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ESTILO AMOR LIMÍTROFE/INESTABLE PDF Imprimir E-mail
Escrito por WALTER RISO   

El Amor Caótico
Tomado del libro Amores Altamente Peligrosos

“No hagas con el amor lo que un niño hace con su globo: cuando lo tiene juega y cuando lo suelta llora”.  San Agustín

Una persona con estas características será impulsiva, emocionalmente inestable, paradójica, caprichosa, insegura, autodestructiva y con tendencia a crear adicciones, entre otras conductas disfuncionales. Su temperamento será impredecible y explosivo. Un cóctel de sensaciones y emociones fuera de control donde el amor será cada día más caótico y desesperante. Quienes cruzan la raya ignorando las señalas de peligro saldrán mal librados.

Al filo de la navaja

Las parejas de las personas limítrofes se describen a sí mismas como viviendo en el filo de la navaja, porque cualquier intento de mejorar la relación parece empeorarla. Las palabras claves de este estilo son: indefinición e inestabilidad. Hoy te querrán con locura, y mañana no voltearán a mirarte; hoy compartirá contigo sus proyectos de vida, y mañana ni uno; hoy tendrá pánico al abandono, y mañana te pedirá que te vayas. En el lapso de 24 horas, cualquier cosa puede pasar.

Los que, pese a todo, deciden involucrarse con un estilo limítrofe/inestable deberán enfrentar, al menos, los siguientes esquemas enfermizos: “No sé quién soy, ni qué quiero” (identidad fragmentada); “No puedo vivir contigo ni sin ti” (abandono-desconfianza); “Te amor y te odio” (inestabilidad/emocional).

“No sé quién soy ni lo que quiero”. Cuando estamos “solos”, el “yo” se reconoce y se revisa. Allí, el diálogo interior se hace más fuerte, así como la autoevaluación y el autoconocimiento. Pero para una persona limítrofe/inestable, esta experiencia de estar cara a cara con uno mismo puede resultar especialmente aterradora. La soledad representa para ella estar frente al más absoluto vacío existencial.

Cuando alguien nos ama y nos sentimos merecedores, ese amor se refracta en nosotros, lo tomamos y lo incorporamos a lo que somos sin tantos problemas. Pero si no hay autoestima suficiente o no poseemos un “yo” bien estructurado, esa información afectiva no será procesada adecuadamente: pensaremos que el amor que nos profesan es dudoso o poco creíble.

“No puedo vivir contigo ni sin ti”. Los problemas de identidad que señalé antes acarrean indefectiblemente un profundo miedo a la soledad y al abandono. Sin embargo,  en el caso del estilo afectivo limítrofe, este abandono se engancha, paradójicamente, a un miedo a la intimidad: “Quiero estar contigo, pero no creo en ti”. Miedo a enamorarse y ansiedad de separación, todo en el mismo saco.

En esta paradoja del amor caótico, se mezclan tres esquemas disfuncionales operando a la vez: “Soy débil y vulnerable” (dependencia/incompetencia), “La gente es mala y peligrosa” (desconfianza/abuso) y “Soy un fraude” (fracaso/baja autoestima). No es de extrañar que una de las preocupaciones más comunes de las parejas de estas personas sea: “Con cuál personalidad me las tendré que ver hoy?”.

“Te amo y te odio”. La visión del estilo limítrofe se mueve entre polaridades: todo o nada, bueno o malo, éxito o fracaso. Las interpretaciones extremas de hechos que podrían ser considerados intermedios producen respuestas emocionales dispersas y aparentemente caprichosas.

 

¿Por qué nos enganchamos en una relación limítrofe?
El encanto de la paradoja

Espíritu masoquista, aburrimiento crónico, enamoramiento patológico, en fin, la energía de las personas con estilo inestable pueden agradar a todo aquel que busca emociones fuertes.

Las personas con un estilo limítrofe pueden resultar muy atractivas cuando se conectan al modo estable de su personalidad. La energía que despliegan, el buen humor, la inteligencia y la liberalidad en sus comportamientos seducen a más de uno.

Cuando las personas limítrofes se apaciguan por momentos o días, sus parejas generan la ilusión de que el “lado malo” desaparecerá y será reemplazado espontáneamente por “el lado bueno”. Pura esperanza infundada. La disociación psicológica y afectiva del amor caótico siempre necesita ayuda profesional.

¿Podemos relacionarnos saludablemente con una persona limítrofe?

Con la terapia debida, quizás mermen las explosiones emocionales y el tornado se degrade a una tormenta tropical más manejable. No habrá un tsunami devastador, pero sí inundaciones. Cada quien decide hasta dónde aguantar. Insisto en un punto: aunque la ayuda psicológica y/o psiquiátrica permitan reacomodar en parte la mente de la personalidad límite, en las relaciones afectivas es donde menos se verá el impacto, porque ese es su talón de Aquiles. Es en la intimidad donde más afloran sus verdaderos problemas.

Cómo reconocer el estilo limítrofe antes de enamorarse

No creo que haya que desarrollar habilidades especiales para identificar este estilo. La personalidad límite no tratará de esconder su manera de ser; por el contario, se mostrará abierta y desfachatadamente. Es posible que logren detectarse de inmediato fluctuaciones emocionales, la necesidad de agradar y algunos comportamientos paradójicos y contradictorios. Estarás ante una mezcla de seducción, extravagancia, emoción desbordada, y una sinceridad que te impactará sin duda. Es probable que cierto espíritu contestatario salga a flote en el momento menos pensado y te empiecen a contradecir sin razón aparente.  También podrás sentir cierta manipulación cuando hables de temas afectivos, en el sentido de querer llamar la atención y tenerte bajo su control.

Cuando la persona limítrofe/inestable eres tú: algunas consideraciones

Comprendo cómo te sientes. La vida te parece un caos existencial indescifrable. La experiencia de la soledad puede resultar aterradora si no hay un “sí mismo” que se haga cargo, si no sé quién soy y si no tengo metas. Te habrás dado cuenta de que tu manera de manejar las emociones es insuficiente e inadecuada y que la ambivalencia en la que te encuentras te lleva a herir los sentimientos de la gente que dices amar y a lastimarte a ti mismo o a ti misma. Todo el mundo sale afectado. Si te auto-observas con cuidado, descubrirás que, a la larga, tú eres quien construye el nicho en el que estás: por ejemplo, cuando terminas una relación que anda bien sin tener claros los motivos, o cuando torpedeas tus propios logros en diversas áreas porque quieres auto-castigarte. ¿Por qué tanto miedo al abandono? Porque no te quieres lo suficiente. ¿Por qué tanto miedo a la intimidad? Porque anticipas el abandono. Es evidente que tus estrategias para retener el amor no son las más adecuadas. Manipular, chantajear y amenazar producen exactamente el efecto contrario. Ya lo debes haber vivido en carne propia.

Definir un “yo” sólido, concretar metas claras, aprender a regular tus emociones extremas, resolver el conflicto frente al desamor, son algunos objetivos que debes solucionar para poder alcanzar una vida afectiva relativamente “normal”.

¿Por qué eres así? Los motivos pueden ser múltiples. El estilo limítrofe no tiene una sola causa explicativa, sino un paquete complejo de variables. Si examinas tu pasado es muy probable que encuentres problemas afectivos en tu infancia o unos padres altamente conflictivos, lejanos o que no hayan tenido un compromiso afectivo con tu persona. También es importante que tengas en cuenta que entre un 70 y un 80% de las personas limítrofes han sufrido de abuso sexual o físico. Si miras hacia atrás, entonces, quizás encuentres algunas alteraciones, pero ten en cuenta que el pasado no te condena de manera radical, quizás restrinja o complique tu crecimiento psicológico, pero puede reestructurarse en muchos aspectos.

¿Qué hacer con tu pareja? No hacerla sufrir. Que ese sea tu compromiso. Abrirte al amor de tu pareja te producirá alivio; confiar en ella hará que tu conflicto atracción-repulsión disminuya. No tienes por qué involucrar a la persona que más quieres en tu problema. Que te ayude, si le nace, pero no la hundas contigo en el intento. No hagas de tu relación una excusa para lesionarte y lesionar. El amor no está hecho para eso.



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