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ESTILO AMOR OBSESIVO/COMPULSIVO PDF Imprimir E-mail
Escrito por WALTER RISO   

Amor Perfeccionista
Tomado del Libro Amores Altamente Peligrosos

“Si los celos son señales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo que el tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta”.  Miguel de Cervantes

Un sujeto obsesivo antes de hacer el amor pregunta: “Cerraste bien las ventanas? ¿Acuñaste las puertas? ¿Seguro que los niños están dormidos? ¿Te bañaste? ¿Te lavaste los dientes? ¿No te queda mejor el pijama amarillo? Debo ir al baño, ¿Te molesta si apago la luz? Vas bien con tus anticonceptivas, ¿no? ¡Qué tarde que se ha hecho! ¿Y si lo dejamos para la semana entrante?”. El culto al control. Nada satisface a un obsesivo/compulsivo porque siempre habrá algo que podrías haber hecho mejor: no importa qué tan eficiente seas, siempre te faltarán cinco centavos para el peso.

La carga del perfeccionismo hace que la relación se vuelva cada vez más solemne, amargada y formal, ya que la espontaneidad y la frescura serán vistas por el obsesivo como una falta de autocontrol de su pareja. No digo que el amor necesite un estado de euforia perpetua para estar bien, pero de ahí a convertirlo en un servicio de control de calidad, hay mucha diferencia.

 

La pesadilla de un amor rígido y meticuloso

La propuesta afectiva del obsesivo se estructura sobre la base de tres esquemas castigadores y limitantes: “te equivocas demasiado” (crítica/inculpación), “De ahora en adelante, yo tomaré las riendas” (responsabilidad ilimitada) y “Debo mantener mis emociones bajo control” (constricción emocional). En otras palabras, subestimación, golpe de estado y escasez de ternura. Muy difícil de aceptar para una mente relativamente cuerda.

“Te equivocas demasiado”. Si tu pareja cumple los requisitos de un obsesivo/compulsivo, serás inútil, incompetente e irresponsable hasta que no demuestres lo contrario y para “demostrarlo”, no tienes otra opción que ser perfecto o perfecta. Cosa juzgada. La ansiedad que genera este tipo de control es tanta que algunas víctimas prefieren convertirse al “obsesivismo”, con tal de evitar el peso de una fiscalización constante. Esta estrategia de supervivencia consiste en asumir el papel de “Obsesiva secundaria”, es decir, una obsesión subsidiaria, cuyo fin es contribuir a las necesidades del obsesivo principal. Sin duda, una suposición errónea, porque las manías del obsesivo seguirán incrementándose gracias a la obsecuencia de su pareja.

“De ahora en adelante, yo tomaré las riendas”. La percepción de que la pareja es ineficiente e improductiva, sumada a la propia incapacidad de delegar, hace que muchos individuos obsesivos asuman el mando y se hagan cargo directamente de todo lo que implica la relación: pagos, arreglos, balances, manejo del hogar, planificación de viajes, recreación, educación de los hijos, en fin, cualquier acción o decisión deberá pasar el filtro de la excelencia. Este “golpe de estado” a favor del alto rendimiento tiene, al menos, dos consecuencias negativas para cualquier relación afectiva.

En primer lugar, apoderarse de la marcha y articulación de la relación, excluye irrespetuosamente al otro, remarca su presunta inutilidad y lo ubica en un vergonzante segundo plano; de más está decir que este desplazamiento forzado termina generando frustración, ira y resentimiento.

En segundo lugar, y esto ya es un error de cálculo del obsesivo, tomar las riendas del “todo” implica asumir una responsabilidad “general”. Esto significa que, si antes el sufrimiento tenía lugar por las equivocaciones de su pareja, ahora la obsesión estará dirigida a su propia persona. La exigencia se transformará en autoexigencia, la crítica en autocrítica y el castigo en autocastigo. Rendirse cuentas a si mismo puede ser tan o más agobiante que rendirle cuentas al prójimo.

“Debo mantener mis emociones bajo control”. Uno de los miedos principales que mortifican a las personas obsesivas es que si dejan de ejercer el control mental sobre sus emociones se meterán en problemas o harán el ridículo. Este culto a la racionalidad los lleva a bloquear sus estados internos y a enfriar sus sentimientos.

Esta rigidez emocional es la principal razón por la cual la personalidad obsesivo/compulsiva muestra dificultades en el área sexual. La incomodidad que les provoca la expresión de emociones, la falta de espontaneidad y el miedo a perder el control los llevan a una disminución en el deseo sexual y a tener dificultades para alcanzar el clímax. Y es entendible, si consideramos que durante el orgasmo, el tiempo y el espacio se confunden locamente y las reglas de conducta se pierden en la más absoluta anarquía. Dicho de otra forma: los impulsos sexuales en el obsesivo casi siempre están en cuarentena.

¿Por qué nos enganchamos en una relación obsesiva?
La fascinación del “buen partido”

Podemos definir tres vulnerabilidades o necesidades básicas que facilitan el enganche con un estilo obsesivo/compulsivo: “Necesito a alguien eficiente a mi lado”, “Necesito a alguien que me encause por la buena senda” y “Necesito una pareja muy responsable y confiable”.

Incompetencia/fracaso: “Necesito a alguien eficiente a mi lado: El sueño de cualquier persona que se siente incompetente es tener a alguien a su lado que le resuelva los problemas de manera diligente y eficaz. El estilo perfeccionista atrae a los que se sienten inútiles, como el polen a las abejas. ¿Cómo resistirse a las palabras mágicas de un buen obsesivo? “No te preocupes, déjalo en mis manos” o “Yo me encargo, confía en mí”. Es el encanto del salvador o la salvadora que subsana la insuficiencia. El problema aparece después, cuando la alegría y el alivio iniciales se convierten en fiscalización y control. Esto ocurre cuando el “corrector de errores”, amparado en su historial de aciertos, pasa a ser el peor de los censores.

Autocontrol insuficiente: “Necesito a alguien que me encause por la buena senda”. Esta vulnerabilidad se da en personas que han tenido épocas de su vida con mucho descontrol y excesos conductuales y, en un momento dado, piensan que deben sentar cabeza y retomar el rumbo. Aquí es donde entra la “pareja terapeuta” quien, con su buen ejemplo, enseña el camino de la cordura y la contención. ¿Quién no ha escuchado alguna vez la siguiente declaración de amor/agradecimiento?: “Antes de conocerte, mi vida era un desastre, pero hoy, gracias a ti, soy otra persona”. Para alguien que quiere enmendarse de sus malas actuaciones y quitarse de encima los sentimientos de culpa, una persona normativa será vista como una oportunidad de redimirse, reiniciar el disco duro y hacer un  “examen de conciencia” a fondo.

Compromiso/lealtad: “Necesito una pareja muy responsable y confiable”. El impacto que los obsesivos producen es de coherencia y de cierta solvencia moral, lo que las hace especialmente apetecibles para quienes valoran el compromiso afectivo o lo necesitan para compensar antiguos fracasos. La responsabilidad compulsiva (rigurosa y fría), sin el equilibrio que genera la ternura y la flexibilidad mental, se convertirá inevitablemente en una forma de tortura.

Estrategias de supervivencia afectiva

1. Someterse al control obsesivo y reglamentar el amor. Veamos algunos de los comportamientos que definen estas actitudes:

• Ser tolerante y dejar que la pareja obsesiva continúe con sus hábitos. Ponerle al mal tiempo buena cara y ayudarse con el buen humor y la paciencia. Ser flexible con la inflexibilidad del otro para evitar confrontaciones.
• Tener una vida con pocos cambios y sin introducir novedades para evitar el estrés de la pareja.
• No esperar expresiones intensas de afecto y renunciar a una vida sexual interesante y variada. Resistir sin desanimarse y tratar de acostumbrarse.
• Evitar cualquier lucha por el poder, porque son muy hábiles para argumentar. Cada discusión los hará más fuertes. Si no ganan, empatan.
• Comprenderlos y seguirles la corriente o, si el amor es mucho, adoptar la función de “obsesivo secundario” y transformar el propio estilo de vida.
• Dejar que la pareja se encargue de los detalles.
• Tratar de cometer el mínimo de errores.
• Mantener una vida austera.
• Rechazar el ocio y hacer un culto al trabajo.

2. Rechazar las exigencias del amor perfeccionista y desordenar la vida cotidiana. Veamos algunos comportamientos que definen esta actitud:

• Ser espontáneo e impredecible
• Dejarse llevar por los sentimientos y no sólo por la razón y la lógica.
• Tomar el control sobre parte del dinero y darle el uso que se quiera.
• Despreocuparse por los detalles y dejarle espacio a la improvisación
• No controlar el humor y la risa, así se salgan de los causes “normales” de la adecuación y el buen comportamiento.
• Hacer del ocio una opción válida y constructiva.
• Producir cambios en la vida cotidiana (v.g. decoración, alimentos, vestimenta) y explorar lo nuevo libremente.
• No resignarse a una vida sexual y afectiva limitada y aburrida, y exigir las dosis adecuadas de amor y placer.
• Hacerse cargo de decisiones y actividades comunes, así al otro no le guste delegar funciones.
• Cometer los errores naturales sin disculparse ni comprometerse a ser perfecto.

Cómo reconocer el estilo obsesivo antes de enamorarse

No debes olvidar que estarás frente a lo que se considera “un buen partido”, boyante de virtudes aparentes y altamente apetecido por la cultura casamentera. Te recuerdo que el sujeto obsesivo no carece de cualidades, su problema es que las lleva al límite, las exagera y entonces se transforman en antivalores.

Algunas de las siguientes pautas pueden servirte como guía:

• Estará pendiente de los errores que cometas, así no te haga ningún comentario.
• Se quejará del servicio de donde estén, y buscará más los defectos que los aciertos.
• Su atención estará focalizada en los detalles y perderá de vista la totalidad de los hechos.
• Sentirás que hay un exceso de “razón” y un déficit “sentimental”: todo pasará por el tamiz de la racionalización.
• Tendrás la impresión de estar frente a una persona moralista.
• Si te sales de las normas en algún sentido, serás evaluada o evaluado como potencialmente peligroso.
• Si salen a comer, revisará la cuenta una y mil veces.
• No soportará que las cosas no estén en su sitio como “deberían”. Habrá un orden especial en su hábitat y en sus acciones.
• Se hará cargo de todo, te recomendará qué hacer y tomará el liderazgo.
• Podrás observar que nada queda al azar o la improvisación; todo estará perfectamente calculado.
• Notarás que es una persona de punto en blanco totalmente organizada en su vestimenta e incluso en sus movimientos.
• Será sumisa frente a la autoridad.

Cuando la persona obsesivo/compulsiva eres tu: algunas consideraciones

Queda claro que si no cambias, las personas que están a tu lado tendrán un costo emocional muy alto, debido al estrés que produce tu manera de ser. ¿Cómo quieres tener una buena relación afectiva, si limitas y pones bajo observación a la persona que amas como si fuera un experimento? Nadie resiste la dominación y la crítica permanente, ni siquiera tú mismo. La reacción natural al acoso perfeccionista tiene dos posibilidades: irritabilidad o escape.

Es posible que en tu pasado hayas estado sometido a una educación punitiva y extremadamente inflexible, donde tus padres hicieron del rendimiento el “buen comportamiento” y del autocontrol una forma de vida. La interiorización de estos patrones estrictos hace que las personas desarrollen miedo a salirse de las normas morales y psicológicas. Exagerar los principios es tan perjudicial como no tenerlos. Otra posibilidad es que hayas estado sometido a modelos altamente perfeccionistas, reales o imaginados. Dicho de otra forma: si tu educación estuvo determinada por un culto a la responsabilidad y un rechazo a los impulsos naturales, habrán encapsulado tu personalidad. No te tomes tan serio a ti mismo o a ti misma: la “solemnidad interpersonal” apaga el amor; la irreverencia juguetona lo reanima.

“si cierras la puerta a todos los errores, dejarás afuera a la verdad” Rabindranath Tagore



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