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DE CUANTAS COSAS NOS SENTIMOS CAPACES POR AMOR PDF Imprimir E-mail
Escrito por MARIA CECILIA BETANCUR   

En incontables ocasiones, escuchamos la expresión “Lo que yo haría por ti, si me amaras…” y, en verdad ¡cuántas cosas hemos hecho por amor a otra persona! Cuando estamos enamorados, la imaginación no tiene límites a la hora de complacer, de sorprender, de agradar al ser amado, más allá del deseo y el interés personal; no importa el esfuerzo, ni el sacrificio que haya que hacer, en ello mismo está el placer de amar.

 Si la otra persona esta triste, nosotros nos encargamos de hacerla sonreír; si está enferma que se sane; si esta abatida, de elevar su ánimo; si viene derrotada de una batalla, ahí estamos para curar sus heridas. Si está contenta podemos duplicar su dicha; si está orgullosa de sí misma, somos el espejo que puede agrandar su imagen y ponderar su belleza, sin condiciones, para que se hagan realidad.

Todo lo bueno que somos y que podemos ser es ofrendado con tal de hacer feliz a la otra persona y de sentirse feliz, según el llamado a gritos del corazón enamorado. Toda esa riqueza, real o virtual, que ponemos a disposición de la persona amada, no es consciente, ni es firme, ni es eficaz, si no es una extensión de sí  mismo.

En otras palabras, no puedes dar lo que no tienes; no puedes recomendar lo que no conoces; no puede convencer acerca de lo que no crees; no puedes enseñar lo que no has aprendido; no puede explicar lo que no entiendes. ¿Qué clase amor puedes ofrecer a la otra persona, si contigo nunca has sido generoso? ¿Cómo puedes estimular su autoestima, si  no tienes idea de la importancia que tú mismo tienes? ¿Puedes acaso hacer sonreír a alguien cuando tu rostro muestra siempre un gesto desdeñoso y aburrido, si tu sentido del humor es nulo? ¿Cómo podrías hacer que se sintiera segura, cuando tus propios miedos te inhiben y te atormentan? ¿Cómo perdonarle sus errores si no sabes perdonar los tuyos? ¿Acaso puedes tratarla con respeto cuando tú mismo te maltratas? Y así podríamos seguir indefinidamente.

Abundan las personas que ocupadas en asuntos externos, sin asomarse siquiera a su paisaje interior. Movidas por el placer y la necesidad de sentirse reconocidas por lo que tienen o por lo que hacen, pero nunca por lo que son, sostiene fatigosas faenas, siempre con la angustia de conseguir o no llegara a perder el  aprecio de los demás. Entre tanto, desaprovechan la posibilidad de recrearse en una interioridad que habla por sí sola con toda la magnificencia que por fuera no se puede hallar.

El conocimiento objetivo y actualizado de las propias fuerzas personales, junto con la valoración y el aprecio que les corresponde, debe llevar a la capacidad de disfrutar al máximo de sí mismo: experimentar la delicia de sentirse atrapado por la trama  o el contenido de un libro, dejarse conmover por una expresión de belleza o de ternura, dar rienda suelta al creativo que todos llevamos dentro, observar las propias reacciones en  diversas circunstancias, decir “!Bien por mi¡” ante un acierto importante, prepara un plan divertido para uno como invitado especial, decir “Voy a recompensarme por…”. Ser amoroso consigo mismo es procurar el bien para sí, no por capricho, ni por antojo, sino por merecimiento. 

Hay muchas formas de cómo puedes ser deferente contigo  mismo; tantas, como maneras hay de expresar amor a una persona especial para ti, cuya campaña no quieres perder por nada del mundo. Observa a otras personas dignas de tu admiración y fíjate en cómo se tratan así mismas; en ellas encontraras muchos ejemplos de amor propio. Además, para que tengas una guía práctica, te propongo que examines tu vida y la mejores a la luz de los siguientes lineamientos; todos corresponden a actitudes propias de la gente que se estima, conscientes de sus méritos. Anotas los que te hacen falta y trabaja en ellos para que hagan parte de tu manera de ser.

ELIGE COMO PAREJA A UNA PERSONA QUE LE APORTE A TU VIDA
Nunca te involucres con personas que absorban tu energía: que te quitan ganas, fuerzas, ilusiones, paz alegría, estabilidad, confianza. Esas a quienes les das mucho y te devuelven poco, que demandan tu atención constante, te cierran los espacios y siempre tienen una propuesta para ti: entremos en conflicto.

Aunque sean lindas y en muchos aspectos encantadoras, tan pronto como tengas la primera señal, aléjate de las personas celosas, agresivas, impredecibles, rencorosas, inexpresivas, compulsivas auto  disminuidas, apáticas y  negativas, entre otras. Mientras más tiempo transcurra  en compañía de alguien con una o varias de estas características, más difícil te  resultara dejarlo. Sin darte cuenta, a medida que te enamoras, o te apegas, te vas metiendo en un berenjenal del que te parece imposible escapar.

Únete a una persona que te dé, te enseñe, te impulse, te estimule y te cuide, tanto como tú a ella; sin que anule tus capacidades, sin que asuma tus responsabilidades, sin que llene tus vacíos y sin que pretenda sustituirte en la tarea diaria de hacer de ti mismo un mejor ser humano. Recuerda: una relación afectiva que te quita siguiera un porcentaje mínimo de la paz, la expresión y el placer que tenías antes de conocer a tu pareja es una relación malsana; en cambio, una relación que te agrega un valor significativo a tu capital humano es saludable y puede llegar a ser un proyecto de vida muy gratificante.

Si fuera tu caso haberte unido a una persona inapropiada, con la cual vives una relación reductora, entonces, es el momento de empezar a plantearte cómo vas a hacer para resolver de una vez por todas los problemas y edificar con tu pareja una relación provechosa; dado que hayas hecho todo lo posible, sin resultados, piensa como vas a deshacer el nudo que hay entre ustedes. Puedes valerte de lecturas, autoanálisis, consultas con especialistas u otros recursos. Lo que no te conviene es quedarte donde estas, inmóvil viendo pasar triste o conflictivamente tu vida; ahora que estas convencido de que te debes amor a ti mismo, por encima de cualquier circunstancia.

 
 



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