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CUANDO NO HAY AMOR, HAY MIEDO PDF Imprimir E-mail
Escrito por DEEPAK CHOPRA,DEBBIE FORD, MARIANNE WILLIAMSON   

Todo pensamiento que no incluye amor es una invitación para que entre la sombra. Quieren que creamos en el mito de la neutralidad: que no necesitemos realmente amar mientras no haga daño de  forma intencionada. Pero los pensamientos o curan o hieren. El poder infinitamente creativo del pensamiento garantiza que aquello que elijamos pensar tendrá un efecto. Si no elijo amar__si elijo retirar mi amor para siempre__, en ese momento se crea un vacío psíquico. Y el miedo se apresurara a llenar este espacio. Esto se aplica tanto a nuestros sentimientos respecto a los demás como respecto a nosotros mismos. Cuando observo los aspectos de la sombra de otra  persona, no puedo hacer más que entrar en los míos: en la furiosa, la controladora, la necesitada, la manipuladora, etc. Cuando entro en la oscuridad de culpabilizar y criticar, me ciego a mi propia luz y no puedo encontrar mi mejor YO.

O bien, habiendo olvidado la verdad esencial respecto a mi propio ser__ no apreciándome, al no apreciar la luz divina que mora en mi interior__, caigo fácilmente en la trampa de una conducta auto destructiva. Me engancho a cualquier forma de  auto sabotaje para que los demás olviden, igual que me he olvidado Yo, de quien soy realmente. Tanto si atacamos a los demás como a nosotros mismos, la sombra nos tienta a tener pensamientos destructivos e insensatos.

La mente en su estado natural está en comunicación constante con el espíritu del amor. Pero la sombra, al igual que el amor, tiene sus embajadores dentro de nosotros: pensamientos que siempre nos atraen a percibir las cosas con desamor. <<Me dijo que me contaría, pero no lo ha hecho; es un cabrón>>, <<Su política no me gusta; no puedo soportarla>>, <<Comete todo el pastel, pasa de lo que diga el medico>>, <<No importa si te quedas con ese dinero, nadie se va a enterar>>. El mundo está dominado por sentimientos de miedo, y así nos afianzamos en nuestras creencias de la sombra.
Si no meditamos u oramos__ una experiencia de amor compartiendo entre el creador y el creado__, es muy fácil que caigamos en la tentación de ver las cosas desde el desamor y entremos en nuestra sombra.

Tanto si proyectamos la culpa como si herimos a otro o adaptamos una conducta adictiva o de odio hacia nosotros mismos, los principales perjudicados somos nosotros; la sombra ejerce su desagradable influencia Sin embargo, ¿de qué nos sorprendemos? La mayoría nos levantamos por la mañana y entregamos nuestra mente  a la oscuridad. Lo primero que hacemos es conectar el ordenador, leer el periódico o escuchar las noticias de la radio o de la televisión. Literalmente descargamos forma de pensamientos de miedo del mundo entero, dejando que nuestra mente, en el momento en que está más abierta a nuevas impresiones, se deja influenciar por el pensamiento de temor que domina nuestra cultura. Pues claro que respondemos desde la sombra, ¡si lo único que hemos visto ha sido sombra! Pues claro que estamos deprimidos, que somos desgraciados, escépticos, y nos sentimos fuera de lugar. El mundo está bajo el control del miedo y, en pleno mortal, el miedo habla primero y más alto. ¡No hay oscuridad que analizar aquí, sino luz que encender! Para evitar las garras de la sombra, hemos de buscar insensatamente la luz.

A la voz del amor en el judaísmo y en el cristianismo se la denomina el <<suave murmullo>> de Dios. Esa es la voz del iluminador, y basta con cinco minutos de meditación por la mañana para garantizarnos que guiara nuestros pensamientos a lo largo del día. Este mundo sería mucho mejor si más personas cultivaran la espiritualidad en sus vidas cotidianas. Por lo general, estamos muy ocupados con nuestros enemigos, lo que nos dificulta ir lo suficientemente despacio como para entrar en el ámbito de los planos espirituales. Del mismo modo que a veces nos sentamos delante del ordenador mientras estamos descargando un archivo, aunque sepamos que no podemos hacer nada  para acelerar el proceso, tampoco basta con que asintamos rápidamente con la cabeza al amor mientras nos precipitamos hacia la puerta por la mañana esperando que el reino de la oscuridad y el miedo nos invada nuestro día.

Cuando vamos más despacio, es más fácil cultivar el silencio. Nuestro estilo de vida moderno suele ser presa de los pensamientos sobrios por la sencilla razón de que es demasiado ruidoso. Demasiada televisión, demasiado ordenador, demasiados estímulos externos reducen la luz que solo se puede vislumbrar cuando existe un pensamiento flexivo y contemplativo. El silencio es una actitud que hemos de desarrollar igual que si fuera un musculo, que nos da la capacidad para transformar con más facilidad las energías que ha invocado el yo oscuro.

Otra forma de cultivar la luz es entrar en comunicación con otras personas en un espacio sagrado. En los grupos espirituales que se unen en el amor y la devoción__religiosos o de otro índole__, el campo del amor se amplia y eleva a todos sus miembros a una vibración más alta. Cuando estamos en una iglesia, sinagoga, reunión de los doce pasos o algún otro tipo de grupo de meditación, escuchar tu corazón es lo más natural. El yo de tu sombra parece muy lejano, ni se aprecia ni se activa. La tentación de entrar en tu sombra sigue estando presente y necesita que la superemos, pero una de las formas de reducir la sombra es uniéndote a otros en la búsqueda de la luz.

Cuando estamos con otras personas que dicen: <<Quiero escuchar mi corazón, necesito preguntar cuál sería la cosa más bella, quiero ser ética, quiero escuchar la voz de Dios>>, resulta más fácil vivir de ese modo. Como sucede con todos los hábitos, es más fácil cultivarlo cuando estamos con otros que hacen lo mismo. Al desarrollar la costumbre de una práctica espiritual, nos afirmamos en la luz de nuestro verdadero ser. Si no te afianzas de este modo, no te sorprendas cuando digas o hagas cosas de las que más tarde te arrepentirás.

En un día cualquiera de una persona normal y corriente, el número de pensamientos de la sombra que se genera es astronómico. Nos esmeramos, intentamos ser buenos, pero nuestro cerebro esta siempre activo y la tendencia hacia los pensamientos de miedo siempre está presente. Pero el iluminador también lo está. Y está autorizado por Dios para ofrecernos toda la ayuda que necesitamos.

Un día hablamos con mi terapeuta le dije que me sentía muy negativa. Que me despreciaba.
__¿Qué te pasa? __me pregunto.
__Me odio por ser tan negativa__respondí. Me daba cuenta de la ironía, pero no me hacía gracia. O quizás sí.
Me sugirió que probara algo.
__ entra en el flujo de la gratitud_-me dijo_-. Cuando tengas ese sentimiento negativo, empieza a mencionar todo aquello por  lo que puedes dar las gracias.

Esta técnica resulto ser muy poderosa. Llevaba horas con un ataque de negatividad, pero en cuanto empecé con el flujo de la gratitud, fue como si mi sombra desapareciera del camino. Se disolvió como un Bruja mala cuando Dorothy le hecho agua encima. Realmente,  fue el mismo fenómeno. La sombra ni siquiera es real. Solo lo parece. Y en cuanto se expone a la luz, la oscuridad desaparece. ¡El problema no solo era la presencia de mi negatividad, sino la ausencia de mi posibilidad! En cuanto llené mi mente de gratitud, la característica de odiarme a mí misma ya no podía seguir existiendo. En presencia del amor, el miedo se va.

No obstante, no desestimemos el poder de la sombra. No basta con meditar de vez en cuanto; hemos de hacer a  diario. Si eres un  adicto que te estas recuperando, no basta con que vayas a una reunión de tanto en tanto; has de ir todos los días.  No basta con perdonar a unas cuantas personas; hemos de hacer todo lo posible para  perdonarlas a todas, pero solo es real el amor. Si le retiro el amor a alguien, me lo retiro a mí mismo/a. No basta con amar cuando es fácil hacerlo; hemos de intentar expandir nuestra capacidad de amar incluso cuando cuesta.

Las sombras que hoy nos acechan, en nuestras propias circunstancias y en todo el planeta, nos exigen una gran dosis de iluminación sagrada, si queremos alejarlas. Todos y cada uno de nosotros podemos aportar luz con nuestro amor. Por supuesto, queremos a  nuestros hijos, pero no basta con limitarnos a querer  a nuestros hijos: hemos de aprender a amar a los niños del otro extremo de la ciudad y los del otro extremo del mundo. Es fácil querer a las personas que están de acuerdo con nosotros y que nos tratan bien.

Pero hemos de aprender a amar a aquellos con los que discrepamos y que no necesariamente nos tratan con justicia.  Igual que ejercitamos nuestros músculos, hemos de trabajar para expandir nuestra capacidad de amar. Solo una cosa puede triunfar sobre nuestro Yo inferior u oscuro, y es nuestro yo superior. Y el yo superior mora en amor supremo de todos: el amor de nuestro creador, donde no hay oscuridad, ni sufrimiento, ni miedo. Psicológicamente no es realista subestimar el poder de la sombra, pero es espiritualmente inmaduro subestimar el poder de Dios. La oración no es solo un símbolo: es una Fuerza. La meditación no solo nos relaja, sino que armonizas las energías del universo. El perdón no solo nos ayuda a sentirnos mejor, sino que literalmente transforma nuestro corazón, todos los poderes que emanan de Dios son  los poderes que nos liberan. Para la sombra, la luz es un enemigo. Pero, pata luz, la sombra no es nada. Sencillamente no existe.


 



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