Suscribete a nuestro Boletín y recibe todas las novedades de nuestra página web.







Banner


Últimos comentarios

Online
Tenemos 412 invitados conectado(s)

Acceso a Universo VIVA


Banner

ENAMORAMIENTO Y ATRACCION ¿QUE NOS SEDUCE? PDF Imprimir E-mail
Escrito por WALTER RISO   

Los caminos que conducen al enamoramiento son innumerables. La historia personal, la edad, las correctas de vida, los gustos, los valores que aprendimos en fin, el  enamoramiento es multideterminado.No obstante su complejidad, hay algunos elementos que tomados en conjunto parecen aclarar un poco el panorama de porque alguien nos gusta. Veamos en detalle cada uno de ellos.

  BELLEZA Y PODER

 Una mujer bella y coqueta puede resultar tan peligrosa como un hombre de chequera abultada. Cuando un varón está acompañado por una mujer muy atractiva, aumenta su imagen social: dime con quién andas y te diré cuanto cotizas. En el caso inverso, la predicción no se cumple: la evaluación de la mujer depende exclusivamente de su atractivo personal: no me importa con quién andas, si eres bella, eres atractiva de todos modos.

Uno de mis pacientes reunía todas las debilidades típicas masculinas frente al sexo opuesto. Le gustaban las mujeres mucho más jóvenes (quince o veinte años menores), altas, delgadas y sinuosas, de pelo largo, y rostro aniñado. Su vida amorosa de reducía a una lista interminable de rechazos afectivos similar a la de un Don Juan en decadencia: “valgo por lo que consiga y no consigo nada”. Los varones adictos a la belleza femenina suelen terminar solos, mal casados o con un cumulo de separaciones en su haber.

La premisa más saludable para un hombre de aspiraciones estéticas exigentes es como sigue: “siempre habrá alguien mejor que tú, mas fascinante o más seductor, que pueda desplazarte o resultar más atractivo para tu conquista de turno. Las mujeres muy bellas cuentan con  un ejército de hombres a su alrededor dispuestos todos para atraerlas” no digo que haya que buscar una persona desagradable para enamorarse, pero una cosa es el buen gusto y la otra la adicción a la belleza. Las mujeres “normales” generan una especie de tranquilidad erótica en los hombres inseguros.

En casi todas las culturas, el rostro femenino de mayor atractivo es aquel de aspecto infantil, ojos grandes y separados, nariz y barbilla pequeña, sonrisa amplia y cejas altas. La búsqueda de este ideal de belleza funciona como una trampa para muchas mujeres, que tratando de ser hermosas terminan en verdaderos cuadros adictivos. Aun así, sin pretender desconocer la responsabilidad que los varones tenemos en esta carrera desenfrenada por alcanzar la perfección física, pienso que la mujeres se arreglan maquillan, peinan, visten más para las mujeres que para los hombres.

Veamos un ejemplo representativo de lo que afirmo. Se abre la puerta de un bar animado y entra una mujer, no importa la edad o si está acompañada. De inmediato, como  movidas por el resorte invisible, la mayoría de las allí presentes, sin el menor disimulo, dirigen su atención a la recién llegada. No es un simple reflejo de orientación, sino fisgoneo consciente e intencional. Entonces, en milésimas de segundos, comienza un escaneo sistemático de todas contra una: pelo (teñido o natural), frente, parpados, ojos (color, forma y tamaño), nariz (modificada, no modificada o mal modificada), papada, calidad de la piel, tamaño del busto, proporción cintura/cadera, cola (rematad, proyectada o tipo mandolina napolitana), piernas, marca y diseñador posible de la vestimenta, forma de caminar, número y profundidad de arrugas, entre otras.

Luego, hecha la evaluación, se termina la curiosidad y todo regresa a la normalidad: la recién llegada pasa a tomar parte de la legión de observadoras que volverán a su actividad cuando otra mujer atraviese el umbral. En una encuesta no formal que se realizó con ciento cincuenta mujeres que asistieron  a la consulta psicológica, se les pregunto para quienes se arreglaban cuando deberían asistir a un evento social.

La gran mayoría dio respuestas mixtas, sin embargo, reconocieron que de una manera u otra, las demás mujeres eran tenidas en cuenta durante el proceso de embellecimiento: “me arreglo para que ellas me envidien”, “me arreglo para mi pareja y además para que esas brujas no me critiquen” “Me arreglo para los hombres, pero sin olvidarme de ellas”. Solo a unas posas, generalmente las que tenían la autoestima elevada, les importo un rábano la opinión de las otra mujeres: “me adoro y me adorno… el que me embellece es mi ego… lo demás no interesa…”.

Los hombres también criticamos a las mujeres, pero somos más toscos y menos detallista a la hora de analizar los atributos femeninos. A los varones nos interesan más las protuberancias que las arrugas, más el color de la piel que la calidad y no distinguimos de manera tan eficiente lo artificial de lo natural.

Una de mis pacientes llevaba ocho cirugías estéticas tratando de mantener activo el deseo de  su marido. En una ocasión el hombre le dijo: “cada vez que se somete a una cirugía, me siento con una mujer nueva… el problemas es que después se acostumbró y ya no es lo mismo…” Es claro que la novedad no puede estar solamente en la reconstrucción anatómica. Eros es una combinación de varios atributos, en la que la atracción física es solo uno de ellos.

Basta con observar la cantidad de mujeres bellas y voluptuosas que han sido reemplazadas por otras no tan hermosas e incluso feas. Algo similar ocurre con muchos varones poderosos que fueron sustituidos por hombres comunes y corriente. El sex appeal que mantiene el deseo vivo requiere cierta picardía y encanto que no se obtiene con dinero o cirugías.

En general, las mujeres ofrecen belleza y buscan seguridad financiera, mientras los hombres ofrecen posiciones financieras y solicitan belleza. Por  más que las feministas hagan pataletas, y posiblemente con razón, para la mayoría de las señoras y señoritas, el varón exitoso, provoca. A las mujeres les gustan los hombres dominantes, inteligentes, ambiciosos, altos y fuertes, y si son “bonitos” mejor, mucho mejor. Prestigio, poder y posición: las tres P que ponen a temblar a más de una. Cuando escucho decir: ¿para que un jet privado, un Mercedes Benz descapotable, viajes por el mundo y una mansión, si no  hay amor?, mi respuesta suele ser: “No cabe duda… pero, si hubiera amor, ¿no sería recomendable aprovechar todo ese valor agregado?”.El dinero es  sexi aquí y en la china.

Y en cuanto a la belleza masculina, opino que la fealdad no es tan atractiva para las mujeres como se ha querido mitificar. El dicho que se asevera: “el hombre es como el oso, cuanto más feo más hermoso” debe haber sido un invento de los feos. Los hombres “lindos”, tipo Brad Pitt, producen tanto revuelo en las huestes femeninas como un terremoto, y ni que hablar del impacto que generan algunos “maduros guapos” como Sean Connery o Harrison Ford.

La sugerencia que le hice a mi paciente adicto  a la belleza femenina, la hago extensiva también a las mujeres: los hombres bellos y poderosos suelen tener un cortejo de admiradoras dispuestas a todo. Compartir con ellas, además de imposible es estresante, ya que siempre habrá alguna más bella, más joven e incluso más exitosa. Mejor un varón normal, ni tan alto, ni tan opulento, uno que se acurruque en tu regazo de vez en cuando, que te pida consejo, que te haga sentir la mujer más hermosa y extraordinaria del mundo, aunque no lo seas (¿Qué importa la objetividad, si nos sentimos amados?). Mejor un hombre que pase desapercibido para la competencia: más calma y menos mala sangre.

LA PERSONALIDAD SEDUCTORA

Un hombre bien parecido o una mujer con un cuerpo escultural pueden perder todo su encanto con solo abrir la boca. Aun así eros no decae necesariamente ante la estupidez. Si la intención es tener sexo puro, aunque el cociente intelectual de la candidata o el candidato este próximo al retardo leve, nos aventuramos al “sacrificio”: “No lo quiero para jugar ajedrez, ni para casarme, ni para hablar de filosofía, lo quiero para llevarlo a la cama… ¿queda claro?, me replicaba una mujer cercana a los cuarenta años encaprichada con un hombre de  veintisiete.

El caso inverso también puede darse: persona no muy atractiva físicamente pero que debido a un buen repertorio sexual/seductor puede llegar a inquietarnos positivamente. Una mujer con un pantalón ajustado, bien puesto y bien llevado, puede producir delirio colectivo entre los varones, así su cuerpo no sea perfecto, mientras que el mismo atuendo de una mujer mucho más hermosa, pero sin garbo, no consigue otra cosa que despertar el natural reflejo de orientación masculino. Un hombre bien vestido puede tener una forma de caminar tosca que le que le quite atractivo, mientras que otro puede mostrar un porte aristocrático que lo hace parecer interesante y hasta seductor, aunque no lleve puesta ropa de marca. Como manejamos el cuerpo, como lo movemos, como nos insinuamos, que decimos y como lo decimos es fundamental  para que eros entre en acción.

Una mujer exhibicionista y además simpática puede “enamorar” a más de un hombre. De manera similar, un hombre que logre mezclar la pinta de Ton Cruise con la soltura poética de Cyrano de Bergerac, podría hacer desastre entre las señoras de corazón sensible. No olvidemos que para la mayoría de las mujeres el tono romántico y las palabras amorosas pueden producir tanto o más efecto que la apariencia física, no así en los hombres, quienes somos definitivamente más visuales que auditivos.

Recuerdo el caso de una paciente que era incapaz de tener fantasías eróticas. Cada vez que le sugeríamos alguna visualización de imágenes sexuales, automáticamente las “contaminaba” de efecto. Si le pedíamos por ejemplo  que se imaginara estando desnuda con su marido en una playa, ella organizaba el argumento de tal forma que se veía a si misma caminando abrazada a él y recostada en su hombro. Cuando se le insinuaba que pensara en una posición sexual especifica que le genera placer, no podía hacerlo sin representarse una escena romántica en la cual su esposo, en pleno acto, la miraba en a los ojos con ternura y le prometía amor eterno.

¿IGUALES O DISTINTOS?

En ocasiones eros necesita un toque de misterio o de incertidumbre para funcionar bien. Al menos la aventura, el riesgo lo desconocido y el reto pueden obrar como un factor estimulante en muchas personas. En una investigación se invitó a un grupo de mujeres a que inhalaran el aroma de unas camisas empapadas con  sudor masculino y luego se les pidió que escogieran la camiseta que consideraban más sensuales. La mayoría de las participantes eligió las prendas de los individuos que tenían un sistema inmunológico distinto al de ellas.

Cuando de eros se trata en la diferencia está el placer. Una mujer felizmente casada desde hacía acho años, madre de dos hijos y absolutamente fiel, tropezó en una caballeriza con un joven instructor de equitación que nunca había visto antes. A partir de ese momento, sin medir palabra, el desconocido se le convirtió en una obsesión. Su descripción fue la siguiente: “Quede cara a cara con el… no comprendo que fue lo que paso, es imposible explicarlo con palabras… Fue un baldado de agua fría… Quede entre fascinada y petrificada, clavada en el piso, boquiabierta, como si hubiera visto un fantasma… Él me saludo y yo le conteste… el hombre no es atractivo, es poco refinado y nada de culto… A mí siempre me habían gustado los hombres impecables y los ejecutivos de corbata, así que no me explico… Desde ese día no puedo dejar de pensar en el…”.

En realidad, la ciencia no tiene respuestas claras para explicar la atracción sexual imprevista y aparentemente ilógica. ¿Elección inmunológica, recuerdos inconscientes, un mecanismo de transferencia no detectado, necesidad insatisfecha, ganas de amar o simplemente naturaleza? En el caso de la caballeriza hubo un click “inexplicable” que movilizo de manera vigorosa el deseo de mi paciente.

Nunca sabremos con exactitud que ocurrió. Seis meses después, el embeleco había pasado totalmente. Eros transciende lo cognitivo,  lo razonable, los “debería” y muchas veces nos pone en situaciones que no logramos comprender. Podemos enamorarnos de nuestros peores enemigos (la historia está llena de ejemplos) y desear de manera irracional a quien nos hace daño (los consultorios psicológicos están repleto de pacientes con adicción afectiva). ¿Amar al verdugo?: difícil de comprender, como cualquier otra perversión pero existe.
 



Añadir esta página a tus sitios web favoritos Social Bookmarking
 
 
Cargando...



Banner