéutico, me pidió hacer un alto para tratar un tema que lo tenía bastante preocupado. Había conocido una mujer que le gustaba y no sabía cómo iniciar el flirteo. Así que le hice algunas sugerencias sobre cómo abordar a su posible pareja. Contra todo pronóstico, 20 días más tarde, fui testigo de lo que podría llamarse un caso de “mutación afectiva”.


Ese día, Carlos llegó a mi consulta totalmente transformado. Parecía otra persona, como si lo hubieran enchufado a una batería de cien mil voltios. No podía dejar de sonreír y su rostro, que antes parecía una esfinge de granito, mostraba ahora la expresión abierta y espontánea de la exaltación. Sus movimientos eran mucho más sueltos y su tradicional atuendo oscuro había sido reemplazado por un jean informal y una camisa a cuadros. Su mirada era más brillante, olía a perfume y mostraba una locuacidad amable y contagiosa. “Ya está”, me dijo con satisfacción, “Me enamoré…Me enamoré…”. Y se quedó como petrificado, mirándome fijamente a los ojos esperando una respuesta de mi parte, así que no tuve más remedio que felicitarlo sin saber con exactitud si mis congratulaciones eran justificadas o no. Entonces dio un salto hacia atrás y dijo: “Yo no pensé que existieran mujeres perfectas, pero sí las hay… ¡Y soy correspondido!... me dijo que yo le gustaba…Sólo llevamos veinte días y siento que me pertenece desde siempre… ¿Usted no cree en las almas gemelas, en la predestinación?...Esto le va a parecer raro… Algo le pasó a mi sexualidad… Antes era como un témpano de hielo y actualmente me masturbo todos los días pensando en ella… Estoy pendiente de ella todo el día… ¿Usted qué cree? ¿Esto es amor, verdad?” Nunca más supe de él después de esa cita.

La estructura psicológica del enamoramiento (tomaré como sinónimos amor apasionado, amor obsesivo, deseo pasional o eros propiamente dicho) parece mostrar ciertos rasgos universales que incluyen una mezcla de romanticismo crónico, euforia y desvelo (de más está decir que Carlos los tenía todos):

• Idealización del ser amado. Magnificar las cualidades de la persona amada a expensas de sus defectos.

• Exclusividad y fidelidad absoluta. Por pura incapacidad biológica: la mente y el cuerpo están ocupados en su totalidad por la persona amada.

• Sentimientos intensos de apego y de atracción sexual. Deseo y afecto se amalgaman y hace que los enamorados piensen que el amor y el sexo siempre van juntos.

• La convicción de que el amor será para siempre. La idea de un amor inmortal, eterno e indestructible.

• Pensamiento obsesivo sobre el ser amado. Aunque los pensamientos de la persona enamorada son intrusivos y persistentes, no siempre son molestos, más bien adoptan la forma de rumiación auto gratificante, un embelesamiento recordatorio del cual el sujeto no quiere desprenderse.

• Deseo de unión y fusión total con el amado. El deseo que guía el enamoramiento va más allá de querer estar con la persona amada, lo que exige el enamorado es “ser uno con el otro”.

• Disposición a correr cualquier riesgo para conservar la relación. No hay límite. El amor pasional no mide consecuencias.

Además, el enamoramiento tiene ciertos componentes químicos que explican en parte el comportamiento que provoca. Se ha descubierto que la excitación romántica esta directamente ligada a la feniletinamina, una sustancia estimulante adictiva que cuando se dispara produce euforia y alborozo. También se ha reconocido, para desconcierto de algunos románticos, el papel que cumplen algunos trasmisores cerebrales (dopamina, serotonina y noradrenalina) que se relacionan con enfermedades mentales como los trastornos maníaco-depresivos y los trastornos de ansiedad.

Por otra parte, hay evidencia de que el amor no sólo entra por los ojos, sino por la nariz. Existen unos productos volátiles que exuda el organismo llamados feromonas que parecen actuar como señales bioquímicas relacionadas con la atracción y el interés sexual: la seducción del aroma, de la esencia personalizada que explicaría en parte el fenómeno del amor a “primera vista”. Conozco más de un caso donde la incompatibilidad ha sido más olfativa que psicológica.

 

La bioquímica del amor erótico podría resumirse de la siguiente manera:

a) Lujuria o deseo ardiente del sexo: cuya responsable es la testosterona, y

b) Atracción o amor en la etapa de euforia: cuya causa está determinada por elevadas cantidades de dopamina y noradrenalina y bajos niveles de serotonina.

Como puede deducirse de lo expuesto hasta aquí, eros es altamente complejo. Su naturaleza incluye deseo/pasión, una curiosa mezcla de dolor placentero y placer doloroso, euforia/exaltación, necesidad de posesión, sobreexcitación biológica (bioquímica y hormonal) y desorganización del sistema del procesamiento de la información. Eros te elige, no tú a él.

 



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