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AMISTAD AMOROSA PDF Imprimir E-mail
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Escrito por WALTER RISO   

Tomado del libro Ama y No Sufras

Una mujer Kung san del desierto africano de Kalahari explica lo siguiente: “Cuando dos personas están juntas por primera vez, sus corazones están abrazados y su pasión es muy grande. Después de un tiempo el fuego se aplaca y es así como permanece. Continúan amándose el uno al otro pero de una forma diferente: cariñosa y dependiente”.

Algunos expertos en el tema del divorcio sospechan que las altas tasas encontradas en las últimas dos décadas están relacionadas en parte con la excesiva importancia que se otorga al amor romántico. En la India, por ejemplo, y no es para desanimar a los enamorados, los matrimonios que están basados exclusivamente en el amor romántico reportan menos amor que los “matrimonios concertados”, al cabo de cinco años. Parecería que el sentimiento de amor romántico sigue en un curso similar al de cualquier emoción primaria: sube, llega a una fase de meseta y luego tienden a extinguirse.


Si alguien me dijera: “Te amaré toda la vida”, antes de ponerme contento, preguntaría: “¿De qué amor me hablas?”, y luego agregaría: “Si te refieres al “amor como estado”, es decir, al amor pasional de eros, pensaría que estás comprometiéndote con algo que no vas a poder cumplir, que me estás tomando del pelo o simplemente que tienes una idea distorsionada o sobrevalorada del amor: demasiado optimismo para mi gusto. Pero, si a lo que aludes es al “amor en acto”, es decir, al amor trabajado, construido y ejecutado en el día a día (philia), podría llegar a creerte, porque el cumplimiento de la promesa dependería de ti, de tu voluntad y no de un sentimiento. ¿Podrías entonces aclararme a qué amor te refieres?”. Es probable que la persona interesada no vuelva a aparecer.

Pretender ser amigo anónimo de alguien no deja de ser una estupidez: “Soy amigo de Carmen, pero Carmen no lo sabe”. El amigo se nota, hace bulla, se manifiesta porque ésa es su esencia. Philia es afecto declarado, evidenciado en el vínculo y, por tal razón, lo que se hace en concreto es lo que finalmente define la amistad: eres amigo en la medida en que te comportas como tal, no basta con sentirlo.

La philia se aprende y “se hace” sobre la marcha. No sólo “hacemos el amor”, también “hacemos la amistad” en términos afectivos. La experiencia de amistad es tan reveladora en sí misma que no tenemos un lenguaje especial para explicar su conformación y afianzamiento. Si alguien nos dijera: “Ayer mi pareja y yo “hicimos la amistad”… Compartimos una buena película, cocinamos juntos, nos reímos, cantamos, leímos poesía y nos confesamos algunos sueños no realizados aún”, pensaríamos que no está bien de la cabeza.

“Hacer amistad”, de eso se trata la vida de pareja regulada por philia. Es la alegría. ¿Alegría de qué?: de que la persona amada ronde nuestra vida. “Amar es la alegría de que existas”, dice Comte-Sponville, inspirándose en Spinoza. Yo supongo que cuando dos personas coinciden en semejante declaración de amor, el universo entero tiembla, ya que el amor recíproco y coincidente siempre tiene algo de milagroso. Cuando cada uno se alegra de que el otro exista, ¿habrá mejor suerte, mayor dicha?

Pablo era un hombre que pasaba por la tenebrosa crisis de los cuarenta. Se había casado hacía quince años y aunque llevaba una vida relativamente aceptable con su esposo y sus dos hijos preadolescentes, sentía que la rutina le estaba tomando ventaja. Su mujer era una buena compañera, pero él necesitaba emociones más fuertes: “Ya no vibro, el tedio me consume… Ella es una excelente mujer pero nuestra vida es desabrida… Sigue siendo atractiva, pero se ha perdido el encanto, no hay entusiasmo ni sorpresa… Todos los días son iguales: llego de trabajar, ella habla con sus amigas y yo me pego al televisor o al internet… Los sábados salimos a comer afuera y los domingos vamos a la casa de mis padres…”.

Unos meses atrás Pablo había conocido una mujer catorce años más joven que él, mucho más fogosa y energética que su esposa. Así que no tardó mucho en apegarse a ella. Poco a poco se fue alejando de su familia hasta que un día decidió separarse e irse a vivir con su joven amante. Pero la cosa no fue tan fácil. Pese a los buenos pronósticos, la experiencia no resultó como se pensaba. No es lo mismo verse dos veces por semana en un motel de la mano de eros o escaparse un fin de semana a la playa a disfrutar del sol, que convivir con la persona de tiempo completo o incluso de medio tiempo.

Después de algunas semanas de convivencia, Pablo hizo un descubrimiento que lo dejó de una pieza: ¡su nuevo consorte le generaba estrés! Era demasiado acelerada, no entendía sus necesidades y parecía incansable cuando de diversión y placer se trataba. Odiaba la televisión, lo mimaba poco y no era muy amable con sus amigos. La amaba más de la cintura para abajo que de la cintura para arriba. Muy pronto eros comenzó a verse afectado.

Un día cualquiera fue a buscar a uno de sus hijos y la ex mujer lo invitó a pasar y le ofreció un café. Se quedó hablando un buen rato con ella e hizo un segundo descubrimiento tan aterrador como el primero: ¡su esposa lo comprendía a la perfección! En una cita me dijo: “Mire, doctor, cuando hablé con mi mujer sentí alivio… Podía ser yo mismo, no tenía que esforzarme por aparentar nada…Descubrí que ella me conoce al dedillo y, lo más importante, me acepta…Me sentí protegido… De regreso a casa, ¿me entiende?... Además, estaba muy linda… Y ocurrió lo que tenía que ocurrir… Algo renació entre nosotros…”.

Pablo volvió a su casa en menos de lo que canta un gallo. Al otro día estaba otra vez junto a su “nueva mujer” ¿Qué había motivado su regreso? Era obvio que el motivo no era sexual, ya que ésa había sido precisamente su queja inicial. Entonces, ¿de qué atracción estamos hablando?: la respuesta es philia. La tranquilidad, el acuerdo tácito que guía a los amigos y nos hace sentir que somos aceptados a pesar de nuestros defectos. Su esposa estaba dispuesta a generar “emociones más fuertes”, eso no es difícil de lograr si todavía hay algo de deseo. Pero la amante no podía ofrecer lo otro, lo que se logra con los años: la sensación de estar “en casa” y con los amigos. Por eso y a eso volvió Pablo: al disfrute de la amistad.

Amistad amorosa: gozar de la persona amada sin angustia y con benevolencia. Me alegra tu alegría, me complace verte feliz. Amor compañero: el cariño que sentimos por aquellos con quienes nuestra vida está profundamente entrelazada.

Algunos psicólogos no ven con buenos ojos la amistad de pareja y tienden a separar el “amor de compañerismo” de la libido. Por ejemplo, el psicólogo Stemberg, autor del Triángulo del amor, dice al respecto: “El amor de compañerismo es el resultado de los componentes de intimidad y decisión-compromiso del amor. Se trata, esencialmente, de una amistad comprometida, de larga duración, del tipo que frecuentemente se da en los matrimonios en los que la atracción física, una fuente primordial de la pasión, ha disminuido”.

Stemberg está equivocado. Hacer incompatible el “compañerismo de pareja” con el deseo sexual es crear una falsa dicotomía. ¿Quién dijo que el compromiso voluntario que nace del “querer amistoso” es irreconciliable con la chispa de eros? O posiblemente ocurra todo lo contrario, ¿no será que el sexo maduro, el que surge de la buena convivencia, tiene la cualidad, el cuerpo y el aroma de los vinos añejos?. No se trata de excluir la pasión del compromiso, sino de integrarlos en un amor más unificado y completo. Nadie niega que con el paso de los años la atracción física tiende a disminuir, pero tal como he dicho antes, la sal, el gusto por la relación, puede estar en muchos otros elementos.

El filosofo Vernant, sin duda más realista, se refiere a la amistad de pareja como una relación entre camaradas: “Ser camaradas es ser amigos en el día a día. Cuando se ha comido, se ha bebido y reído juntos y se han hecho también las cosas importantes y serias, esta complicidad crea tales vínculos afectivos que sólo se puede sentir llena la propia existencia en y por la proximidad del otro”. Los compañeros de abordo, como decía Brassens en una de sus canciones. En los años sesenta la palabra “camarada” fue adoptada por el partido comunista para referirse a los que “militaban en el mismo bando y compartían las mismas ideas”. La dimensión política del amor: personas comprometidas con la misma causa, independientemente de que sean de derecha o de izquierda. Suena bien.

Una “comunidad” es la asociación de dos o más individuos que tienen intereses comunes y que participan en una acción común. Entonces, la amistad amorosa es una comunidad afectiva de dos que se desean. No solamente eres “mi amor”, lo cual es entendible y hasta lógico porque te amo, sino alguien más fundamental, más cercano, más philico: eres “mi compañera”. ¿Compañera de qué?: de intimidad, de vida, de sueños.

 

 

 



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