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ANCLAJE AL ENAMORAMIENTO PDF Imprimir E-mail
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Escrito por WALTER RISO   

Tomado del libro Ama y No Sufras

Si la persona que amamos nos dijera: “Lo eres todo para mí”, “Mi vida sin ti no tiene sentido” o “Nunca dejes de amarme”, tendríamos dos opciones de respuesta: la tradicional y la posmoderna. En la versión tradicional nos sentiríamos felices porque aseguraríamos la relación, así sea patológica. Es el ideal de cualquier enamorado inseguro o con baja autoestima: “Mi pareja sufre de apego crónico a mí… No me molesta en lo más mínimo, más bien me da tranquilidad…”.


En la alternativa posmoderna la noticia no sería buena: “Tengo una persona a mi lado que limitará mis acciones, que estará pendiente de cada uno de mis gestos y que se sentirá afectada por cuanta cosa que yo diga o haga”. La defensa natural ante la pérdida de autonomía: “Te quiero, te amo, pero exactamente hasta donde llega mi salud mental y física”. En otras palabras: amar sin suicidarse en el intento.

Como resulta evidente, la mayoría de las personas se adhieren al primer modelo. La cultura occidental ha hecho una asociación irracional entre amor y dolor, de tal manera que si no sufrimos por amor, entonces no estamos enamorados. Es la idea platónica de la pasión como ausencia, como miedo o como incompletud.

El apego amoroso es como cualquier otra adicción (juego patológico, drogas, alcohol). El individuo dependiente del afecto presenta las siguientes características: adhesión exagerada a su pareja, síndrome de abstinencia en los momentos en que la persona amada no está disponible, intentos infructuosos y poco contundentes de terminar la relación, inversión desproporcionada del tiempo y esfuerzo para mantenerse cerca de la pareja y una clara reducción y alteración de su normal desarrollo social, laboral y recreativo.

Un encuentro desafortunado con eros puede dejar, al menos, una secuela adictiva básica relacionada con el pasado: anclaje emocional positivo. El anclaje emocional positivo es una forma de testarudez mental que lleva a la persona a quedarse pegada a las primeras etapas del enamoramiento. Se trata de una esperanza mal concebida que se sustenta ilógicamente en la creencia de que si al principio de la relación todo fue color de rosa, eso debe volver a ocurrir aunque la relación haya decaído sustancialmente. Muchas veces nos quedamos anclados en los buenos momentos, creamos una imagen radiante y magnificada de lo que fue el comienzo del enamoramiento y queremos repetir.

Uno de mis pacientes se negaba a aceptar que su novia ya no lo quería como antes. Reproduzco parte de un diálogo que sostuve con él:

Terapeuta: Me dices que ella ya no es la misma, que se acabó la seducción, que ya no es querida contigo y que incluso a veces no te trata bien, ¿entonces por qué sigues allí?

Paciente: Yo sé que ella me quiere, aunque no me lo demuestre igual.

Terapeuta: En realidad ella demuestra todo lo contrario. Pasearse con otro hombre frente a tus narices y besarse con él no me parece “un cambio en la manera de amarte”.

Paciente: Después me pidió disculpas…

Terapeuta: Difícil de procesar, ¿verdad?... ¿No estás cansado de sufrir y de esperar que ella recapacite?

Paciente: Sí, sí… Pero lo que vivimos fue tan maravilloso, ella fue tan especial conmigo…

Terapeuta: Eso fue hace ocho meses, eran otras condiciones, estaban en la euforia del encuentro inicial. Los comienzos siempre son encantadores. Lo importante es ver qué queda cuando eros se calma.

Paciente: ¡Es que yo la quiero!...

Terapeuta: Pregúntate a quién quieres en realidad: ¿a la mujer que me describes ahora o a la que conociste hace unos meses? Esta mujer presente no es la misma que guardas en tu memoria. Ella ha cambiado, al menos no siente lo mismo por ti.

Paciente: ¿Quiere decir que estoy enamorado de una ilusión?

Terapeuta: Tu sentimiento tiene un componente de realidad evidente, ella no es totalmente un invento tuyo. Pero creo que estás enamorado de un recuerdo, amarrado al pasado feliz. Además, guardas la esperanza de que ese ser maravilloso aparezca otra vez en tu vida. Cuando pasó la tempestad de la pasión y la novedad, tú quedaste con un remanente afectivo, ella no…

Paciente: ¿Y usted cómo sabe si ella no va a volver a ser la misma?

Terapeuta: No lo sé. Lo que me interesa saber es hasta cuándo vas a esperar, cuál es tu límite y tu resistencia psicológica. Recuerda que esto te puede enfermar seriamente. Cuando estás frente a ella, su cuerpo, su olor, su voz o su mirada activa tu memoria y la imagen que tanto añoras, eso te impide poder olvidarla o alejarte definitivamente. Insisto: esta mujer no es la que amas, amas a la otra, a la que ya no está.

El hombre se demoró casi dos años antes de resignarse a la pérdida. La mujer llegó incluso a maltratarlo físicamente con tal de quitárselo de encima, y aun así él sólo veía a la novia dulce y amorosa de los primeros días. Hay que aprender a perder, sobre todo en el amor. Es preferible retirarse a tiempo cuando las opciones son pocas, renunciar, para evitar un sufrimiento peor más adelante.

 

 



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