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EL AMOR NO TIENE EDAD, PERO LOS ENAMORADOS SI PDF Imprimir E-mail
Escrito por WALTER RISO   

Tomado del libro Manual Para No Morir de Amor

Feliz aquel que fue joven en su juventud; feliz aquel que supo madurar a tiempo. En los ojos del joven arde la llama; en los ojos del viejo, brilla la luz.

¿El amor no tiene edad? Quizás sea verdad: nos podemos enamorar a los cien años de un adolecente o de la maestra del colegio cuando apenas somos unos párvulos. Parecería que el amor no respeta cronologías: suelta sus redes y ahí quedamos atrapados, no obstante, si bien es cierto que el amor parecería no tener edad, los enamorados si la tienen. “yo de cuarenta y tú de veinte”, señala una canción romántica, tratando de demostrar que no es tan fácil balancear la diferencia cronológica. O la inversa: “yo veinte y tu cuarenta”, o cincuenta, sesenta… Aunque el flechazo amoroso no respeta años ni condición social, la convivencia si lo hace. Hay que poner el sentimiento amoroso en su sitio; no atribuirle la responsabilidad total y aceptar que cuando cruzamos longevidad y afecto, la cuestión es más compleja de lo que aparenta.

 

Una paciente de cincuenta y dos años, separada y con dos hijos mayores, se enamoró de un joven a quien le doblaba en años. No juzgo las intenciones del enamorado, pero el hecho de que ella fuera una mujer muy adinerada creaba cierta susceptibilidad en las personas que la rodeaban y especialmente en su familia, quien se oponía a la relación. Pese a la protesta enfática de los demás, ella dio riendas sueltas a su noviazgo y lo hiso abierto y público, sin esconder nada.

A diferencia de lo que hacen alguna mujeres adineradas y famosas, que se enrollan con un hombre guapo y joven para disfrutarlo un tiempo (a sabiendas  de que muy probablemente no dudara toda la vida), mi paciente, que era una romántica empedernida, tomo un rumbo distinto: se enamoró y quiso formar una pareja estable. No buscaba tener una aventura, sino un marido con todas las de la ley. En una cita, me dijo: “Quiero casarme y no estoy tan vieja para tener hijos”; sus expectativas eran serias y decisivas. Las del hombre eran un poco más cautelosas: “Por ahora no quiero tener hijos y el matrimonio me asusta un poco”. Ella empezó a ayudarlo económicamente, le pago una maestría en la universidad y le  alquilo un apartamento, sin sentirse mal por ello.

En cierta ocasión, le pregunte cuanto creía que pesaba el dinero en su relación, a lo cual respondió, de manera categórica que el amor que ella sentía no había intereses creados, sin embargo, unos días después, el futuro consorte le hizo una propuesta  indiscreta e incómoda: “si realmente me quieres, asegúrame una casa y ponla a mi nombre”. Y como el amor  a veces es quisquilloso, esta solicitud produjo en mi paciente una decepción radical.

Consternada y abatida, primero dudo y luego decidió no verlo más, pese a sus sentimientos. Obviamente, no se debe generalizar y pensar que todas las personas que se enganchan con alguien mayor o acaudalado  sean mal intencionadas o explotadoras, pero que a nadie le quepa duda: Los “caza fortunas” abundan y rodean el patrimonio. Si lo que buscan es una aventura, da lo mismo, pero si lo que quieren es una relación “seria”, es mejor que empieces a enfriar un poco los ímpetus y que tus decisiones sean más razonadas y razonables. Recuerda que la brecha inicial de los años se ahonda a medida que transcurre el tiempo y la diferencia, que es llevadera al comienzo, se hace más pesada a medida que los años van pasando.

 No digo que no se pueda, sino, que es importante prepararse para ello. Por ejemplo, no es lo mismo una diferencia de veintidós años cuando se es relativamente joven (vg . dieciocho y cuarenta) que a una edad mayor (vg. Cincuenta y setenta y dos).  Aunque sean numéricamente los mismos veinte dos años, las necesidades cambian, las metas se revisan, el impulso se sosiega, y la visión del mundo va transformándose. Insisto: no pienso que sea imposible, pero no es fácil cuando uno se proyecta a mediano o largo plazo.

LA COMPENETRACION PSICOLGICA

He conocido relaciones donde la diferencia de edad se reduce psicológicamente, debido a la actitud de los enamorados. La persona más jóvenes es mentalmente madura y la que  es mayor posee un espíritu juvenil y despierto. En el amor, no solo se juntan los cuerpos, también lo hacen las mentes, las creencias, las ganas de vivir  y la ideologías. Recuerdo una pareja en la que ella tenía treinta y cinco y el sesenta y cuatro. Eran personas muy especiales a quienes tal diferencia apenas les afectaba. Entre  otras cosas, los unía una gran pasión: el arte. Ambos Vivian en una casa de campo, él era escultor sin  mucho dinero, y ella, que había sido su alumna, intentaban abrase espacio en el mundo de la pintura. Vivian entre hierros retorcidos, lienzos y pinceles, rodeados de árboles y unos cuantos animales. En aquel lugar, podía sentirse el amor por todas partes, una mezcla de afecto, deseo, inspiración, estética y vocación.  Era mucho más que feromonas. A ella podrían haberle presentado al hombre más atractivo y joven de la tierra, y nada hubiera ocurrido; su corazón estaba sellado y  buen resguardad0.

LA BUSQUEDA  DE  LA PROTECCION

Queda claro que el gusto por las personas mayores es válido y respetable, ya sea porque se busque algo de sabiduría, sosiego, madurez o experiencia. No obstante, hay casos en que esta inclinación responde a una profunda necesidad de protección. Las personas que han sido abandonadas, que han sufrido privación emocional en la primera infancia o han estado sometidas exageradamente  a figuras de autoridad son propensas a establecer relaciones con parejas que cumplan una función de cuidador o cuidadora. Lo  que muchos enamorados buscan en las personas de más edad es un guardaespaldas afectivo alguien más seguro y más fuerte en quien poder confiar  para hacerle frente a la vida. Esto no significa que el amor no haga su aparición en algún momento y el contubernio se convierta en una mezcla de afecto y necesidad; pero si existen trazas de malas relaciones en la infancia, hay que tratarlas. Pregúntate que buscas; ¿ayuda, amor, las dos cosas? Al final, todos buscamos un base emocional confiable y segura; sin embargo, lo que debes observar es que  puesto ocupa la “seguridad’’ en tu menú afectivo. Si estas de primero, vas mal.

NECESITO CONTAGIARME DE LA ENERGIA DE LA GENTE JOVEN

Muchas personas mayores sueñan con repetir sus años mozos. En cualquier momento, se les reactivan las hormonas y empiezan a buscar “carnes frescas” para contagiarse de sus bríos y furor. He visto pasar por mi consulta los dos extremos del continuo: aquellos que vuelven a renacer gracias a  la presencia de una compañía joven y los que se agotan al segundo o tercer encuentro con su flamante pareja, porque los dolores lumbares o la ciática no los dejan.

Uno no puede rejuvenecer más allá de lo que manda el organismo, así la mente intente hacer regresiones. La imagen de un viejito  una viejita feliz, sacudiendo la cabeza al compás de unas jóvenes caderas es una fábula de Hollywood. Cuando mi señora y yo bailamos o cantamos canciones de nuestra  época, mis hijas ponen cara de condescendencia y nos dan un golpecito en la espalda. El mensaje que alcanzo a descifrar es: “tranquilo, papi, si son felices así, háganlo”.

Dejarse llevar por la lozanía de los cuerpos juveniles es tentador para la mayoría. Y no solo hablo de los hombres; pensamos también en aquellas mujeres no tan adolecentes que concurren a los lugares de estriptis masculinos y enloquecen de la dicha y ponen dinero en los calzoncillos de quienes se retuercen rítmicamente. No obstante, es frenesí de una noche, un  momento, un rato de esparcimiento para sacar a pasear la testosterona femenina, y listo. Otra cosa seria convivir con uno de estos personajes, mantenerte lejos a las admiradoras de turno y darles calmantes de vez en cuando para que sosieguen su ímpetu.
En algún momento de mi vida salía con mujeres de dieciocho años menor. Yo tenía cuarenta y uno y ella veintitrés.  La cuestión empezó bien, hasta que me di cuenta de algo que no quise o no supe manejar, posiblemente a mi susceptibilidad entrada en años: cada vez que sonaba una música, en el automóvil, en una tienda  en la calle, ella comenzaba a moverse al ritmo de lo que escuchaba. Sacudía la cabeza al estilo carioca y movía los hombros como bailando mambo.

Yo no era tan viejo, pero mientras mis preferencias musicales se encontraban más en la trova cubana, los Beatles o en la balada, ella entraba en éxtasis  con el trans y la música electrónica. Debo confesarlo, así no sea muy profundo de mi parte, sus “contorsiones’’, gesticulares y espasmos sinfónicos, me alejaron de ella. Las emociones fuertes  que a mí me motivaban eran otras y no tenía que ir saltando de una discoteca a otra. Cada edad tiene su “locura” específica, así sea intercambiables a veces. No necesitas estirarte la piel como un tambor y vestir con ropa de quinceañeros para sentir emociones. Sin dejar de ser tú, podrás encontrar gente que se te parezca. Eso es lo maravilloso de un  mundo tan variado y multicultural. He conocido ancianos y ancianas que  harían palidecer a más de un hiperactivo y con una alegría y disposición al placer realmente envidiables. Cada pareja crea un microcosmos, su intimidad y su manera particular de sentir y degustar la vida. Ese es el vínculo secreto e irremplazable de cada enamorado. ¿Quién dijo que se necesita ser joven para generar emociones fuertes?

“QUIERO SABER SI TODAVIA COTIZO’’

Esta motivación se desprende de un problema más complicado. Podríamos llamarlo el síndrome del actor o la actriz en decadencia. Por ejemplo, muchas personas que fueron famosas, convierten la edad de oro en una tragedia, porque se apegan  a lo que no fueron y ya no son. He conocido actores y actrices maduros que, sin ser ancianos, se avergonzaban de sus arrugas y se mantenían encerrados mirando videos y fotos del pasado (recordemos a Greta Garbo).poner la felicidad a fuera es entregar el poder personal a los demás y dejar que la aprobación social, los aplausos, la fama o los piropos le den sentido a nuestra vida.

En otros casos, negarse a envejecer y a  pasar de moda hace que algunas  personas pierdan el sentido de la proporción y la estética y desarrollen actitudes ajenas a su edad, tratando de recuperar la juventud  perdida. Te los encuentras en cualquier lado  y es como si llevaran un aviso. “yo me mantengo joven” ¿y tú? A lo cual yo respondería: “¡yo no, afortunadamente!”. ¿Y cuál es el indicador que toman para escamotearle años o meses a la madurez o el envejecimiento natural?  La conquista, el acto de generar deseo en los demás. Es verdad que social y medicamente hablando los cincuenta de hoy se parece a los treinta de antes; sin embargo, también es cierto que cada edad tiene su encanto, siempre y cuando la aceptemos con naturalidad.

Un paciente de sesenta y cuatro años, que había sido toda su vida un donjuán, nunca había aceptado su edad verdadera y trataba de cumplir sus aventuras de antaño con prostitutas. Prácticamente, todos los días pagaba los servicios de una mujer e incluso llegaba a enamorase “locamente’’ de alguna de ellas, lo cual complicaba enormemente su vida: gastaba más dinero del que podía, se deprimía, se humillaba, en fin, hacia exactamente todo lo que no debía hacer ara estar en paz. Lo que lo motivaba no era el sexo o una adicción a las prostitutas, sino el intento de revivir el viejo papel de conquistador empedernido: parodiaba la conducta del seductor y se perdía en el juego, creyendo que era real. Me dijo: “soy un iluso; lo único que he logrado es ser una caricatura de lo que fui’’.

RELACIONES IMBERBES

¿Qué podemos decir de aquellas relaciones de parejas donde los enamorados son casi unos niños y se han  ido a  vivir juntos? Me refiero a los matrimonios imberbes, patrocinados o no por los padres. Ya dijimos que el amor no tiene edad, pero a veces hay que ponerle pañales. Si apenas puedo con mi vida, ¿Cómo puedo congeniar con otra? He atendido a muchos jóvenes, casi adolecentes, que intentan llevar una vida de pareja adulta imposible.

 Mi conclusión no es optimista: la  mayoría de estas relaciones no funcionan o requieren de mucha ayuda profesional para salir adelante. Hay un tiempo cronológico y mental para sentar cabeza y otra para volar sin freno y, por eso, crear “madurez” o “juventud” en el consultorio es imposible. Hay épocas influidas por un determinado mandato social, ciclos vitales y variaciones hormonales que nos empujan a actuar de tal o cual manera que no podemos desconocer. No quiero decir con esto que no existan matrimonios entre gente muy joven que vivan bien, pero su porcentaje de éxito es bastante baja.

Algunos progenitores corren a casar a su joven hija porque quedo embarazada, sin darse cuenta que es preferible una madre soltera bien constituida que una madre mal casada y ansiosa; mas aun, estar casado no es la virtud a la cual hay que acceder a cualquier costo. El matrimonio requiere de una decisión pensada y analizada con el corazón palpitante y la cabeza fría: no es un juego de niños.



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