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EL AMOR NO TIENE EDAD, PERO LOS ENAMORADOS SI PDF Imprimir E-mail
Escrito por WALTER RISO   

Tomado del libro Manual para No Morir de Amor

“En los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz” Victor Hugo

¿El  amor no tiene edad? Quizá sea verdad: nos podemos enamorar  a los cien  años  de un  adolescente o  de la maestra del  colegio cuando apenas  somos unos párvulos.  Parecería   que  el  amor no  respeta cronologías:  suelta sus  redes y  ahí  quedamos atrapados,  todos  contra  todos, sin  importar la época. No obstante,  si bien es cierto que el amor parecería   no  tener edad, los  enamorados  sí la  tienen. “Yo de cuarenta y tú   de veinte”, señala una  canción romántica, tratando de mostrar que no es tan fácil balancear las diferencias cronológicas. O la inversa: “Yo veinte y tu cuarenta”, o cincuenta, sesenta… Aunque el flechazo amoroso no respeta años ni condición social, la convivencia sí lo hace. Hay que poner el sentimiento amoroso en su sitio; no atribuirle la responsabilidad total y aceptar que cuando cruzamos longevidad y afecto, la cuestión es más compleja de lo que aparenta.


Si lo que buscas es una aventura, da lo mismo, pero si lo que quieres es una relación “seria”, es mejor que empieces a enfriar un poco los ímpetus y que tus decisiones sean más razonadas y razonables. Recuerda que la brecha inicial de los años se ahonda en la medida que transcurre el tiempo y la diferencia, que es llevadera al comienzo, se hace más pesada a medida que los años van pasando. No digo que no se pueda, sino que es importante prepararse para ello. Por ejemplo, no es lo mismo una diferencia de veintidós años cuando se es relativamente joven (dieciocho y cuarenta) que a una edad mayor (cincuenta y setenta y dos). Aunque sean numéricamente los mismos veintidós años, las necesidades cambian, las metas se revisan, el impulso se sosiega, y la visión del mundo va transformándose. Insisto: no pienso que sea imposible, pero no es fácil cuando uno se proyecta a mediano o largo plazo.

LA COMPENETRACION PSICOLÓGICA

He conocido relaciones donde la diferencia de edad se reduce psicológicamente, debido a la actitud de los enamorados. La persona más joven es mentalmente madura y la que es mayor posee un espíritu juvenil y despierto. En el amor, no solamente se juntan los cuerpos, también lo hacen las mentes, las creencias, las ganas de vivir y la ideologías. Recuerdo una pareja en la que ella tenía treinta y cinco años y él sesenta y cuatro. Eran personas muy especiales a quienes tal diferencia apenas les afectaba. Entre otras cosas, los unía una gran pasión: el arte. Ambas vivían en una casa de campo, él era un escultor sin mucho dinero, y ella, que había sido su alumna, intentaba abrirse espacio en el mundo de la pintura. Vivían entre hierros retorcidos, lienzos y pinceles, rodeados de árboles y unos cuantos animales. En aquel lugar, podía sentirse el amor por todas partes, una mezcla de afecto, deseo, inspiración, estética y vocación. Era mucho más que feromonas. A ella podrían haberle presentado al hombre más atractivo y joven de la Tierra, y nada hubiera ocurrido; su corazón estaba sellado y a buen resguardo.

LA BUSQUEDA DE PROTECCION

Queda claro que el gusto por las personas mayores es válido y respetable, ya sea porque se busque algo de sabiduría, sosiego, madurez o experiencia. No obstante, hay casos en que esta inclinación responde a una profunda necesidad de protección. Las personas que han sido abandonadas, que han sufrido privación emocional en la primera infancia o han sufrido privación emocional en la primera infancia o han estado sometidas exageradamente a figuras de autoridad son propensas a establecer relaciones con parejas que cumplen una función de cuidador o cuidadora. Lo que muchos enamorados buscan en las personas de más edad es un guardaespaldas afectivo, alguien más seguro y más fuerte en quien poder confiar para hacerle frente a la vida. Esto no significa que el amor no haga su aparición en algún momento y el contubernio se convierta en una mezcla de afecto y necesidad; pero si existen trazas de malas relaciones emocionales en la infancia, hay que tratarlas. Pregúntate qué buscas: ¿ayuda, amor, las dos cosas? Al final, todos buscamos una base emocional confiable y segura; sin embargo, lo que debes observar es qué puesto ocupa la “seguridad” en tu menú afectivo. Si está de primero, vas mal.

“NECESITO CONTAGIARME DE LA ENERGÍA DE LA GENTE JOVEN”

Muchas personas mayores sueñan con repetir los años mozos. En cualquier momento, se les reactivan las hormonas y empiezan a buscar “carne fresca” para contagiarse de sus bríos y furor. He visto pasar por mi consulta los dos extremos del continuo: aquellos que vuelven a renacer gracias a la presencia de una compañía joven y los que se agotan al segundo o tercer encuentro con su flamante pareja, porque los dolores lumbares o la ciática no los dejan. Uno no puede rejuvenecer más allá de lo que manda el organismo, así la mente intente hacer regresiones. La imagen de un viejito o una viejita feliz, sacudiendo la cabeza al compás de unas jóvenes caderas, es una fábula de Hollywood.

Dejarse llevar por la lozanía de los cuerpos juveniles es tentador para la mayoría. Y no solo hablo de los hombres; pensemos también en aquellas mujeres no tan adolescentes que concurren a los lugares de estriptis masculino y enloquecen de la dicha y ponen dinero en los calzoncillos de quienes se retuercen rítmicamente. No obstante, ese frenesí de una noche, un momento, un rato de esparcimiento para sacar a pasear la testosterona femenina, y listo. Otra cosa sería convivir con uno de estos personajes, mantener lejos a las admiradoras de turno y darles calmantes de vez en cuando para que sosieguen su ímpetu.

Cada edad tiene su “locura” específica, así sea intercambiable a veces. No necesitas estirarte la piel como un tambor y vestirte con ropa de quinceañeros para sentir emociones. Sin dejar de ser tú, podrás encontrar gente que se te parezca. Eso es lo maravilloso de un mundo tan variado y multicultural. He conocido ancianos y ancianas que harían palidecer a más de un hiperactivo y con una alegría y disposición al placer realmente envidiables. Cada pareja crea su microcosmos, su intimidad y su manera particular de sentir y degustar la vida. Ese es el vínculo secreto e irremplazable de cada enamorado. ¿Quién dijo que se necesita ser joven para generar emociones fuertes?

“QUIERO SABER SI TODAVIA COTIZO”

Esta motivación se desprende de un problema más complicado. Podríamos llamarlo el síndrome de actor o la actriz en decadencia. Por ejemplo, muchas personas que fueron famosas, convierten la edad de oro en una tragedia, porque se apegan a lo que fueron y ya no son. He conocido a actores y actrices maduros que, sin ser ancianos, se avergonzaban de sus arrugas y se mantenía encerrados mirando videos y fotos del pasado (recordemos a Greta Garbo). Poner la felicidad afuera es entregar el poder personal a los demás y dejar que la aprobación social, los aplausos, la fama o los piropos le den sentido a nuestra vida.

En otros casos, negarse a envejecer y a pasar de moda hace que algunas personas pierdan el sentido de la proporción y la estética y desarrollen actitudes ajenas a su edad, tratando de recuperar la juventud perdida. Te los encuentras en cualquier parte y es como si llevaran un aviso: “Yo me mantengo joven, ¿y tú?”. A lo cual yo respondería: “Yo no, afortunadamente!”. ¿Y cuál es el indicador que toman para escamotearte años o meses a la madurez o el envejecimiento natural? La conquista, el acto de generar deseo en los demás. Es verdad que social y médicamente hablando los cincuenta de hoy se parecen a los treinta de antes; sin embargo, también es cierto que cada edad tiene su encanto, siempre y cuando la aceptemos con naturalidad.

Un paciente de sesenta y cuatro años, que había sido toda su vida un donjuán, nunca había aceptado su edad verdadera y trataba de suplir sus aventuras de antaño con prostitutas. Prácticamente, todos los días pagaba los servicios de una mujer e incluso llegaba a enamorarse “locamente” de alguna de ellas, lo cual complicaba enormemente su vida: gastaba más dinero del que podía, se deprimía, se humillaba, en fin, hacía exactamente todo lo que no debía hacer para estar en paz. Lo que lo motivaba no era el sexo o una adicción a las prostitutas, sino el intento de revivir el viejo papel de conquistador empedernido: parodiaba la conducta del seductor y se perdía en el juego, creyendo que era real. El día que tocó fondo y fue consciente de lo que hacía, me dijo: “Soy un iluso; lo único que he logrado es ser una caricatura de lo que fui”.

RELACIONES IMBERBES

¿Qué podemos decir de aquellas relaciones de pareja donde los enamorados son casi unos niños y se han ido a vivir juntos? Me refiero a los matrimonios imberbes, patrocinados o no por los padres. Ya dijimos que el amor no tiene edad, pero a veces hay que ponerle pañales. Si apenas puedo con mi vida, ¿Cómo podré congeniar con otra? He atendido a muchos jóvenes, casi adolescentes, que intentaban llevar una vida de pareja adulta imposible. Mi conclusión no es optimista: la mayoría de estas relaciones no funcionan o requieren de mucha ayuda profesional para salir adelante. Hay un tiempo cronológico y mental para sentar cabeza y otro para volar sin freno y, por eso, crear “madurez” o “juventud” en el consultorio es imposible. Hay épocas influidas por determinados mandatos sociales, ciclos vitales y variaciones hormonales que nos empujan a actuar de tal o cual manera que no podamos desconocer. No quiero decir con esto que no existan matrimonios entre gente muy joven que vivan bien, pero su porcentaje de éxito es bastante baja. Algunos progenitores corren a casar a su joven hija porque quedó embarazada, sin darse cuenta de que es preferible una madre soltera bien constituida que una madre mal casada y ansiosa; más aún, estar casado no es una virtud a la cual hay que acceder a cualquier costo. El matrimonio requiere de una decisión pensada y analizada con el corazón palpitante y la cabeza fría: no es un juego de niños.

Ten en cuenta que si en cualquier relación de pareja hay que prepararse económica, psicológica y emocionalmente para hacerla funcional, con más razón debe hacerse en aquellas donde la diferencia de edad es significativa.
 



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