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LOS DELIRIOS DE EROS. PDF Imprimir E-mail
Escrito por WALTER RISO   

EL DELIRIO CELOTÍPICO O LOS CELOS ENFERMIZOS
La característica posesiva de eros hace que muchos enamorados comiencen a desconfiar y a ejercer un control excesivo sobre su pareja. Una mujer recién casada con un hombre obsesivo y celoso me decía con angustia:

“No me deja hacer nada, tengo que estar reportándome a cada instante… Me cela con sus amigos, con los vecinos, me huele la ropa interior… Y ahora, quiere que coma mucho, ¡Quiere que me engorde para que me vea más fea porque me dice que así soy muy llamativa! El  síndrome de Otelo versión criolla.

Los celos son un estado emocional negativo provocado cuando alguien percibe que su relación amorosa se ve amenazada por una tercera persona, ya se real o imaginaria. Las reacciones afectivas que la conforman abarcan un amplio espectro: recelo, hostilidad, rechazo, ansiedad, dolor, depresión, y, claro está, disminución de la autoestima.

Aunque existen algunas diferencias culturales en la manera de sentir y expresar los celos, las reacciones fundamentales son bastante similares. La manera como piensa y actúa la gente celosa de Hungría, México, Holanda, Unión Soviética, Estados unidos y la antigua Yugoslavia es prácticamente idéntica. Por otro lado los hombres y las mujeres sufren de celos por razones diferentes:    los varones se preocupan más por la infidelidad sexual, mientras las mujeres lo hacen, es por la infidelidad emocional. Cuando los celos son totalmente infundados e imaginarios decimos que son delirantes. El manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DAM IV-TR) los define de la siguiente manera:

“Esta creencia aparece sin ningún motivo y se basa en creencias erróneas que se apoyan en pequeñas “pruebas” por ejemplo: ropa desarreglada o manchas en las sabanas, que son guardadas y utilizadas para justificar la idea delirante. El sujeto con esa idea delirante suele discutir con el conyugue o amante e intenta intervenir en la infidelidad imaginaria”.

Algunos piensan que un poco de celos mantiene la relación bien amarrada. Mi posición es contraria. Si tengo que asustar a mi pareja para que reaccione, es que algo anda mal. Hay maneras mas racionales y civilizadas de recordarle al otro que uno sigue allí. Una cosa es que la persona que tienes a tu lado sea atractiva y admirada por la gente (no es culpa de nadie y  hasta puede ser agradable que la alaben) y otra muy distinta que tu pareja  ande exhibiéndose descaradamente para hacerte “sufrir un poco” y así “descubras” lo valiosa y cotizada que es. Es la perdida anticipada como factor motivacional: “Te amo mucho más cuando pienso que voy a perderte”. Además de ser indigno para ambos, el método es bastante primitivo. Los celos son un arma de doble filo que es mejor no utilizar.

EL DELIRIO EROTOMANÍACO O IMAGINARSE AMORES QUE NO EXISTEN
En cierta ocasión, una psicóloga amiga me remitió un paciente porque el sujeto  había desarrollado una idea delirante sobre ella. El hombre pensaba que su terapeuta se había enamorado de él. Fundamentaba tal presunción en que la doctora le rebajaba el costo de las secciones y, según él, lo miraba de manera especial. De más está decir que ella era una mujer felizmente casada, recatada y seria y supremamente profesional.

En una cita, el paciente en cuestión escucho que ella hablaba con su marido para coordinar quien iría al colegio por sus hijas y creyó detectar en esa conversación un indicio claro de que el matrimonio de su psicóloga era poco menos que un desastre. Llego a la conclusión de que ella era víctima de un esposo cruel y que él debía salvarla. Comenzó a llamarla a la casa, a tratar de hacerse amigo de la secretaria para obtener información confidencial y a escribirle poesías de amor,  primero con seudónimo y luego con nombre propio.

Un día la espero en la puerta de la casa y le expreso la idea de rescatarla de su marido. Ella logro convérselo de que desistiera de su propósito y lo tomo de un brazo para alejarlo. Esto agudizó aún más los síntomas porque el hombre interpreto el contacto físico como una caricia encubierta, un mensaje que significaba: “todavía no. Espera un poco más”. Su percepción de la realidad estaba totalmente alterada.

En una entrevista, resumió así su sentir: “No creas que lo estoy inventando, yo sé cuándo una mujer me está seduciendo… por ejemplo, ella me atiende de faldas cortas y además los ojos le brillan cuando me ve… yo me doy cuenta… Después de la pelea que tuvo con su esposo por teléfono, ella cambio de lugar el portarretratos donde aparecía junto a él, lo puso mirando contra la pared, ¿no le parece extraño?... Voy ayudarla a que deje a ese hombre… Y después quien sabe… hasta podríamos estar juntos…”. En el trastorno erotomaníaco la idea delirante suele referirse a un amor romántico idealizado. El manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM IV-TR) los define de la siguiente manera:

“Por lo general la persona sobre quien recae el sentimiento de amor ocupa un estatus más elevado (por ejemplo una persona famosa o un superior en el trabajo), pero también puede ser un perfecto extraño”. Una joven con problemas de obesidad asistió a un concierto de un conocido cantante y juraba que el artista la miraba a ella y le hacía guiños a casi cien metros de distancia y rodeada de más de cinco mil fans. A partir de ese día comenzó una persecución implacable de su ídolo, a través de cartas y llamadas telefónicas. Incluso dijo estar embarazada de él. Solo pudo controlar el problema cuando pidió ayuda profesional.

A veces he pensado que el amor funciona por acumulación. La necesidad de amar puede ser tan grande en el ser humano que vamos “haciendo ganas” amontonado impulsos y cargándonos de energía afectiva hasta que un día no aguantamos más y estallamos con el primero que pase.  En amor, divina locura, una novela que escribí con la intención de rescatar el concepto griego del amor, eros dice lo siguiente:

“el amor no llega de la razón doctor – dijo eros—primero nos enamoramos y después preguntamos quien es él o ella. Voy a  explicarlo mejor. Nadie puede vivir sin amor, porque él es la fuerza que garantiza la unión de todo el cosmos. Si no amaramos, nos desintegraríamos  y no podríamos pertenecer a este todo orgánico que llamamos vida, de ahí viene el nombre de “alma en pena”, un corpúsculo solitario de vida sin poder realizarse en los demás.

Pero de todas maneras, aunque nos neguemos a amar, el amor se va acumulando en el ventrículo derecho del corazón (ése es el lugar donde se almacena cuando no lo queremos utilizar). Podemos reprimirlo, esconderlo, pero no eliminarlo. Ese potencial no desaparece, está ahí listo a desarrollarse. ¿y qué ocurre cuando lo guardamos mucho tiempo sin procesarlo, sublimarlo o transferirlo? Se sale de su cauce, se desborda, y cuando esto ocurre no tenemos más remedio que entregárselo al primero que pase.

¡Toma, te hago entrega de esta acumulación de afecto porque ya no sabía qué hacer con él! ¡Me enamoro de ti! Y ahí quedamos, entrampados. Esa es la razón por la cual a veces nos enamoramos de la persona que no es.



 



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