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AMORES ALTAMENTE PELIGROSOS PDF Imprimir E-mail
Escrito por WALTER RISO   

AMORES ALTAMENTE PELIGROSOS
Walter Riso

“Los estilos afectivos con los cuales sería mejor no relacionarse: cómo identificarlos y afrontarlos”

Es cierto que todos poseemos “pequeñas locuras” personales y que nadie es perfecto, pero las formas de relacionarse que mencionaré van mucho más allá de una simple e inofensiva preferencia; no se trata de meras quisquillosidades: son actitudes altamente tóxicas para quienes deciden entrar en su juego afectivo. Reconocerlas nos permitirá tomar decisiones más sanas e inteligentes frente a nuestro futuro afectivo, ya sea evitando las relaciones, si aún no hemos sido flechados, o enfrentándolas, si ya estamos emparejados o involucrados afectivamente. Prevenir y afrontar, dos estrategias de supervivencia guiadas por la razón.



¿A qué me refiero con estilos afectivos negativos? A un grupo selecto y no tan célebre, porque la mayoría opera tras bambalinas. Quizás hayamos tenido contacto con algunos de ellos (ya sea porque fuimos víctimas directas de esos modos de amar o porque conocemos a alguien enganchado en una relación traumática de la cual no es capaz de salir) o nos resulten totalmente nuevos, así los tengamos rondando nuestras vidas y acechándonos en silencio. Concretamente, haré referencia a ocho estilos afectivos, que son considerados lesivos y peligrosos para el bienestar emocional de las personas: histriónico/teatral (amor hostigante), paranoico/vigilante (amor desconfiado), pasivo-agresivo (amor subversivo), narcisista/egocéntrico (amor egoísta), obsesivo/compulsivo (amor perfeccionista), antisocial/pendenciero (amor violento), esquizoide/ermitaño (amor desvinculado o indiferente) y limítrofe/inestable (amor caótico). Cada uno de ellos lleva implícito uno o varios antivalores que se oponen a un amor pleno y saludable. (Revisaremos cada uno de ellos en los Boletines VIVA)

 

ESTILO HISTRIONICO TEATRAL
El Amor Hostigante

“La belleza es la clave de los corazones; la coquetería, su ganzúa.” André Masson

Algunas de sus características son: ser el centro de atención, emotividad excesiva, comportamientos seductores, cuidado exagerado por el aspecto físico, actitud dramática e impresionista, ver intimidad donde no la hay y ser muy intensas o intensos en las relaciones interpersonales. Las personas que poseen esta manera  de amar desarrollan un ciclo amoroso de mal pronóstico. Al principio, sus relaciones afectivas están impregnadas de un enamoramiento frenético y fuera de control, y después, como en caída libre, suelen terminar con las relaciones de manera drástica y tormentosa. El amor histérico no sólo se siente, también se carga y se soporta, porque al exigir atención y aprobación las veinticuatro horas, la relación se vuelve agotadora. ¿Cómo estar bien con alguien que nunca está satisfecho afectivamente?

El lado antipático de la seducción y el romanticismo.

La inaceptable propuesta afectiva de estas personas parte de tres actitudes destructivas para el amor: “Tu vida debe girar a mi alrededor”(llamar la atención a cualquier costo); “El amor es puro sentimiento” (emotividad/expresividad) y “Tu amor no me alcanza” (insatisfacción afectiva).

“Tu vida debe girar a mi alrededor”. La matemática del amor hostigador es así de absurda: la cantidad de amor asequible para satisfacerme es directamente proporcional al grado de atracción que ejerzo sobre la persona que amo, y el grado de atracción se mide por la atención obtenida. La confusión que presentan las personas histriónico/teatrales se debe a que igualan el amor al deseo. Y, evidentemente, no es así: el apetito por la persona amada es sólo una parte de la experiencia afectiva.

Cortejo y apariencia. ¿Qué estrategias suele utilizar una persona histriónico/teatral para conservar al otro bajo control? En principio, dos: seducción libertaria y cuidado del aspecto físico.

“El amor es puro sentimiento”. La emotividad de las personas histriónico/teatrales es florida y sin contención. Aunque suelen ser especialmente joviales y simpáticas, el problema aparece ante la falta de control sobre las propias emociones, las que se suelen disparar espontáneamente y sin medir consecuencias. Las peleas con la pareja y las rabietas son frecuentes, debido a una muy baja tolerancia a la frustración. 

“Tu amor no me alcanza”. Es verdaderamente angustiante sentir que no podemos llenar las expectativas de las personas que amamos, llámese pareja, padres o amigos. En realidad, si estás con una persona afectivamente demandante, no es que “tu amor” no le alcance, sino que “ningún amor” le será suficiente. En la mayoría de las personas con este estilo, la necesidad de ser amadas funciona como una espiral ascendente, típica de los trastornos adictivos: “Cada vez que dan amor confirmo que valgo la pena y soy un ser maravilloso; luego, cuanto más me amen, mayor será mi grado de satisfacción; por lo tanto, quiero más”.

¿Por qué nos enganchamos en una relación histriónica?

Superficialidad/frivolidad: “Necesito una pareja light, que no me complique la vida”. La norma: pensar poco, sentir mucho. Estamos de acuerdo en que la compatibilidad afectiva no tiene por qué darse en la más elevada trascendencia; el problema podría aparecer cuando uno anda navegando en la quintaesencia del saber y el otro está a ras del suelo. Pero no falta quien quiera convertir a su pareja histriónico/teatral en un Einstein enamorado, y ahí las cosas se complican porque los olmos no dan peras.

Ineptitud social: “Necesito alguien más extrovertido que yo”. El principio que mueve este esquema es la compensación. Juntarse para que lo positivo del otro sirva de soporte a lo negativo de uno. Si piensas que tu pareja es como una especie de refugio para adormecer tu incompetencia social, estás fuera de foco. No importa con cuántos showmen o cuántas showgirls te enganches, el amor compensatorio no hará que superes tu déficit en habilidades sociales. Podrás esconderte detrás de la persona que amas, camuflarte en él o ella, pero, tarde que temprano, el problema asomará por alguna parte.

Autoestima pobre: “Necesito que me valoren”. Si tu autoestima es pobre, el histriónico sabrá endulzarte los oídos y alegrar la vista hasta que tu ego se recupere, al menos, con él o ella. Entonces, surge la pregunta ¿Cuál será el pronóstico de una pareja donde ambos son histriónicos? Bastante malo. Este encuentro de personalidades similares, más que  “encuentro”, sería un choque de trenes a toda velocidad, porque rápidamente estarían compitiendo entre ellas por ganar la atención del entorno y eso sería insoportable para ambas.

Estrategias de Supervivencia Afectiva:

1. Dejarse invadir por el sentimiento del otro y no ofrecer resistencia. No poner límites y entregarse a una persona histriónica implica aceptar las consecuencias de una seducción constante y un amor que se manifestará segundo a segundo. Los que eligen esta estrategia de convivencia deben reunir dos condiciones: un buen estado físico y no ser claustrofóbicos. Los comportamientos que guían esta estrategia son:

• Tener paciencia si la persona histriónica/teatral tiene arranques de ira.
• No reprimir su expresión de afecto.
• Ser detallista, tanto verbal como materialmente.
• Jamás olvidar aniversarios y otras fechas importantes.
• Alabar y exaltar constantemente sus encantos y atributos.
• No intentar asumir posturas intelectuales y muy profundas.
• Brindarles cariño y amor sin límites.
• Dejar que llamen la atención cuando quieran.
• Acompañar su emotividad.
• Jamás rechazar sus acercamiento o decirle que “no”.
• No castigar sus pataletas.

2. Ponerle límites al amor hostigante y defender la autonomía personal. Los que deciden actuar acorde a una estrategia dura no aceptarán sentirse asfixiados por el amor. Tampoco se resignarán a tener una vida superficial y querrán que la pareja no haga el ridículo llamando la atención de manera inadecuada. Los siguientes comportamientos definen las estrategias de línea dura:

• No aceptar ningún tipo de manipulación, no importa las circunstancias.
• Marcar claramente el territorio y los propios espacios, y no dejar que la pareja los traspase.
• Ejercer el derecho a no expresar ni recibir afecto, dejando claro que hasta el amor requiere consensos.
• Confrontar a la pareja cuando intente llamar la atención en público.
• Tener actividades personales sin la compañía del otro.
• No dejarse atrapar por la seducción cuando uno no quiere.
• Criticar la superficialidad, si existiera.
• No resignarse a una vida sexual pobre.
• Equilibrar lo emocional con lo racional.

Como reconocer el estilo histriónico antes de enamorarse

¿Quién cae con más frecuencia en la telaraña histriónica? Las personas que poseen un esquema de ingenuidad/credulidad, cuya máxima es: “Quiero creer que te gusto de verdad”. Algunas de las siguientes pautas pueden servirte para identificar a las personas histriónico/teatrales:

• Son llamativas. Ya sea por su forma de vestir, su manera de hablar, sus movimientos o sus gestos.
• Se implican emocionalmente en todo lo que dicen y hacen.
• Siempre estarán pendientes de decir lo que esperas escuchar o de adularte exageradamente; incluso por cosas que no mereces halago.
• No conocen la discreción, así que es probable que a los pocos minutos de estar en algún lugar público, ella o él se conviertan en el centro de las miradas y comentarios.
• Son comunes frases como: “Es la noche más feliz de mi vida”, “Nunca había conocido alguien así”, “Soy una persona afortunada”. El problema no está en el contenido de las frases, que pueden ser ciertas, sino en la ligereza con que se dicen.
• Pese a la alharaca demostrativa, no es improbable que te estrelles contra un enorme “no”, si intentas pasar rápidamente del “juego seductor” al “juego sexual”. Habrás leído mal los códigos. Recuerda que para los histriónicos, “seducción” y “cama” no van ligados necesariamente, lo cual no quita que el acto pueda consumarse.

Cuándo la persona histriónico/teatral eres tú: algunas consideraciones

Cada quien posee una esencia que lo define y aceptarla es un signo de salud mental. Sin vanidad, sin adornos innecesarios, ser uno mismo en cuerpo y alma.

Como habrás concluido de lo dicho anteriormente tu autoestima deja mucho que desear: crees que vales por lo que aparentas y no por lo que eres. No niego que la simpatía y la apariencia física sean un ingrediente importante durante la conquista, pero no son ni definitivos ni contundentes para lo que sigue luego. Después de la conquista, en el cara a cara, obligado e inevitable, lo que pesará es tu ser, tu visión del mundo, tu ternura, es decir, la persona verdadera, sin camuflaje y sin la lógica decorativa que te caracteriza.

De ninguna manera critico la emotividad en sí. Pero reconozco que la capacidad de expresión se embellece con la participación de dos virtudes: la prudencia (la capacidad de discernir dónde, cómo y cuándo es conveniente hacer o dejar de hacer algo) y la sobriedad (no exagerar ni irse para los extremos). Es evidente que tienes dificultades para llevar a buen término estas dos virtudes, porque hay momentos en que las emociones te empujan a actuar sin moderación, sin importar el costo.

¿Qué hacer? Cultivar la sencillez, lo contrario del lucimiento. Y cuando hablo de sencillez no me refiero a lo simple o al sinsabor. Tu chispa debe continuar, pero acomodada al buen juicio.

¿Por qué eres así? Es posible que tus padres hayan reforzado en ti la conducta de llamar la atención o que tuvieras cerca modelos histriónicos a los que imitaste. Tampoco podemos descartar que hayas heredado un sistema nervioso altamente reactivo y sensible. Como verás, tu comportamiento es explicable. La ayuda profesional en tu caso es de buen pronóstico, porque se orientará a modular y regular tu estilo para que logres un equilibrio saludable.
 



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