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TRIANGULOS AMOROSOS ETERNOS PDF Imprimir E-mail
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Escrito por JUDY HALL   

Tomado del libro El Enigma de las Almas Gemelas

“Sé que los dos aceptamos que si llegáramos a necesitar explorar una deuda kármica con alguna persona que conocimos en el pasado, podríamos dormir con ella, y que si hubiera sueños para soñar con ella, podríamos dormir juntos”. Julie Felix

Tal vez una de las experiencias más dolorosas para las almas gemelas sea la del triángulo eterno. Existen muchas historias y mitos acerca de esta vivencia tan ubicua. Cleopatra, Marco Antonio y su esposa Octavia la protagonizaron en las cortes romana y egipcia. El rey Artur0, su esposa ginebra y Lancelote, el amante de ella, representaron una historia similar en la corte de Camelot; Carlos, Diana y Camilla, en la actual corte de Isabel. Mucha gente personifica esta historia en su vida cotidiana.

Puede que el triángulo se remonte a vidas pasadas y, como luego veremos, es muy probable que los participantes cambien de sexo a medida que el triángulo se arma y desarma; sin embargo, los aspectos básicos de la historia varían.

La primera de las siguientes aventuras, es la de tres personas que encarnaron en esta vida como mujeres y se enredaron en un complejo triángulo lesbiano:

“Con Suzanne fuimos amantes durante casi dos años. Yo venía muy desilusionada luego de tres fracasos amorosos y estaba rendida en lo emocional. Me aferré enseguida a la personalidad decidida de Suzanne. Me parecía algo natural seguir sus impulsos saturnianos. Ella tenía sus ideas bien definidas acerca de cualquier tema. Se enojaba cuando yo leía durante el desayuno porque decía que no era de buena educación. Me citaba en algún lugar si tenía que discutir alguna cuestión conmigo. Se hizo cargo de mi carrera, que estaba decayendo, y la levantó. Y si se le ocurría salir a acampar, ella misma se encargaba de controlar que compráramos las mochilas, las bolsas de dormir y los equipos adecuados.

Desde hacía bastante, todos los años me tomaba dos semanas en mayo para viajar a la isla de Lesbos, donde participaba de un curso intensivo de yoga. Había decidido que por más que estuviera involucrada en alguna relación, esos días los iba a reservar para estar conmigo misma y compartir mi tiempo con otras personas practicantes de yoga, aunque sin complicarme en ninguna interacción personal. La vez en que, después de haber estado diez días en la isla, Suzanne me dijo que vendría a Lesbos para acompañarme, no supe qué decirle, pero al final acepté. Es que en esos diez días previos, yo había conocido a Lisbet.

Había un vínculo muy fuerte entre Lisbet y yo, pero yo sabía que estaba jugando con fuego, porque en unos días aparecería Suzanne. Lisbet, que tiene dotes parapsíquicas, descubrió que ella yo éramos almas gemelas. Cuando llegó Suzanne, quise portarme como si nada nuevo hubiese pasado, pero por supuesto, no había sido así. Yo estaba con ella pero mi espíritu estaba con Lisbet. Al final tuve que afrontar la situación y admití que me sentía atraída hacia Lisbet, pero le expliqué a Suzanne que sólo era atracción lo que había entre nosotras y que no quería que por eso hubiera que terminar nuestra vieja relación. La verdad es que no estaba preparada para lo que vino después. Suzanne se volvió completamente loca y se dispuso a propinarme su castigo con la misma dedicación que ‘la bruja malvada’ de los cuentos de hadas.

Lisbet tenía un carácter mucho más mercuriano que saturniano. Su personalidad solar contrastaba a la legua con la de Suzanne. Un sueño que tuve me hizo ver la situación desde una óptica interesante. Se trataba de una visión que, según creo, me revelaba una vida anterior. En esa vida, yo era mujer, y tanto Lisbet como Suzanne era varones. No sé en qué época del pasado transcurrió, pero fue en una isla de la Polinesia, llena de palmeras y con la luna alumbrando la espuma del mar.

Yo era una chica que provenía de lo que sería el equivalente a una ‘familia respetable’. Suzanne era un joven cuyos padres eran amigos de los míos. Se convino entre las familias el matrimonio y me casé con Suzanne (en su versión masculina). El era un joven ambicioso, con normas estrictas sobre qué era correcto y qué no. Lisbet era un muchacho que no se había criado conmigo. De chicos habíamos ido juntos a nadar y a treparnos en los árboles, y habíamos tenido nuestros escondites secretos donde hacíamos realidad nuestras fantasías. El era el hijo de un pescador y nadie lo consideraba como candidato a ser mi esposo. Después de casarme con Suzanne sufrí una gran depresión y me sentí muy sola. Hasta que empecé a verme con ese amigo de la infancia (Lisbet) a escondidas. Salíamos a nadar a la luz de la luna, y pronto se convirtió en mi amante. Tiempo más tarde, mi esposo (Suzanne) descubrió que le era infiel. Me golpeó, me insultó con palabras espantosas y me prohibió volver a ver a Lisbet.

En esta vida, luego de varios intentos frustrados de reconciliación, Suzanne y yo decidimos separarnos. Al poco tiempo, Lisbet se convirtió en mi amante. Aunque ya no estemos juntas, sigo considerando a Lisbet como mi alma gemela, mi eterno ‘hermano-hermana’. ¡Algún día lo sabremos!”

Vino a verme tanta gente con historias semejantes que empecé a sospechar que, sí o sí, algo debía de estar ocurriendo a través de los tiempos. En una meditación inquirí dónde había comenzado todo: “Divisé triángulos suspendidos en el aire. Una voz me anunció que estaba por presenciar el nacimiento de los ‘triángulos eternos’. Al parecer esto sucedió en un planeta lejano a la Tierra. Era un lugar desértico, de colores extraños y ultramundanos, que variaban entre los azules y grises pizarra, el amarillento de la arena y el ocre, como si fuera un crepúsculo egipcio. Los seres que habitaban este sitio parecían humanos, pero no eran tan sólidos. Flotaban en el aire como si fueran etéreos o caminaban casi sin pisar el suelo. La reproducción consistía en la fisión binaria. Simplemente, cada ser se dividía en dos (igual que las almas gemelas de Platón). En ocasiones sagradas, se unían dos seres y engendraban un cuerpo en el cual encarnaría algún alma muy especial. El ser nacido de esa unión era una ‘divinidad’. En otras palabras, la unión sexual era un acto sagrado reservado para fines particulares. La procreación formaba parte de la vida cotidiana, pero de una vida cotidiana muy distinta a la terrenal.

Se produjo una catástrofe o algo así. No era fácil entender qué había ocurrido. Muchos murieron. Era como si la región hubiese quedado devastada por una explosión nuclear; sólo quedaban escombros. Desde ese momento, en lugar de dividirse en dos, muchos seres empezaron a separarse en tres. De esta separación, quedaban un ‘par’y un ‘intruso’, quien estaba condenado a buscar su lugar por siempre. Los pares se cerraban entre sí por impulso natural y dejaban afuera al intruso. Por más que los intrusos a veces intentasen relacionarse entre sí, siempre buscaban un espacio en su triángulo original, que era el único lugar donde se sentían a gusto. Ese fue el origen del ‘triángulo eterno’. La voz me explicó que muchas almas han trasladado esta relación a la Tierra, y a lo largo del tiempo han asumido distintos roles y sexos con el objeto de disolver la división original”.


Entendí que se trataba de una visión alegórica más que de un hecho real, pero a partir de entonces, han sido varios los que me narraron la misma visión y dijeron estar seguros de que todo había ocurrido realmente en algún planeta lejano a la Tierra. Yo en lo personal no me inclino por uno u otro veredicto, pero sí puedo decir que me sirvió para comprender por qué tanta gente queda atrapada en eso que se asemeja a un triángulo eterno. Por lo que tengo entendido, no siempre se trata de una atracción entre las tres partes originales. Es muy probable que uno de los tres protagonistas de este cuento sea un “intruso” que intenta encontrar un sitio que le sea propio; en tal caso es probable que el triángulo dure sólo una vida, aunque quizás sus efectos se extiendan más allá en el tiempo. La incidencia en el largo plazo dependerá de si los miembros de la pareja inicial son almas gemelas o no. Una situación típica en los triángulos es la de dos personas que se casan y luego aparece en escena el alma gemela de uno de los dos o la tercera parte del ser original.

Para la época en que visualicé la imagen de los triángulos, estaba trabajando para David Icke, un “Gurú de la Nueva Era” y canalizador de energía; mi misión era encontrarle el sentido a la relación entre él, su esposa Linda, y Mari Shawson, otra canalizadora de energía que había iniciado una relación sexual con él, supuestamente como parte de un ejercicio para sanar el planeta. Tanto él como Mari habían recibido instrucciones superiores de recorrer el mundo combinando su energía sexual para sanar los sitios energéticos más importantes del globo. David comentó que al principio se resistió a la idea por amor a su esposa, pero una voz le dijo: “Ya han hecho en un plano etéreo, ahora deben hacerlo en el plano físico”. Y finalmente cedió.

Como es natural, esta situación no le gustó nada a Linda, que tuvo a Mari viviendo en su casa casi un año, mientras se materializaba el triángulo eterno y se iban escribiendo las páginas del libro Love Changes Everithing (El amor todo lo cambia). Según David Icke, la experiencia estrechó aún más sus lazos con Linda, por más que Mari haya hecho todo lo posible para dividirlos. Para Mari, David le había prometido que abandonaría a Linda y le había manifestado que ellos eran almas gemelas destinadas a estar juntas. Mari tuvo un bebé, y luego Linda quedó embarazada. Parecía que se había armado un embrollo kármico. Las acusaciones volaban de un lado para otro, y la prensa se hacía un festín con ellos. Los tres tenían las cartas astrales muy emparentadas entre sí. Era imposible separarlos en términos astrológicos; tenían tantas conexiones en sus cartas astrales, que en cualquier combinatoria tomando de a dos se extraerían almas gemelas.

El suyo no era un fenómeno novedoso de ninguna manera, ellos era sólo una pareja más entre las muchas parejas con vínculos espirituales que, más o menos para la misma época (1991-92), vivieron situaciones semejantes. Sólo unas pocas de ellas vinieron a verme, pero en cada una, yo veía un antiguo contacto que se renovaba, un viejo esquema que se cerraba. Muchas veces parecía cosa del destino. Un tercero que aparecía y arruinaba la relación. Con frecuencia, ese tercero aparecía y arruinaba la relación. Con frecuencia, ese tercero catalizaba tensiones ya existentes: destruía la pareja y se marchaba, dejando tras su paso dolor y conflictos pero también una puerta abierta para el crecimiento y el cambio. En algunas oportunidades, uno de los dos se iba con la nueva pareja y dejaba al otro o la otra lleno o llena de pena. Cada trío resolvía el dilema a su propio modo, pero muchos lo tomaron como el puntapié inicial hacia una nueva forma de vida. La visión que yo había tenido no había servido de mucho para clarificar los casos individuales, pero con el tiempo surgiría más información acerca de estos triángulos.

La astróloga Patricia Gillinghan recibía las enseñanzas de un ser del más allá y las canalizaba. Ese ser le hablaba de las “triadas de almas”. Decía que había numerosos tríos (tríadas), que habían sido creados mucho tiempo atrás. Esos tríos se habían unido a lo largo de la historia y ahora muchos de ellos encarnaban en la Tierra para cumplir alguna misión específica. Al parecer, David, Linda y Mari formaban una de esas tríadas. Como escribió el mismo David con respecto a los triángulos en varios centros energéticos importantes de la Tierra: “Una punta del triángulo atrae las energías positivas, otra, las negativas, y la tercera armoniza las otras dos. Es la misma tercera punta la que armoniza las energías físicas y espirituales.”

 

Ocasionalmente, ocurre en las relaciones terrenales que el tercero lleva armonía a los otros dos. Pero no siempre es el caso. A veces el cambio implica  una fragmentación. David y Linda siguieron juntos luego de lo acontecido con Mari. Mari se había inmiscuido en la pareja, hizo lo suyo y se fue. En muchos otros casos, o bien la pareja se disolvió, o de alguna manera el “infiltrado” se acomodó entre los otros dos. En algunas ocasiones, por ejemplo, quedaron formadas dos parejas con dos hogares, en otros, los tres convivieron juntos. Algunos opinan que los tríos siempre existieron. Recuerdo que una vez leí la historia de una mujer que vivía con dos mellizos. Pasaba que no podía decidir con cuál quedarse, ya que amaba a los dos por igual. A su vez, los dos la amaban y no estaban celosos entre sí. Los tres vivían juntos y felices, y hasta compartían la cama.

El contacto de Patricia Gillingham le explicó que las tríadas se simbolizaban con los planetas: Neptuno era el amor, Urano la fuera de voluntad y Plutón el poder. Todos llevamos adentro esos “dioses” planetarios, que desarrollan sus dramas arquetípicos, a veces con nuestro expreso consentimiento, a veces no. Según el contacto de Patricia, las almas armonizaban cada una con uno de esos planetas y se trataban en una lucha arquetípica entre el amor, el poder y la fuerza de voluntad. La astrología esotérica propone una noción similar, en la cual cada alma se alía con un rayo, que a su vez obedece a las órdenes de un planeta. Los distintos rayos interactúan hasta alcanzar la armonía.

Del esquema simbólico que había visualizado se desprendía que tanto las relaciones de almas gemelas como los triángulos eternos influían sobre los vínculos actuales y que mucha gente estaba envuelta en alguno de los dos esquemas. Alguien me contó que el origen de las almas gemelas se remonta a los seres andróginos que habitaban las antiguas Atlántida y Lemuria, que se “dividieron” durante la catástrofe. Poco parecía importar si ésta era una noción simbólica o no. Era una metáfora que representaba una verdad psíquica. Nos pasamos la vida buscando “allí afuera” eso que, a la larga debemos reconocer en nuestro interior, esa parte de nosotros que se nos separó o se proyectó en una realidad que, como está “afuera”, nos parece inaccesible. Sólo lograremos encontrar nuestra alma gemela, o las puntas restantes del triángulo, en la integración de nuestras propias energías interiores.
 



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