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ESTILO AMOR ANTISOCIAL/PENDENCIERO PDF Imprimir E-mail
Escrito por WALTER RISO   

El Amor Violento
Tomado del libro Amores Altamente Peligrosos

“¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto, tengo dentro de mí todos los demonios”.  Gilbert Keith Chesterton

Desde un punto de vista ético, se consideran “idiotas morales”, es decir, personas incapaces de reconocer los derechos de los demás. No es una buena carta de presentación para un pretendiente, menos aún, si tenemos en cuenta que estos individuos tienden a violar las normas sociales, son extremadamente impulsivos, irresponsables y, con frecuencia, presentan comportamientos fraudulentos e ilegales. Pero lo verdaderamente sorprendente es que consiguen pareja, se casan y tienen hijos.

La telaraña del amor maligno

La esencia del amor maligno es la cosificación del otro. Supone convertir  a las personas en objetos de uso múltiple y desprenderse de cualquier responsabilidad frente a la existencia ajena.

La telaraña afectiva del estilo antisocial se teje sobre la base de tres esquemas profundamente patológicos y dañinos: “No me interesan tu dolor ni tu alegría” (cosificación afectiva), “Te lo tienes merecido, ¿quién te manda a ser débil?” (desprecio/maltrato) y “No tengo ninguna obligación contigo” (irresponsabilidad interpersonal).

“No me interesan ni tu dolor ni tu alegría”. El antisocial se basta a sí mismo y, por eso,  cuelga a la gente de un llavero, la lleva y la trae como una “cosa”, sin esperar ningún tipo de aprobación. En general, el antisocial no necesita de la gente para fortalecer su autoestima. Los demás, por definición, son “superfluos” o prescindibles, a no ser que puedan ser utilizados en algún sentido.

“Te lo tienes merecido, ¿quién te manda a ser tan débil? La dominancia total conlleva tanto al menosprecio como al desprecio por el otro. Aunque ambas palabras pueden considerarse sinónimos, vale la pena hacer una diferencia de grado en lo que a rechazo se refiere. Por ejemplo, el narcisista tiende a menospreciar (“Soy más que tú y tú vales menos”), pero el antisocial tiende más a despreciar que a subvalorar al otro (“Estoy por encima y tú no vales nada”). Volvemos a la cosificación del prójimo como filosofía de vida. Amar a un antisocial es morir dos veces: como persona jurídica, ya que pierdes el “derecho a tener derechos”, y como sujeto moral, porque destruyes tu identidad y te despersonalizas.

Después de un tiempo de relación, las parejas de los antisociales pierden su energía vital y se tornan extremadamente conformistas y resignadas a su suerte. En ellas,  se manifiesta una curiosa forma de disociación mente-cuerpo: saben que deben escapar y salvarse, pero su físico no reacciona.

“No tengo ninguna obligación contigo”. La culpa o el remordimiento no tienen cabida. Los efectos negativos y destructivos que sus acciones tienen sobre los demás no son procesados correctamente: “Lo hecho, hecho está”. La idea del compromiso no existe y menos aún el concepto de las obligaciones adquiridas, llámense laborales, conyugales o económicas. No escucharán reclamos, porque no se asume como propia la competencia ni la conciencia del hecho.

 

¿Por qué nos enganchamos en una relación antisocial?
La seducción del guerrero

Para comprender por qué una persona aparentemente sana e inteligente se engancha en una relación antisocial, hay que considerar estas tres necesidades:

Debilidad crónica: “Necesito una pareja que me defienda”. Algunas personas no buscan a quien amar, sino un guardaespaldas afectivo. Los que se sienten incapaces de enfrentar la vida por sí mismos necesitan a alguien que les garantice una base segura en la cual se sientan protegidos.

En determinados grupos sociales donde la violencia forma parte de la vida cotidiana, las personas antisociales suelen ser las más apetecidas por el sexo opuesto, ya que tienen mayores posibilidades de sobrevivir. En este caso, el amor será un tanto utilitarista porque estará directamente relacionado con la posibilidad de defenderse de los agresores. Y si subimos de estrato social, la cosa no cambia mucho, aunque adopta una presentación más elegante. Aquí la dureza física se reemplaza por la dureza en los negocios y la capacidad de liderar grupos financieros y comerciales. Da lo mismo; mientras existan personas que se consideren frágiles en algún sentido o desamparadas, los que aparecen ser “seguros de sí mismos” y exitosos serán altamente cotizados en el mercado afectivo.

Depreciación del miedo: “Necesito a alguien valiente a quien admirar”. Los antisociales más que valientes son temerarios, no evalúan el peligro real y convierten la audacia en una actitud irresponsable que pone en peligro la integridad propia  y ajena. No es difícil deducir que si una persona deprecia el miedo y lo ve como un síntoma de flaqueza, considerará la actitud temeraria del antisocial como un atractivo interesante.

Adicción al peligro: “Necesito sentir emociones fuertes”. Las personas antisociales, al igual que algunas personas muy extrovertidas, necesitan tener emociones intensas para sentirse vivas y “equilibradas”: les gusta oír música en los más altos decibeles, manejar rápido, ensayar distintos tipos de drogas, tener sexo fuerte o lanzarse en paracaídas, en fin, si pudieran vivir en una montaña rusa lo harían. No sólo tienen una baja tolerancia a la frustración, que los lleva rápidamente a la agresión, sino que también mantienen una baja “tolerancia al aburrimiento” que los impulsa a buscar conductas extremas para sentir más. La estimulación plana, predecible y calmada los estresa y los descompensa; de ahí su adicción a los peligros.

Estrategias de Supervivencia Afectiva

1. Entregarse a las pretensiones del estilo antisocial y aceptar la esclavitud como forma de vida. La creencia que rige este grupo de comportamientos es como sigue: “Si le doy gusto en todo y acepto su manera de ser sin chistar, descubrirá que me ama”. Veamos algunos comportamientos que definen esta actitud:

• No proponer nada que sugiera una relación estable y comprometida.
• Frenar el maltrato por las buenas, mostrándoles que existen otras maneras de relacionarse.
• Aceptar que uno estará solo para enfrentar la vida cotidiana, ya que el otro no se hará responsable de las consecuencias de su comportamiento.
• Tener una gran autoestima para soportar los ataques y la depreciación.
• Estar dispuesta o dispuesto a experimentar cosas nuevas y variadas a nivel sexual, así no sean agradables o vayan en contra de sus principios.
• Acostumbrarse a las emociones fuertes y a tener actividades riesgosas de todo tipo.
• No oponerse a la infidelidad de la pareja, si la hubiera.
• No esperar expresiones de afecto ni manifestaciones de ternura.

2. Poner a la pareja antisocial en su sitio y asumir el riesgo del contraataque. La mayoría de los que han intentado “poner a un antisocial en su sitio” han tenido que recurrir a las autoridades debido a la violencia del otro. Es más o menos como querer domesticar un dinosaurio. Y no estoy exagerando: las consecuencias para quienes se lanzan al ruedo con estos personajes son altamente peligrosas. Si lo que pretendes es restablecer el orden y equilibrar la relación por lo sano, encontrarás que no hay lado sano; cualquier intento de rebelión será repelido con agresión física o psicológica (recuerda que en el individuo antisocial ni la culpa ni el remordimiento anticipado frenan o modulan su comportamiento).

La conclusión es, evidentemente, pragmática: no tiene mucho sentido que emprendas una cruzada para humanizar a tu pareja y enseñarle que además de no castigarte debería ser sensible a tus necesidades.
 

Cómo reconocer el estilo antisocial antes de enamorarse

Hay cierto desparpajo en la conquista antisocial. Durante el proceso de seducción, en el antisocial, se producen dos fuerzas encontradas: la impulsividad que lo lleva a “tomar lo que quiere” sin consideración alguna y la conciencia de que cualquier aproximación con el sexo opuesto implica persuadir y cautivar al otro por las buenas. Algunas de las siguientes pautas pueden servir como guía:

• No será capaz de ponerle freno a la diversión y a las emociones placenteras.
• Buscará compartir actividades extremas e involucrarte en sus juegos. Querrá convencerte de las ventajas y de lo maravillosos que es tener experiencias al límite.
• Intentará tener sexo apresuradamente y de un modo poco convencional.
• Mostrará poco interés en lo que piensas y sientes. Se concentrará en aquellos aspectos tuyos en que pueda obtener placer o algún beneficio.
• Son mentirosos y manipuladores. Así que hay que estar muy pendiente: recuerda que para ellos el fin justifica los medios.
• Es posible que viole alguna regla o norma tranquilamente.
• Le gusta mostrar su poder y deslumbrar al otro, por lo que hará alarde de su poderío, fuerza o valentía.
• Sentirás una mezcla de atracción y miedo que no podrás descifrar fácilmente.
• Muy rápido, te darás cuenta de que te tratan como un objeto.

Cuando la persona antisocial/pendenciera eres tú: algunas consideraciones

Es posible que hayas estado sometido o sometida a negligencia, indiferencia u hostilidad de parte de tus padres. La ausencia de una figura de autoridad o haber estado cerca de modelos delincuenciales también podría haber colaborado en la conformación del patrón antisocial. Para resumir: todo lo anterior pudo crear en ti la imagen de un mundo frio y peligroso, en el cual debías sobrevivir a cualquier costo. Bastarte a ti mismo o a ti misma.

No pretendo hacer un análisis complejo de tu situación, porque no es el objetivo del presente texto, pero sí me gustaría decirte que podrías intentar vivir mejor y sin lastimar a los demás. Vale la pena. La existencia sería menos cruel para ti y para los que te aman. Y quizá, sólo quizá, logres sacar a tu pareja del estatus en el cual la has ubicado y descubrir que no es una cosa, ni es superflua. Los que te aman son personas con derechos, y si los violas, la ley irá tras de ti. La gente tiene quien la defienda, afortunadamente. Es mejor ser amigo que enemigo.

“Jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es”.  Charles Baudelaire



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