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COMPRANDO AMOR Y ACEPTACION PDF Imprimir E-mail
Escrito por WALTER RISO   

Tomado del libro La Fidelidad Es Mucho  Mas Que Amor

“Como soñando, como desguarnecida, la mujercita juega con fuego en la cornisa de la felicidad.” Celia Fontán

El  caso de la mujer que se vendía al mejor postor afectivo. Claudia era una  mujer de 36 años que había desarrollado un  esquema negativo de sí misma desde temprana edad. Un  tratamiento a base de cortisona para tratar un asma infantil la había hecho engordar demasiado, afectando seriamente su  autoimagen.  

 Se  había casado a los 28 años con el novio de toda su vida, un joven profesional de buena familia que la quería y respetaba. Al poco tiempo quedó embarazada y nació su único hijo. Casi de inmediato hizo una severa depresión posparto, que la llevó a recibir tratamiento  psicológico  y a replantear  drásticamente su vida. Fue  cuando decidió terminar  su carrera de administración y bajar de peso. Un ejército  de meso terapias, dietistas y  cirujanos plásticos hicieron  de las suyas y logró ponerse  en forma. La agobiante percepción de sentirse físicamente  defectuosa fue cediendo  paso  a  una mayor aceptación de su cuerpo: “No recuerdo cuándo ni cómo ocurrió, pero un  día cualquiera me miré al espejo y no me vi tan fea… Me gusté… Aunque mi cara  no  era  perfecta, mis curvas estaban muy bien… veinte kilos menos, unos pantalones ajustados y un buen escote cambiaron mi personalidad”.

El motivo de la consulta fue el siguiente: “En seis años de matrimonio he sido infiel ocho veces, sin contar las locuras de una noche… me gusta llamar la atención… los primeros dos años de casada fui fiel, pero después, cuando empecé a trabajar y a viajar, perdí totalmente el rumbo… Quiero portarme bien… No quiero seguir engañando a mi marido”. Cuando la conducta que hay que modificar tiene su origen en esquemas negativos de larga data y además está mantenida por el placer, se necesitan cambios más profundos que la mera “voluntad”. Algunas personas siguen teniendo una mala autoimagen, aunque la figura haya mejorado sustancialmente, como si el cerebro se negara a eliminar el autoesquema distorsionado. El lado consciente de Claudia percibía positivamente su nuevo look, pero el lado inconsciente actuaba como si necesitara más elementos para convencerse de que era deseable y querible.

Reproduzco a continuación una entrevista que resume la esencia del caso:

Terapeuta: ¿Qué buscas con tus aventuras?
Claudia: Quiero sentirme deseada, gustadora, exitosa…Quiero que me amen…
Terapeuta: ¿Amor?
Claudia: No sé… Quizá no sea exactamente amor, sino aceptación, atención, atracción…No lo tengo claro…
Terapeuta: ¿Sientes que tu marido te ama?
Claudia: Sí… Es un hombre encantador y estaría dispuesto a jurar que me es fiel… Pero no me basta, necesito más…
Terapeuta: ¿Qué es lo que te hace falta?
Claudia: Soy muy sensible a las palabras cariñosas, a las “mentiras” que me dicen los hombres… Si me endulzan los oídos, hacen de mí lo que quieran… Es como una droga, me emborracha, me pierdo… Saber que los inspiro me hace sentir segura.
Terapeuta: ¿Y qué te gusta oír de los hombres?
Claudia: Que soy espectacular, que se mueren por mí, que yo haría feliz a cualquiera, que soy genial… Y así…
Terapeuta: Desear no es amar.
Claudia: Es verdad, pero por algo se empieza… Además, cuando estoy en la cama con ellos, soy la que manda… Se me entregan y se rinden… Me gusta verlos débiles…
Terapeuta: ¿Qué tipo de hombre te atrae?
Claudia: Los famosos, los codiciados, los líderes, los poderosos, en fin, los más solicitados… Esos que nunca pude tener… En mi adolescencia me daba vergüenza ir a bailar porque nadie me sacaba… Siempre quise un príncipe azul…
Terapeuta: ¿Tu esposo no lo es?
Claudia: (Silencio)
Terapeuta: ¿Por qué no te separas?
Claudia: Jamás lo dejaría… No podría vivir son él… Incluso he pensado en tener otro hijo…
Terapeuta: ¿No te sientes mal siéndole infiel?
Claudia: Me da culpa tardía… Es como si tuviera dos personalidades.
Terapeuta: ¿Él no sospecha?
Claudia: No sé… No, creo que no…
Terapeuta: ¿Cuándo y cómo se acaban las relaciones con tus amantes? ¿Hay alguna secuencia especial?
Claudia: Cuando me empiezo a creerles el cuento… A los dos o tres meses comienzo a enamorarme o algo parecido… Entonces los acoso, se asustan y se van… Es una mala táctica… Es la misma historia siempre.
Terapeuta: ¿Te has enamorado de todos?
Claudia: Menos de uno… E más joven y el más buen mozo… No había energía con él…
Terapeuta: ¿Y qué haces cuando se rompe el hechizo y se alejan? ¿Te deprimes, cómo lo manejas?
Claudia: Trato de buscar sustituto… Si no lo encuentro rápido, me acerco a mi marido y a mi hijo… Me regenero por un tiempo… Me apaciguo internamente… Me acerco a Dios…
Terapeuta: ¿Qué peso tiene el sexo en todo esto? ¿No te apegas sexualmente?
Claudia: Soy anorgásmica… Una vez fui donde un sexólogo y no me sirvió… Podría vivir sin sexo…
Terapeuta: ¿Ya te has acostumbrado a ser infiel? Veo que hablas con mucha tranquilidad del tema.
Claudia: No creo que uno se acostumbre…
Terapeuta: ¿Realmente crees que tus conquistas te hacen más valiosa?
Claudia: Pues, mis “acciones” suben… Mi ego se infla… Para mí es muy importante… Es como pasar un examen ¿Me entiende?
Terapeuta: ¿No te sientes utilizada?
Claudia: Un poco… Es de parte y parte… Gajes del oficio… Caramba, dije oficio ¿no?

¿Por qué no era suficiente la aprobación y la aceptación de su marido, si ella decía amarlo? Porque para Claudia, la opinión de su esposo estaba “contaminada” por el afecto: “El me ve con los ojos del enamorado”, me dijo una vez. Por eso, el verdadero reto estaba afuera, con los más bellos y codiciados, con los difíciles, con los que no la amaban y debía conquistar. Y cuanta más competencia femenina existiera, mejor: mayor sería la victoria. Cada conquista sumaba puntos a su autoestima.

Ella había descubierto el lado flaco masculino y probablemente sus amantes, el suyo. El negocio estaba hecho: sexo/gozo por romanticismo e interés transitorio; el cuerpo, a cambio de bellas palabras y algo de cariño. Pero mientras el deseo masculino moría con cada orgasmo y volvía a nacer cuando la testosterona se activaba, la atracción inicial que Claudia sentía por sus pretendientes no seguía la misma curva y a medida que transcurría el tiempo, su sentimiento iba en ascenso hasta transformarse en amor romántico. El conquistador se habituaba y ella se encariñaba. El costo de este juego era paradójico para sus intereses: los tristes finales le enseñaban que era más deseable que querible. Cada conquista terminaba por corroborar lo que en verdad quería negar. Esa era la trampa: la intención de desquitarse y compensar los viejos fracasos hacía que, inevitablemente, los volviera a ratificar.

Claudia fue capaz de vencer su compulsión cuando aprendió a valorarse a sí misma. Una vez comprendió que la apetencia afectiva desmedida lleva a la insatisfacción, la infidelidad perdió su sentido. Con la ayuda de un terapeuta logró mejorar su sexualidad y eliminar el significado mercantilista que le había otorgado a sus relaciones.

Una buena autoestima ayuda a ser fiel. No hay nada mágico en esto: simplementente el filtro de las posibles candidatos y candidatas se estrecha de manera considerable. Y no me estoy refiriendo al narcisismo o a la pedantería del que excluye a los demás porque son menos, sino al autorrespeto que acompaña a los que se sienten valiosos.

Las personas que no se quieren a sí mismas son altamente vulnerables a la seducción. Si pienso que soy feo, poco interesante y nada atractivo y alguien se fija en mí, sentiré una mezcla de alegría, incredulidad y agradecimiento (sobre todo esto último). Aceptar la invitación o la insinuación pasa a ser un acto de cortesía: “Gracias por aceptarme”. En cambio, el que se quiere a sí mismo se “crece”, se vuelve escurridizo, difícil y exigente, obviamente todo en un buen sentido. Su premisa es como sigue: si pongo la felicidad afuera, en lo que me dicen, y me ofrezco como un producto consumible, mi mundo interior entrará automáticamente en decadencia; no me vendo al mejor postor.

Querer autoafirmarte y reforzar tu amor propio a través de la conquista y la seducción compulsiva es una mala estrategia. La premisa es contundente: nadie podrá amarte de verdad si no te amas. Si decides entrar al juego de buscar aceptación a cualquier costo, ninguna pareja será suficiente porque te irás acostumbrando a sus halagos y manifestaciones de afecto, y como cualquier adicto, sentirás que necesitas cada vez más estimulación para sosegarte internamente y salvar tu autoconcepto. Dicen que en la variedad está el placer, pero en las lides del amor, la búsqueda frenética de la novedad genera dolor e insatisfacción.



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