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NO SIEMPRE UN CLAVO SACA OTRO PDF Imprimir E-mail
Escrito por WALTER RISO   

Extraído del Libro Manual para no Morir de Amor


“Nada es más contrario a la curación que el cambiar frecuentemente de remedio” –Séneca

Hay amores que permanecen enquistados, así el otro se haya alejado para siempre y ni siquiera piense en nosotros. En los primeros meses de la pérdida, la memoria emocional está a flor de piel y es cuando más se siente la ausencia: sensaciones, olores, voces, imágenes, hacen que una forma de presencia se manifieste con una nitidez impresionante. Amores incrustados: ¿recuerdos resistentes, tara o virus? Una mujer me decía, entre llantos: “Está clavado en mí, forma parte de mi ser, ¡no sé cómo arrancármelo!”. ¿No quería o no podía? En ocasiones, el inconsciente nos traiciona y para conservar la ilusión de que seguimos afectivamente vigentes, revivimos una y otra vez al otro en nuestra fantasía. El hombre en cuestión era un sujeto muy agresivo, al cual ella había dejado en un acto de valentía y dignidad, y aun así, pese a los malos tratos recibidos, las reminiscencias afectivas no la dejaban en paz: le dolía el ex como una espina clavada e infectada. Algunos sentimientos, independientemente de cómo haya sido la relación, se quedan atascados en algún lugar de la mente y son muy difíciles de extirpar.

Si has padecido este “estancamiento emocional”, sabes a qué me refiero: la nostalgia se convierte en una carga que te amarga la vida y te impide funcionar libremente. Es un freno a la existencia. No me refiero a las personas que han fallecido (ese es otro tipo de duelo), sino a la ex pareja que todavía se mueve y respira, así lo haga lejos de ti. ¿Cómo enterrar en ida a la persona que aún amamos? Alguien me decía: “Si mi ex esposa hubiera fallecido, ella no sería de nadie y yo aceptaría mejor y más fácil su pérdida porque no habría ninguna posibilidad de recuperarla. Pero sabiendo que está viva y con otro amor, me niego a aceptarlo…Ella es mía”. El hombre afirmaba tajantemente: me niego. Lo que significa: no se me da la gana o no es nada fácil para los dolientes: en los amores enquistados, es la mente quien debe “enterar afectivamente” al ex y no un servicio fúnebre.

Oscar Wilde afirmaba que la pasión nos hace pensar en círculos. De allí la sensación de sentirse atrapado en un pasado que no pasa. Peleas contra los recuerdos, tratas de distraerlos, vas donde el psicólogo, los adivinos, las brujas de moda, pero las imágenes del ex llegan como cascadas. Tienes la impresión de que te arrancaron una parte de ti, te falta algo, pero como ocurre con algunas personas amputadas que siguen sintiendo la extremidad aunque ya no la tienen, tu cerebro procesa el sujeto ausente como si aún lo tuvieras a tu lado. A este fenómeno tormentoso, en medicina, se le conoce como el “miembro fantasma”. El amor atascado produce un efecto similar: el amado o la amada ya no están, pero se sienten como si estuvieran. Y no es un brazo o una pierna lo que perdimos, ¡es una persona entera!

En la desesperación de un dolor que no parece tener fin, que supera nuestras capacidades de autocontrol y crece día a día, muchas personas no son capaces de esperar la “absorción interior” (duelo) y recurren a un procedimiento de dudosa efectividad, cuya premisa afirma que “un clavo saca otro”. Con esa idea en la cabeza, se lanzan al mundo del mercadeo afectivo en busca de un “clavo” más grande, más fuerte y más potente que, al entrar, desplace y retire el anterior y el padecimiento asociado. Por desgracia, la cuestión no es tan simple como empujar y sacar, porque el mundo emocional maneja unas leyes que se apartan de la mecánica clásica. La información afectiva que subsiste del ex no saldrá a la fuerza: deberá ser asimilada y diluida por el organismo en una transformación que requiere tiempo.

El amor que sientes por alguien es producto de una historia, una narrativa que se escribe en lo cotidiano y, en este sentido, la persona que amas y ya no está tiene un “historial sentimental” y una referencia afectiva que no puedes descartar de cuajo, como si tuvieras una amnesia repentina. En los amores grabados a fuego, no siempre un clavo saca otro. El proceso más saludable es a la inversa: primero hay que sacar el viejo y, entonces, si tienes suerte, hallarás una persona que valga la pena y que pueda entrar a tu vida tranquilamente y sin el estorbo del anterior.

Esto no significa que, en determinadas ocasiones, un prospecto de amor no ayude a elaborar el duelo (si ya estamos en una etapa avanzada) o a sanar heridas de un amor que fue torturante; hay personas que entran a nuestras vidas como si fueran un bálsamo. Lo que sostengo es que si aún te desvives por tu anterior relación, empezar un nuevo vínculo con la esperanza de que se produzca una sustitución automática es un error mayúsculo. La siguiente recomendación de Monso De Cercilla y Zúñiga puede servirte como guía: “Que no es buena la cura y experiencia, si es más seria y peor que la dolencia”.
 



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